ALTO COEFICIENTE, ALTO ABURRIMIENTO


Carolina es considerada “superdotada” por la ciencia, pero eso no siempre le significó felicidad. La historia de alguien a quien desde los dos años le costó “encajar” y tuvo que sobreadaptarse para no sobresalir a costa de su propia frustración.

Por Juliana Mendoza, Rocío Varela y Marisa Vidal Varela

¿Cómo acompañar a un hijo que a los tres años puede leer, escribir, multiplicar, memorizar todas las banderas del mundo y cuestionar las desigualdades sociales? Niños que a los tres años tienen el nivel pedagógico para estar en segundo grado, con compañeros de ocho; que hablan con fluidez de países que no conocen; y duermen poco porque nada parece saciar su curiosidad y su necesidad de incorporar más y más respuestas. “A los tres hablaba de colesterol, de chicos huérfanos, de ecuaciones y de China como si hubiera estado ahí. Nos daba información que nosotros desconocíamos y al verificarla descubríamos que era cierta”, recuerda María Gamboa, mamá de una niña con alto coeficiente intelectual que hoy es adulta.

Los niños superdotados exhiben un talento precoz, desde su desarrollo motor, caminan antes, hablan antes, aprenden a andar en bicicletas que les quedan enormes para su edad. Sin embargo, aprender rápido suele agotar a padres y maestros ante su incesante necesidad de profundizar en cualquier tema que les llame la atención. Se hace difícil para ellos encajar en un sistema educativo tradicional donde se divide por edades. ¿Qué hacer con un chico de tres años que no puede cursar con otros de ocho y a su vez con los pares se aburre, se frustra e incomoda y termina teniendo problemas de conducta?

La mamá de Carolina recuerda que en sala de dos su hija copiaba los manchones que hacían sus compañeros de jardín cuando en realidad ya podía hacer dibujos complejos. Suponen que lo hacía para encajar, pero que en su inocencia, debajo de cada mancha escribía qué significaba, o qué representaba.

“La mayor dificultad era ver que se aburría y que las maestras se sentían intimidadas, como si mi hija estuviera compitiendo con ellas, y en lugar de redoblar el desafío de interesarla en otros temas o en profundizarlos, la reprendían o la obligaban a repetir cosas que ya sabía, así tuvimos que enfrentar momentos de profunda depresión cuando tenía 12 años”, confiesa María Gamboa. Asegura que la preocupación como padres era ver que le costaba hacer amigos de su edad. Pero al ingresar a la universidad de La Plata, encontró con quienes compartir intereses y desafíos en la carrera de astronomía.

“Creo que cada persona tiene intereses particulares. Todos dan por sentado que si uno es inteligente entonces tiene que hacer algo con las ciencias exactas y fomentan tu aprendizaje en ese sentido, recuerda Carolina”.

El último informe sobre el tema de Queensland Association for Gifted and Talented Children (QAGTC) de Australia, explica que todos estos niños suelen ser despiertos, curiosos y se interesan activamente por su entorno pero son, ante todo, niños con unas necesidades afectivas propias de su edad cronológica independientemente de su nivel de inteligencia. Y que centrarse sólo en su desarrollo cognitivo puede llevarlos a estados de depresión cuando no logran algo.

“Creo que el rol del entorno familiar es fundamental. Conozco casos en los que los padres hacían sentir a un chico “superior” por su coeficiente intelectual y siempre estaban esperando grandes logros de él, lo que le provocaba una sensación terrible de culpa. Sentía que los había desilusionado cada vez que no podía cumplir con esas expectativas -cuenta Victoria Charalambous la hermana mayor de Carolina y agrega- en el caso de Caro, fue muy distinto, mis viejos jamás hablaban del tema, ni la hacían sentir especial, era una más entre cuatro hermanas. A pesar de sus demandas de tiempo y respuestas frente a su interminable curiosidad, le dedicaron el mismo tiempo que a todas nosotras”.

“Creo que el rol del entorno familiar es fundamental. Conozco casos en los que los padres hacían sentir a un chico “superior” por su coeficiente intelectual y siempre estaban esperando grandes logros de él, lo que le provocaba una sensación terrible de culpa. Sentía que los había desilusionado cada vez que no podía cumplir con esas expectativas -cuenta Victoria Charalambous la hermana mayor de Carolina y agrega- en el caso de Caro, fue muy distinto, mis viejos jamás hablaban del tema, ni la hacían sentir especial, era una más entre cuatro hermanas. A pesar de sus demandas de tiempo y respuestas frente a su interminable curiosidad, le dedicaron el mismo tiempo que a todas nosotras”.

