VIVIR LA PANDEMIA EN LA CALLE


Según el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, las personas en situación de calle en el año 2019 eran 1146. Pero el Censo Popular para Personas en Situación de Calle de ese mismo año reveló la cifra alarmante de 7251 personas que viven de forma permanente en las calles porteñas. “Seguimos solos como antes”, asegura uno de los miles de ciudadanos sin hogar que sobreviven a la intemperie durante la emergencia sanitaria por coronavirus. 

Por Fernando García

Sobre la Avenida Melián, en una de las cuadras laterales del Hospital Pirovano, está sentado Fabián con un cartón entre su espalda y la pared. Tiene una mochila con sus pertenencias y en sus manos un libro con hojas gastadas y amarillentas. “A la gente le sorprende verme con un libro porque soy de la calle”, sentencia mientras acaricia a su perro Tony. Él es uno de los tantos sin techo que viven en los alrededores del hospital. “Ahora la mayoría está en los refugios del gobierno, yo no voy porque no me gusta que me digan lo que tengo que hacer. Además estoy con Tony”. Todo en Fabián parece ser resistencia de años enteros bajo el frío helado del invierno o los calores sofocantes del verano. “Las últimas semanas estuvieron más difíciles. Antes venían los chicos misioneros a darnos de comer, pero ahora con esto del virus no lo están haciendo. No tengo jabón para lavarme las manos porque el dinero que junto me alcanza solo para comer”, cuenta. Las paredes de los alrededores del hospital pintadas por muralistas con dibujos lisérgicos y colores intensos contrastan con las personas como Fabián con miradas grises y sin nada que perder.

A pocas cuadras de ahí, la estación Coghlan del tren Mitre es un lugar arbolado y con espacios verdes donde suelen mezclarse los vecinos del barrio que sacan a pasear a sus perros, usuarios del servicio y las personas sin hogar que pasan la noche en el lugar. Es jueves por la tarde, el sol cae y en la estación empiezan a brillar los primeros focos de luz. Sentado sobre una mesa de cemento está Omar, de unos 60 años, la única silueta que se ve de este lado de las vías. “Yo perdí la cuenta desde hace cuánto vivo en la calle. Le tengo más miedo al frío del invierno que al virus este que anda dando vueltas”, comenta mientras mueve la antena de su radio portátil para encontrar señal. “Hace unos días vinieron gente del BAP (Buenos Aires Presente) a dejarnos jabón y barbijos. Muchas otras veces me tomaron mis datos, dijeron que iban a volver pero después seguimos como antes, solos”. Omar cuenta que la policía lo sacó del Hospital Pirovano por denuncias de vecinos que no querían gente en la calle. “Los del gobierno te dicen que llames al 108 como si nosotros tuviéramos celular o teléfono fijo. Y cuando lo conseguimos, las lineas están colapsadas”.

El BAP es un organismo del Gobierno de la Ciudad, compuesto por 60 equipos de asistentes sociales y personal especializado. A través de su página oficial, informa que los llamados a la linea 108 aumentaron significativamente desde el comienzo de la cuarentena. Parte de este organismo recorre los espacios públicos repartiendo jabón y repelente. El Ministerio de Desarrollo Humano y Habitat de la ciudad anunció medidas para hacerles frente a las necesidades de los sin techo en tiempos de pandemia. De los 33 Centros de Inclusión ya existentes, se les sumaron otros cuatro, alcanzando así el número de 2800 camas disponibles. Abiertos durante las 24 horas todos los días de la semana, cuentan con duchas, comida y contención profesional.

Sin embargo, según Laura Velasco, legisladora porteña por el Frente de Todos, esto es insuficiente: “Si las camas disponibles se ampliaron a 2800, seguimos teniendo una enorme cantidad de gente que sigue en la calle, más de dos tercios”. Velasco presentó, el pasado 19 de marzo, un proyecto de ley para establecer la emergencia de los servicios socioambientales destinados a las personas que viven en la calle. “Lo que llevamos adelante junto a mi colega Cecilia Segura y el acompañamiento del Frente de Todos, es un proyecto para que se active el Operativo Frío y se extiendan los dispositivos de alojamiento y contención para las personas sin hogar. Lo que hizo esta emergencia es recrudecer y profundizar los problemas que ya tenemos como sociedad”, asegura. En relación al número de personas en situación de calle que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires toma como parámetro para estas políticas, la legisladora sentencia: “Evitan un censo real porque eso implicaría discutir si las políticas públicas tienen prioridad en la agenda. En definitiva, si es una ciudad para el bien común o si es una ciudad para el negocio inmobiliario”.

En estación Coghlan, unos días más tarde, está Alejandra, de 42 años de edad. Lleva puesto un abrigo de color de verde. Con los ojos vidriosos perdidos en el horizonte reflexiona sobre estas últimas semanas: “Hace varios días que estoy sola. Antes estaba la “ranchada”, nos conocáamos entre todos y nos ayudábamos. Ahora la mayoría están en los refugios o se fueron a la provincia, a lugares donde la policía no molesta. A mí no se me acercó nadie del gobierno. El jabón que uso para lavarme las malos me lo trajo una vecina que me conoce”.

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