“El amor propio es una cuestión de meritocracia”

Cómo se planta el activismo gordo como respuesta al gordo odio, en una entrevista con Samanta Alonso.

Por Dolly González

“Terminé yendo al programa de Cormillot a los 16 porque yo también pensaba que la solución a todos mis problemas era adelgazar, es lo que te venden: la idea de la nueva vida y de una nueva vida siendo feliz porque eres flaca”.

Samanta Alonso es modelo plus size, directora de la agencia de modelaje Plus Dolls, trabajadora social, activista de la diversidad corporal, integra la ONG AnyBody Argentina desde el 2016 y cuenta con más de 23000 seguidores en su cuenta de Instragam donde se reconoce como comunicadora feminista y activista gorda. Desde 2013 empezó a posar como modelo para amigas o asistía como bailarina y dj para fiestas privadas de Chocolate Remix, un grupo de reggaetón lésbico. Las mujeres que la veían le hacían comentarios positivos sobre cómo se sentían identificada con ella y lo emocionadas que estaban al verla bailar y estar sobre un escenario, cuando lo normal era ver solo modelos delgadas: “Eran pibas sub 35, diciendo que no podían creer de verme ahí, las había interpelado, la mayoría eran madres, su cuerpo les cambió y sufrían un montón. Fue el momento crack en el que dije, listo, yo tengo que hacer algo con esto”.

Alonso actualmente se reconoce como Gorda, sin eufemismos. La palabra Gorda la asume como identidad política desde el 2016, cuando decidió ser activista al notar que había parte de un sector oprimido de la sociedad que necesitaba una voz más visible, ya que “las pocas voces que habían estaban más ligadas a la cuestión académica y no había una lucha más del tipo divulgación”.

Militancia y teoría

El activismo gordo es una teoría política que tiene como objetivo visibilizar los cuerpos gordos y naturalizarlos frente a una sociedad que solo acepta cánones de belleza hegemónicos y que promueve la búsqueda de la delgadez como sinónimo de salud y belleza.

Para Alonso el origen teórico del activismo gordo justifica la transformación de ideas y paradigmas, pero se cuestiona: “¿Para quién hacemos activismo? ¿Hacemos activismo para todes? ¿O hacemos activismo para los tres gordes  académicos de UBA? La militancia es en el campo de lo nacional y popular. Hay una necesidad y hay que empezar a ocupar espacios de visibilización”.

Reafirma que la militancia se hace desde la movilización y la transformación del enojo, identificando al sujeto político oprimido y reconociendo que en la sociedad hay una discriminación a erradicar: “Existe una cuestión gordo-odiante, que me hace enojar porque soy así, pero después el enojo hay de ponerlo en palabras, hacer un análisis de por qué pasan estas cosas, por qué lo seguimos permitiendo, qué solución podemos pensar a nivel colectivo y qué se le reclama al Estado. Siempre hay que hacer hincapié en a quien queremos hacerle llegar la información, porque esto es una cuestión política. Una piba que piensa que es su culpa ser gorda y que la hagan sentir mal por eso, le decís: ´Che, mirá. No es tu culpa, es un sistema´. A esa piba uno le está dando una información que le está cambiando un paradigma”.

La moda y el activismo Gordo

Para Alonso, el modelaje, la dirección de la escuela de modelaje y su marca de indumentaria deportiva Kalista Sport, hacen parte de su militancia diaria y va de la mano con la búsqueda de la representatividad que es uno de los pilares del activismo de la diversidad corporal. “Es muy importante el modelaje plus size porque, primero, como sujeta podemos vernos representadas en todos lados y decir, mirá: ´Yo puedo ser modelo, o yo puedo ponerme ese pantalón´. Y segundo como consumidoras en algo tan simple como saber de qué manera me va quedar ese pantalón a mí. ¿Me va a quedar igual que a la piba flaca? Seguramente no”.

