Surgida de una familia formada íntegramente por deportistas, Celina Saubidet Birkner sueña con ganar una medalla en la prueba de windsurf de los Juegos Olímpicos de la Juventud.

Por Fernando Galeazzi

Celina Saubidet Birkner, que el 3 de abril de éste año cumplió 18, es oriunda de San Isidro y fue seleccionada para formar parte del equipo argentino juvenil de Windsurf que va a participar en los juegos.

Viene de lograr su mejor participación en un torneo internacional. Un tercer puesto que obtuvo en el campeonato Europeo que se organizó en abril en la ciudad de Mondello, Italia. Celina participó en la categoría T293 Plus. También compitió en el Sudamericano que se realizó en Perú entre febrero y marzo de 2018 y alcanzó el primer lugar. En el mundial de este año, en Letonia, llegó en sexto lugar.

Su padre, Raúl Saubidet, fue múltiple campeón mundial en la clase Cadet de este deporte. La primera vez fue junto a su hermano en 1981. Además de ser su papá, es su entrenador. “Nunca estuvo muy enganchada, es como que le hinchaba las pelotas”, cuenta Raúl sobre como fue el principio del amor que su hija siente por la náutica. Además de cumplir el rol de entrenador es el dueño de Perú Beach, balneario situado en Acassuso; partido de San Isidro, en el cual se realizó el Sudamericano en el 2017 y que Celina obtuvo el segundo puesto.

Antes que se le despertara la pasión por los deportes náuticos, sus hermanos Bautista y Francisco, ya competían en esta actividad. Toda su vida vivió en una casa frente al rio, veía gente navegar. “Al principio acompañaba a mis hermanos a los campeonatos y regatas junto a mi papá, pero me dormía en el bote”, cuenta Celina. A los once años, se despertó un día diciéndole a su papá: “Quiero que me enseñes a navegar, pero quiero que seas vos”. El haber visto tanto a sus hermanos le estimuló las ganas, hasta le parecía divertido y amaba el agua. Cuando empezó a navegar ya había visto toda la parte técnica, con lo cual ya estaba bastante avanzada.

La historia comienza mucho más atrás. Ana Señorans, su tía abuela, fue campeona sudamericana en saltos ornamentales. Magdalena Birkner, madre de Celina, fue esquiadora alpina y participó en los juegos olímpicos de invierno de Sarajevo (Yugoslavia) en 1984 y en los que se realizaron en Calgary (Canadá) en 1988. Su hermano mayor, Bautista de 22 años, participó en los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud en Singapur 2010, es campeón sudamericano y logró la clasificación a los Juegos Panamericanos de LIMA 2019. También formó parte de la flota que participó en los Juegos Olímpicos de Rio 2016. Por otra parte, Francisco que tiene 19 años, obtuvo la única medalla de oro que trajo el deporte argentino de los Juegos Olímpicos de la Juventud en Nanjing 2014 en la Techno 293. Su tío, Miguel fue campeón mundial en Cadet y ahora es entrenador de Klaus y Yago Lange, hijos de Santiago Lange (medalla de oro en Río 2016) y Silvina Saubidet. Era imposible que Celina teniendo estas generaciones que hicieron historia, no lo lleve en la sangre.

Pero una de las cosas más difíciles que tuvo que afrontar fuera del deporte, además de la propia frustración que tuvo en 2015 por no poder clasificar para los juegos de Rio 2016, fue el hecho de tener que terminar el secundario a distancia. “Celi es muy grande para la edad que tiene, es una persona muy madura y quería correr”, cuenta Raúl. Ella tomó la decisión de hacer los últimos tres años de la escuela secundaria por internet. “Yo sabía que no iba a ser fácil hacer esta modalidad porque era algo muy diferente al colegio normal”, expresa. Cuando terminó la competencia para Río, Raúl le propuso que vuelva al colegio, a lo que ella le respondió: “Me aburro en la escuela, la verdad es que con mis amigas ya no es lo mismo”. Celina venia de estar un año entero con chicas más grandes, gente de entre 25 y 30 años y creció un montón de golpe. Su padre cuenta: “Ya sus amigas no son tan amigas porque hasta que no se iguale la experiencia y la vida misma, no va a ser igual y ella se siente afuera, como a destiempo”. Con mucha organización, con empeño y dedicación le resulto más fácil de lo que había pensado terminar por internet la secundaria. Si bien no era lo mismo tener que estudiar sola sin estar en un aula con amigos y tener que organizarse bien con los entrenamientos para tener el tiempo de hacer el modo distancia, todo esto la benefició y le concedió más horas que pudo dedicarle a la preparación de este deporte. Nunca sus padres tuvieron que preocuparse por las notas. Ella iba a los viajes que hacían para competir y Raúl le preguntaba que llevaba, a lo que Celina respondía: “Llevo los libros para estudiar así voy adelantando y no pierdo tiempo”. Desde que inició este proceso cada año iba viendo menos a sus amigos y compañeros porque ya empezaba a vislumbrar otro estilo de vida. Así como, en ese momento, fue perdiendo amigos este deporte le acercó otros nuevos que están en la misma situación que ella. Sus propios compañeros del colegio le pedían que no se vaya, pero Celina antepuso sus sueños y decidió seguir adelante. Toda su familia la apoyó. Se recibió con título de bachillerato y lo que si festejó con sus compañeros fue la fiesta de fin de curso: “Nos divertimos muchísimo”, agrega.

Celina, aun, no sabe si va a seguir con el deporte de alto rendimiento luego de los juegos olímpicos, pero lo que sí sabe es que quiere estudiar diseño de indumentaria o diseño de moda. Ella se ve diseñando un traje de neoprene o alguna de lycra y tiene ganas de trabajar. Celina es un ejemplo de dedicación y esmero.

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