The Last Dance de Messi

Pasaron cinco Copas del Mundo desde su debut y por el momento no lo logró. Pero sin dudas es el sueño máximo para Lionel.

Estuvo muy cerca en Brasil 2014 y, tanto, la amargura como la desazón siempre quedará marcada con una frase: ”Me da bronca porque patee mal”. Messi es una persona que juega muy bien al fútbol. Humilde y que cada cuatro años festeja el mejor de los cumpleaños; con amigos y disputando un mundial. Cuando La Pulga recibe la presión de millones de personas que lo quieren ver victorioso y disfrutando de la competición, él con su perfil bajo trata de relucir su mejor fútbol y ayuda a que el equipo gane y siga avanzando como tantas veces ha dicho.

Messi va a seguir teniendo ese hambre mundialista que relució en Alemania cuando le tocó entrar contra Serbia y Montenegro y marcar su primer gol, o llegar a lo máximo como lo hizo en Países Bajos con la Sub 20 ganando el mundial y en Pekín logrando la medalla dorada en los Juegos Olímpicos. La garra para no darse por vencido y no dar ni una pelota por perdida cuando tuvo que ponerse al hombro 2 clasificaciones: en la última fecha de eliminatorias contra Ecuador para Rusia 2018 y contra Nigeria en fase de grupos –en esa misma competición-.

El lado bromista de Lionel es muy simple, sacando fotos en las habitaciones a sus compañeros y luego subiéndolas a las redes sociales para llevar tranquilidad a sus hinchas o riéndose mientras come. Para distraer su cabeza de las presiones y los enfrentamientos Lio simplemente hace jueguitos en los entrenamientos, como así también la capacidad de escuchar a sus entrenadores y mejorar su técnica. En Sudáfrica 2010 le preguntaron a Diego Maradona si le había enseñado a patear tiros libres y el ex campeón del Mundo respondió:  ”Yo solo le enseñé a cómo poner el pié, el resto es todo de él”.

Es inteligente para dar notas, hablar con la prensa y dar declaraciones cuando dan a Argentina como favorita para ganar el Mundial, a Messi le basta con mostrar un perfil bajo, agradecer estar en la competición y destacar el juego de las demás selecciones, como así también tajantes e inesperadas cuando dijo que para él la Selección era un ciclo terminado o que no iban a dar más conferencias de prensa luego del partido con Ecuador en eliminatorias.

Se puede observar su lado sentimental con la camiseta Argentina, llorando como si fuera un niño por llegar a la final y no poder consagrarse campeón. O también siendo campeón y empapado en lágrimas de felicidad arrodillado en la mitad de la cancha. También es un caballero dentro de la victoria saluda a sus rivales y contagia el respeto a sus compañeros para que sean los más adultos en los festejos.

Lionel es un apasionado por la Celeste y Blanca como cualquier hincha, llora, festeja y hasta canta las canciones de la tribuna. Es capaz de subirse a un alambrado para festejar más de cerca con su gente o subirse a los hombros de un compañero para tirarlo al suelo y gritar con él o hasta festejar un gol en posición adelantada para que el árbitro no se de cuenta, como pasó frente a México en el 2010. 

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