MÁS ALLÁ DE UNA HUELLA


La empresa social de carpintería La Huella, que nació hace 12 años a partir del impulso de un grupo de personas internadas en el Hospital Borda, hoy es más que un proyecto de trabajo cooperativo y de desmanicomialización.

Por Victoria Farag 

Cuando dos usuarixs del hospital Borda comentaron al pasar hace más de diez años que unx era ebanista y otrx carpintero, no sabían que estaban dando el primer aliento a un verdadero proyecto de trabajo y un proceso de externación.

Como no había lugar, tomaron el único espacio que les permitieron ocupar: un pasillo. Allí comenzaron a lijar, cortar y martillar toda la madera que el hospital tiraba.

El psicólogo social Federico Bejarano recuerda que los objetos que fabricaban y los muebles que restauraban eran productos con mucho diseño. Obras en madera que versaban entre la carpintería y el arte, si pueden considerarse por separado.

De a poco, otrxs usuarixs quisieron sumarse. Y debido a la dimensión y el tamaño que el emprendimiento tomó fue necesario hallar otro espacio. Ese proceso fue más difícil de lo esperado. Como la institución siempre argumentó que la iniciativa no se enmarcaba ni pertenecía a ningún de sus talleres de reinserción, no se esforzó en otorgarles un lugar en sus instalaciones.

Por suerte, con la solidaridad de otrxs compañerxs consiguieron una sala y pudieron trabajar más cómodos durante un tiempo. La cooperativa La Huella se formó al calor de ese fuego. A pesar de todos los impedimentos y de todos los obstáculos. Desde el año pasado, por ejemplo, las autoridades del Borda les niegan el acceso al lugar. Aún en este contexto, y de la pandemia del Covid-19, sus socixs demostraron su potencia.

Durante los meses que se extendió el Aislamiento, Social y Preventivo dispuesto por el Gobierno fabricaron y vendieron alrededor de 700 atriles para apoyar los celulares, y lograron producir servicios de restauración afuera del hospital. 

”En la cooperativa (que en octubre cumplió 12 años) trabajamos con desechos”, describe Federico Bejarano, coordinador de la huella. Para la construcción de los atriles, en la actualidad, usan dos tipos de madera. Una proveniente de pallets que les brindan las cooperativas gráficas, y otra de cajones de verdura que unx de lxs socixs se encarga de pasar a buscar por los locales. Luego los desarma, prepara y lija.

Otrxs tres cortan y arman los atriles. Otrxs tres los pintan y otrxs realizan el empaque. Cada unx lo hace desde su casa. 

De acuerdo a la Ley Nacional de Salud Mental (Ley 26.657/2010), en 2020, se cumple el plazo para que los hospitales psiquiátricos se cierren. La “desmanicomialización”, como le llaman, consiste en la desintegración de estas instituciones que, por ejercer el encierro ante problemáticas de salud mental, promueven la cronificación y la institucionalización. Esto, según los especialistas, se debe al corte que ejercen sobre los lazos afectivos, sociales, laborales y económicos que la persona tenía antes de la internación. Después del encierro, estos lazos son difíciles de reconstruir. Esto se debe a la ajenidad con la que el manicomio irrumpe en el orden de casi todas las áreas de la vida.

Una de las alarmas que encendió el primer censo nacional en salud mental, realizado en 2019, es que existen alrededor de 12.000 personas internadas por motivos de salud mental. Otro es que el promedio de esa estadía es de aproximadamente 8 años. 

La norma establece que el Estado debe implementar políticas de inclusión social y laboral para estas personas, entre las que se incluyen, por ejemplo, las cooperativas de trabajo, tal como lo deja asentado expresamente su artículo 11. Sin embargo, los hospitales psiquiátricos siguen vigentes y el Estado no promueve iniciativas de inclusión fidedignas tal como indica la ley.

El proceso de La Huella para convertirse en una empresa social no fue sin angustia. Pero esa tensión, según explicó Bejarano en una charla con Eter Digital, “es lo contrario al hospitalismo, que es que todo siga igual para que nada cambie. Este estrés implica estar del lado de la vida también”.

A medida que crecían se daban cuenta que su reconocimiento estaba en otro lado. El coordinador enfatizó: “Mi partido está en La Huella. Todos los días estoy junto a las personas que trabajan, juego por los 8.000 seguidores en Facebook, por las 4 Universidades que están asociadas a nuestra empresa social, por la Federación de cooperativas que nos apoya”. Integran FEDECABA (Federación de Cooperativas Autogestionadas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), un organismo que nuclea a 45 cooperativas que representan una red de reconocimiento y mediante la que obtienen apoyo en el mundo cooperativo.

El 7 de octubre pasado Bejarano presentó un libro junto a Alberto Vázquez titulado Emprendimientos Sociolaborales en Salud Mental. En él intenta dar cuenta de que la estrategia de una empresa social de este tipo debe ser “establecer el acceso al derecho al mundo del trabajo”. “Pero no cualquier trabajo, sino uno autogestionado, propulsor inseparable de la dignidad para el trabajador”, resaltó el autor.

Desde los bordes del organigrama de una institución cerrada que no lxs reconoce, a la orilla sur de la ciudad y a la vera de una sociedad en plena pandemia, un proyecto de inclusión socio-laboral en salud mental genera comunidad, construye la dignidad del trabajador y muestra que el sueño del fin del manicomio podría ser real.  

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