REPETIR SUMA


Un año después Ana y Charo volvieron a marchar en #NiUnaMenos. Hablan de defender lo conquistado y de hacer más popular lo popularizado. Dos mujeres comprometidas reflexionan sobre la idea de que volver a marchar no implica que no se haya avanzado.

Por Delfina Casaretto (@delicasaretto)

Charo

“El hombre nuevo no va de putas”, se lee en un cartel de papel blanco decorado con purpurina violeta. Son las seis de la tarde y las personas ya están reunidas en el Congreso de la Nación, en Plaza de Mayo, en varios puntos de las provincias y muchos rincones del país. La consigna lo indica, pero no son todas mujeres. También hay hombres, niños, abuelas y trans. Es la segunda movilización de #NiUnaMenos y ya no hay sorpresas: la movida sigue.

“Lo que nos proponemos como meta este año es defender lo conquistado”. Lo dice Ana Etcheverry, que tiene 22 años, estudia Sociología en la UBA y pasa horas mirando trailers porque las películas completas no se le terminan de bajar, y a las series no las sostiene. Le preocupa la visibilidad, y teme que con la coyuntura actual la despenalización del aborto y otros temas hayan perdido jerarquía. “Tenemos que apostar mucho y ponernos las recontrarepilas este año. Pelear porque el poquito sentido común que logramos instalar no se pierda. Esa va a tener que ser nuestra batalla cotidiana”.

Ana

-¿Hubo algún cambio positivo desde el año pasado hasta acá?

-Claro que sí. Está mucho más instalado el tema. Y también las peleas son otras. Hoy estamos peleando por una ley de cupo laboral trans y hace no tantos años peleábamos por la tenencia legal de nuestros hijos, por la ley de divorcio o por la ley de voto. El feminismo, el año pasado, empezó a estar en agenda. Y que se haya instalado, tiene que ver con que hay una mayor conciencia social de las personas pero sobre todo hay un mayor repudio. A los femicidios y a cualquier forma de machismo. Hoy hace ruido preguntar cuando abusan de alguien si ella se la estaba buscando. Mirtha (Legrand) se lo pregunta a una piba en su programa porque es un dinosaurio, pero hay un repudio a esa actitud de Mirtha. Estamos mucho mejor y se demostró en las calles el año pasado y se va a demostrar este año también.

Ana milita hace seis años en Patria Grande, en el área de género. Ahí discuten cuestiones relacionadas a la violencia, al abuso sexual, al cuidado del cuerpo y el aborto, entre cientos temas que surgen. Para ella los medios son generadores de subjetividad, de conciencia, y esto se traduce en las personas. “Las compañeras de los barrios se sintieron menos solas cuando alguna vedette denunció violencia de género. Aunque todavía existan programas como el de Tinelli tocando culos o la misoginia de Mr. Músculo. Es un combate que ya está instalado”.

En los medios no todo es tan favorable. “Todavía hay muchas cosas que siguen invisivilizadas”, dice Ana, seria, cortante. Se refiere a los femicidios de sus compañeras trans que no salen en ningún lado o a los que pasan en las provincias más pobres, y en las no tan pobres, del interior. “Lo que está cerca de Buenos Aires está en agenda, pero cuesta mucho más vernos como un país federal y tomar en cuenta lo que pasa en provincias como en Tucumán, por ejemplo”.

 

Doce meses atrás, organizaciones sociales, sindicatos, partidos políticos, artistas, estudiantes, entidades feministas y defensoras de los derechos humanos marcharon en todo el país junto a los familiares y víctimas de violencia de género rogando por el fin de este flagelo. Doce meses atrás las mujeres se animaron por primera vez a liberar la voz, rompiendo los esquemas tan impregnados que con trabajo arduo y perseverancia, los hombres construyeron a (y por) la fuerza. Hoy, los esquemas ya están rotos.

Charo Gonzales Acosta está de nuevo en la marcha. Tiene 24 años y cursa el CBC en la UBA. Milita, es Psicóloga en un Centro Cultural Popular y también maestra integradora de un chico con diagnóstico de parálisis cerebral. Dice que casi no tiene tiempo libre, pero porque elige no tenerlo.

-¿Por qué fuiste a la primera marcha y por qué venís a esta?

-Del año pasado a este me veo cumpliendo mis objetivos y comprometida      de pies a cabeza por la causa feminista. La marcha pasada fui porque estaba incómoda con la problemática pero desde un lugar impulsivo, como que me subí a la ola de gente que se había movilizado por la cuestión. Me parecía un reclamo válido pero yo no tenía todavía una postura muy firme al respecto. Y este año la marcha me encuentra organizada y militando para y por el feminismo. Creo que fue una de las cosas que me impulsó a activar y a comprometerme con lo que está pasando. Me di cuenta de que soy parte de esta sociedad que reproduce este tipo de lógicas que tanto quiero desterrar y me pareció lógico empezar a activar desde mi lugar.

Para Charo tampoco es fácil, pero intenta ver el lado positivo: “Pienso que no hubo respuestas concretas pero que se empezó a instalar y problematizar el patriarcado y el machismo. El oportunismo de las figuras públicas, que tomaron la consigna el año pasado para identificarse con eso sin tener una lucha concreta en materia de género. De todos modos nos sirvió un montón para popularizar la cuestión”.

Su voz es tenue y lineal, pero firme. Charo cree que el sentido común entró en discusión y comenzó a ponerse sobre la mesa en todas las casas: “Creo que eso permite darnos cuenta de cómo con estos ‘pequeños machismos’ de cada día, vamos construyendo lo que son los grandes monstruos patriarcales que terminan siendo los asesinos de mujeres por su condición de mujer. ¿No? Y creo que en eso vamos ganando consenso y fuerza. La lucha feminista es bastante aglutinadora, aun así con personas que tienen diferentes puntos de vista para un montón de cosas y que no pueden ni siquiera conversar. En esto estamos todos de acuerdo y golpeamos con un solo puño.

Ana y Charo, como miles de mujeres, luchan. En cada acto, con sus palabras y con sus intenciones. No dejan hueco sin cuestionar ni salida a la calle sin protestar. La marcha está plagada de personas y todas con emociones encontradas. Algunos están por algún familiar, otras porque lo vivieron en primera persona y otras porque no quieren vivir en una sociedad con miedo. Pero hay un sentimiento que las une, un sentimiento que va más allá del dolor y del repudio y que las obliga a levantarse todos los días en busca de justicia y de paz: la esperanza.

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