El 65% de los argentinos y argentinas tienen problemas para encontrar ropa de su talle según un estudio realizado por AnyBody Argentina, ONG en la que milita Alonso. Los productores textiles y empresarios de la moda no producen  una variedad de productos más cercana a las necesidades de los consumidores. “Es una decisión política”, subraya Alonso. “No quieren vestir gordas. No les interesa porque está vinculado con algo malo y a mí un montón de gente me ha dicho: ´Todo bien con la gordura pero yo no quiero vestir gordas´, o ´Yo no quiero promocionar que tengo talles porque estoy relacionando mi marca con algo que socialmente está visto como malo, entonces no lo hago´”.

Actualmente las campañas publicitarias de ropa tienen una gran trascendencia en las redes sociales: Twitter e Instagram son las redes más usadas para este fin. El modelaje Plus Size y el activismo gordo se han ido consolidando y haciéndose cada vez más masivos por la divulgación que hacen a través de las redes militantes, influencers y personajes de interés público.

Alonso afirma con preocupación que hay censura al mostrar los cuerpos gordes en redes sociales, especialmente en Instagram: “Aunque Instagram lo niegue, la verdad es que nosotras vemos pibas flacas, hegemónicas con fotos que rozan lo pornográfico y no pasa nada y a nosotres nos bajan por mostrarnos en ropa interior, en una foto que efectivamente no roza la pornografía y que son muy tranquilas. Por modelar una bikini”.

 La trampa del amor propio

Simultáneamente a la censura en las redes aparecen nuevos discursos de odio o reinterpretación de los mismos, en una especie de resistencia del status quo frente a las reivindicaciones de la militancia gorda, creando o revalorizando así lemas o slogans como el del amor propio que se convierten en conceptos totalizantes y que se usan para el marketing, o hacen que las personas se vean expuestas a una doble trampa.

Alonso agrega: “El tema del amor propio es una cuestión de meritocracia  neoliberal. Yo lo viví en carne propia, mi mamá siempre me decía: ´Si vos no te querés, quién te va a querer. Vos te tenés que querer primero´. Y mi respuesta en ese momento era: ¡uy claro! Pero, mi pregunta ahora es: ¿cómo construimos ese amor propio? En un mundo que es violento contra las mujeres, donde matan a una mujer cada 28 horas, en un mundo donde la justicia es patriarcal, donde la gordura es vista como una enfermedad. Explíquenme cuál es el manual y si alguien lo tiene que me lo de y lo aplaudo. Porque es imposible. Primero como mujer y segundo como disidencia corporal, cómo hacemos para querernos en un mundo donde nos violentan y nos pone en ridículo por nuestro peso todo el tiempo, que nos margina en cuanto a la ropa y con un montón de cuestiones más. Que alguien me explique cómo nos vamos a querer, cómo construir ese amor propio, que se convierte en un mandato más, encima de que soy mujer, en lo posible blanca, en lo posible delgada y responder a un montón de estereotipos más, encima de todo me tengo que querer, ¿es culpa mía entonces si no me quieren porque no me puedo querer? ¡Dale, algo más querés!”.

El no encontrar ropa puede afectar la autoestima e incluso la salud mental de las personas, es por esto que desde la militancia gorda uno de los puntos más relevantes y con más vigencia en la agenda política es la reglamentación y la implementación de la Ley de Talles aprobada en noviembre de 2019, que tuvo más de 8 años de militancia por parte de las organizaciones sociales.

Alonso recuerda: “Al principio nosotras no estábamos tan de acuerdo con algunas cosas, pero había que negociar porque, si no, no iba a salir nunca. Me parece que esta resistencia a ser aprobada la ley también habla de una política de no querer incluirnos persiste por la idea de que la obesidad y la gordura está caracterizada siempre como una enfermedad y no lo es”.

Y concluye: “Dicen que la Ley de Talles promueve entre comillas la obesidad y yo siempre les hago el mismo planteo: vamos a suponer entonces que les gordes somos personas enfermas, entonces ¿por ser una persona enferma no tengo derecho a vestirme como quiero?, ¿no tengo derecho a tener una vida plena?, ¿no tengo derecho a ser? Porque estoy siendo desobediente con este sistema capitalista y patriarcal de alguna forma, el que no haya ropa, ¿es un castigo? Me parece una locura, porque lo que nos están diciendo indirectamente es que nos están vulnerando los derechos de poder existir, elegir y consumir. De ser”.