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Ver más allá del tatami

La historia de Rocío Ledesma: judoca argentina, atleta paralímpica premiada en diferentes países; y amante de la literatura.

No vidente desde pequeña, su historia está marcada por luchas personales y victorias en grandes competencias. Oriunda de Corrientes, Rocío Ledesma se convirtió a muy corta edad en una reconocida deportista de alto rendimiento por su desempeño, disciplina y por los logros adquiridos como integrante de la Selección Nacional de Judo Paralímpico, 

A los siete años empezó a introducirse en un mundo donde el judo aún no ocupaba un lugar central. “Desde chica hacía danza clásica, pero mi profesora se fue a capacitar a Buenos Aires y me quedaba en casa sin mucho qué hacer.  Freddy García, mi tío, era profesor de judo y necesitaba más alumnos en su escuelita de Corrientes y no dudé en sumarme para ayudarlo”, comparte. Lo que comenzó entonces como una casualidad familiar, terminó siendo la base de una vida marcada por la lucha y la perseverancia.

Rocío Ledesma tras su primer podio en el Campeonato Nacional Apertura, en San Salvador de Jujuy, en abril 2013.

“Después de que mi tío regresara a Villa Ángela, encontré un nuevo lugar para seguir practicando: el Club San Martín a pocas cuadras de mi casa. Allí entrené con el sensei Daniel Coronel, a quien recuerdo con profundo respeto”, cuenta Rocío y sigue: “Era un grupo hermoso de chicos y profes que vivían por el judo. Esperábamos sentaditos al profe, con respeto y emoción. En ese ambiente crecí como persona y como deportista”.

En ese espacio, marcado por la disciplina y el compañerismo, fue donde comenzó a tomar en serio la práctica de este deporte. “El judo me enseñó muchas cosas que aplico en la vida: el trabajo en equipo, la resiliencia, el respeto. Me dio un marco para entenderme a mí misma y también para superar muchas situaciones difíciles que atravesé en silencio”, amplía.

Años más tarde descubrió por casualidad que existía el judo paralímpico: “Vi en Facebook que había un Mundial en Turquía. Hasta ese momento no sabía ni que existía. Me llamó mucho la atención”. Así fue como en 2011 ingresó a la preselección nacional. Fue a un campo de entrenamiento en Misiones y desde entonces no se detuvo. En 2015 se convirtió oficialmente en parte de la selección mayor.

Rocío Ledesma recibiendo la bandera del Comité Paralímpico Argentino durante los Juegos Paralímpicos de París, en julio de 2024.

Desde entonces, la correntina representó a Argentina en torneos internacionales: Hungría, Canadá, Egipto, Portugal, Corea del Sur, Japón, Turquía. En 2015 obtuvo la Medalla de Bronce en los Juegos Parapanamericanos de Toronto. Sobre esa experiencia comenta: “Tenía 18 años. No tenía la madurez suficiente para entender lo que significaba un bronce panamericano. Con el tiempo aprendí a valorar cada logro y a ver lo lejos que llegué”.

Entrenamiento en Canadá con sus compañeros previo a los Parapanamericanos de Toronto, en agosto de 2015.

Viajar por el mundo le permitió no solo crecer como deportista, sino también como persona. “Hace diez años que viajo con el mismo equipo. Es como una familia, como un matrimonio de muchos años: uno va conociendo nuevas facetas. Hacés amigos internacionales, compartís experiencias que te transforman”, expresa.

El cierre de un ciclo llegó con los Juegos Paralímpicos de París 2024. Al respecto, dice: “Me preparé muchísimo. Estuve alojada en el CeNARD, lejos de mi familia, pero acompañada de un equipo técnico hermoso. Fue una preparación física y emocional muy fuerte. París fue mi cumbre, el broche de oro de una etapa”.

Rocío Ledesma participando en los Juegos Paralímpicos 2024.

En paralelo a su carrera deportiva, volvió a conectar con sus pasiones. En 2023 retomó la danza clásica y volvió a cursar la carrera de trabajadora social: “Eso me ayudó mucho a nivel mental. Busqué terapia con una psicóloga deportiva para poder manejar la ansiedad. Aprendí que también hay que cuidarse por dentro”.

En sus momentos libres, encontró un refugio. Dice que leer y escribir le apasionan y sostienen, ya que la literatura fue “tan constante como el judo” para ella. “Cuando no podía explicar lo que me pasaba, las palabras me salvaban. Las escribía y sentía que entendía algo de todo lo que me dolía. La escritura fue una especie de abrazo cuando nada tenía sentido”, comparte.

Rocío compitiendo en un torneo internacional de judo adaptado (IBSA) en 2018.

La deportista es mucho más que una judoca de alto rendimiento. No necesita ver para saber hacia dónde va. Tiene visión en el sentido más profundo. No suele hablar demasiado sobre su discapacidad, no por negarla, sino porque para ella nunca fue un obstáculo real. Desde siempre eligió enfocarse en lo que podía hacer, en vez de en lo que le faltaba. 

Con esa mirada firme y determinada, fue construyendo su camino. La perseverancia, el trabajo constante y el amor por lo que hace fueron las claves que la llevaron a sus grandes logros. 


*Estudiante de Periodismo deportivo a distancia.

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Deporte y discapacidad: dos polos compatibles

Médica por vocación, ganadora por tradición  

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