LA INNOVACIÓN TECNOLÓGICA QUE AYUDA


“Te genera eso de que todo valió la pena”, dice contenta y cansada Micaela Bacher, una de las organizadoras de TOM Buenos Aires, una vez finalizado el evento. Estuvo tres meses siguiendo los proyectos con los creadores y estuvo 72 horas a cargo de que todo el evento saliera bien. Junto con Mariano Utin es la responsable de haber traído en septiembre este fenómeno que mezcla la tecnología y la innovación para mejorar un aspecto de la vida cotidiana de personas con discapacidades. Una vez terminado el evento está contenta con la respuesta y ya está organizando la edición para el año que viene.

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Creada en Israel hace tres años, TOM es una organización que ya ha realizado ediciones en siete países alrededor del mundo. El objetivo es resolver con inventos tecnológicos problemas que personas con discapacidad enfrentan todos los días. A pesar de ser un evento de innovación y tecnología, no solo se postulan ingenieros y programadores. Todo lo contrario, se puede postular cualquier persona. Hay desde los ya mencionados ingenieros y programadores hasta diseñadores, administradores de empresas, psicólogos, filósofos y músicos, entre otros oficios. Cada uno puede aportar una visión distinta y más específica al proyecto, ya que pueden ser muy diversos entre sí.
La dinámica del evento es el siguiente: los organizadores evalúan el desafío presentado por la persona con discapacidad y eligen de entre los 100 postulados a los profesionales que sean más compatibles. Una vez en grupo de entre siete y ocho personas se juntan los makers (creadores) y los need knowers (conocedores de la necesidad) para discutir cómo llevar a cabo el proyecto. Durante dos meses debaten y discuten para encontrar la versión del invento que sea más práctica para la resolución del problema. El 23, 24 y 25 de septiembre, tuvo lugar la make-a-thon (maratón de creación) en el que debían concretar esa idea en algo real para ser probado y llevado a la casa del need knower.

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Los siete proyectos de la edición incluyeron un exoesqueleto para generar más movilidad en los brazos, un dispositivo que ayuda a personas con visión reducida a cruzar la calle mediante fotos, un dispositivo que provee la capacidad de ir al baño solo a alguien con problemas espinales, un sostén que se acopla a un andador para permitir a una nena con parálisis cerebral a caminar parada, un asiento antiescaras para la silla de ruedas, un brazo mecánico para complementar la movilidad y un accesorio que permite a personas con falta de presión en las manos a poder agarrar cubiertos o lapiceras sin la ayuda de nadie. Es un objetivo de TOM que todos los inventos se suban a la red para que cualquier persona con el mismo problema pueda bajar los planos y resolverlo sin tener que pagar patente a nadie.
A pesar de que ya trabajaron dos días sin parar, el tercer y último día del make-a-thon, los equipos estaban con ojeras y cansados pero trabajando y con una sonrisa ya que conocían la razón de lo que la estaban haciendo. Aún así compartían la ansiedad de terminar su invento antes de que termine el día. “El sábado los tuvimos que echar para que se fueran a su casa a dormir”, recuerda Bacher, que entiende las ganas de terminar los proyectos al final del evento. Digital House, la escuela de programación donde se realizó el evento, se transformó en un organismo propio. Telas, maderas, plásticos y mochilas por el piso demuestran que no hay tiempo para limpiar, solo crear. Docenas de computadoras distribuidas en siete mesas, impresoras 3D, sierras eléctricas y otras herramientas plagaban el salón y dan fe de cómo la tecnología puede cambiar vidas.
“Trabajás de nueve a nueve, pero si te gusta, lo hacés”, confiesa Tomás Mazur, estudiante de ingeniería electrónica. Gracias a su trabajo previo con gente ciega, estaba desarrollando el U-GUIDE, un dispositivo que saca fotos a ambos lados de la calle y avisa al usuario si puede cruzar la calle. “Al principio parece una responsabilidad pero termina siendo un hobbie”, dice y admite que está muy interesado en seguir el proyecto y mejorarlo una vez terminado el evento. Si bien el cansancio es abrumador, se sentía bien de no solo ayudar, sino también, trabajar con Daniela, su need knower.

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Daniela Onorato, la beneficiada con el dispositivo U-GUIDE, sufre maculopatía bilateral cicatrizal, una enfermedad que le reduce la vista y no la deja cruzar la calle, su desafío a resolver. Su motivación era sentirse segura confiada e independiente, para poder caminar de su casa al trabajo todos los días. Pero lo que la convenció de participar de TOM fue formar parte del equipo. “Trabajamos en equipo, no sos la pobrecita y te tratan de igual a igual”, cuenta orgullosa. Ella no podría esperar a un costado sin hacer nada mientras el equipo trabaja: “Me cuesta esperar que las cosas vengan solas”. Está muy contenta de que como todos los inventos de TOM sean de código abierto y pueda ayudar a otras personas con el mismo problema.
TenazAyuda, otro de los inventos, hace evidente el verdadero objetivo de TOM, que no son los problemas grandes, sino los cotidianos. Este en particular es un brazo que sirve para que personas con movilidad reducida en los cuatro miembros, puedan llamar el ascensor, sacarse fotos, peinarse, agarrar el mate y realizar actividades que les den una mayor autonomía. Este dispositivo se monta en una silla de ruedas y es manejado por medio de un control, así proveerle más independencia al usuario.
“No me molestaba tanto no poder caminar, pero sí el hecho de no poder usar los brazos”, confiesa Belén Ruiz, que tiene 29 años y sufre artrogriposis múltiple grave que le afecta a los cuatro miembros. Esto no le impidió desenvolverse en la vida, tiene trabajo, es deportista paralímpica y forma parte de la Selección Argentina de Boccia. Aún así, le contó a su equipo que quiere poder peinarse, tomar mate y hacer otras tareas cotidianas ella misma. Por eso junto con ella crearon TenazAyuda. Admira el trabajo que hizo su equipo y admira la inteligencia con la que se desenvuelve cada uno para sus tareas específicas. Esperaba el invento con mucha expectativa pero con cautela quiere ver el funcionamiento en el día a día.
Tikkun Olam Makers (TOM), se traduce del hebreo como los creadores que buscan mejorar el mundo. Con el éxito de la primera edición y repletos de auspiciantes, es un evento que promete una segunda entrega más grande, con más apoyo, más participantes y postulantes. Al tener la suerte de ser todos voluntarios no se pierde la visión de la organización. Así, produciendo un invento para siete personas, se puede ayudar a 70 alrededor del mundo e incluso más.

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