Con frecuencia, necesitan profundizar en todos los aspectos de los temas de su interés y lo hacen con una avalancha de preguntas que pueden resultar agotadoras para los padres e impertinentes para los maestros. Cuando no alcanzan las metas u objetivos que se han propuesto, suelen frustrarse y al punto de abandonar la tarea. La frustración les lleva al aburrimiento y viceversa.

“A los 8 años encontró el informe donde aparecía su coeficiente intelectual y me preguntó qué significaba eso. Le respondí que sólo era un número, que lo que ella quisiera ser en la vida no dependía de esa cifra, sino de que se esforzara por conseguir lo que quería”, sintetiza Gamboa.

Los especialistas en psicología de altas capacidades del Centro Kepler de Barcelona plantean que estos niños, pese a sus altas capacidades de comprensión del entorno social, pueden sufrir cierto rechazo por parte de otras personas, pero que lo fundamental es que no haya diferencias en el trato intrafamiliar. Aseguran que la disciplina y los límites deben ser las mismas que con cualquier otro hijo. Cada niño es diferente y eso también ocurre con los niños superdotados. Cada uno requiere de atención, afecto y contención.

“Tener un alto coeficiente intelectual no significa nada a menos que uno haga algo con eso que se tiene. Si uno es “súper inteligente” pero se queda tirado en la casa mirando la tele y no ejercita su cerebro no va a lograr nada. Creo que falta alguna institución que acompañe a los chicos, que los ayuden a desarrollar la creatividad, en el arte, la escritura, en las matemáticas; todo, para no encasillarlos”, sentencia Carolina, que con 26 años es astrónoma egresada de la Universidad de La Plata y está terminando un proyecto de investigación en busca de una beca del CONICET.

La educación, un campo de batalla

En Argentina existen dos colegios privados para chicos con altas capacidades: el Norbridge, que tiene sedes en Capital, Pilar y Mendoza y el instituto Gifted Children, en Salta. La fundación Ricart tomó los métodos de Norbridge pero no se limita sólo a los chicos superdotados, tiene una metodología en donde aprenden con chicos de coeficiente intelectual normal. Son instituciones que dicen trabajar de modo más particular con el alumno, comprendiendo sus capacidades y adaptaciones, aunque no siempre satisfacen esas demandas. Por otro lado, lo que en la mayoría de los casos presenta un gran obstáculo es el dinero: estos colegios cobran una cuota mensual que oscila entre los 2 mil para jardín de infantes y entre 3 mil y 4 mil para niveles primarios y secundarios.

En general, el problema de los niños con alto coeficiente intelectual es que se aburren en clase porque sus conocimientos están por demás adelantados a los de sus pares. María Gamboa es la madre de Carolina Charalambous, que tiene un alto coeficiente intelectual y sufrió las deficiencias del sistema educativo. “Además del aburrimiento que sufría mi hija, las maestras parecían creer que ella les competía y se molestaban. En vez de verlo como un desafío, ayudarla y darle material de acuerdo a lo que ella necesitaba, se enojaban”, cuenta María. 

De cualquier modo, en los últimos años fueron apareciendo instituciones que aplican otros métodos pedagógicos de aprendizaje que pueden adaptarse a las necesidades de los niños superdotados. Uno de ellos es el método Montessori, que centra la actividad de aprendizaje en el niño, siendo él quien dirige la actividad, lo que desea hacer e investigar, con la observación personal de un profesor. María Montessori publicó el libro que desarrolla dicho método a principios de 1900, y allí desarrollaba la idea de “mente absorbente” en relación a la gran capacidad que tienen los chicos es sus primeros años de desarrollo.

También existe el método de las escuelas Waldorf, que tiene una pedagogía similar a la Montessori, enfocada en el arte y la libertad de los alumnos. Violeta Casanovas fue maestra jardinera en una de éstas instituciones: “Se respetan los tiempos y necesidades de cada niño. A la vez no los subestima: es genial ver cómo ellos mismos eligen los materiales que les interesan y son acordes a su aprendizaje. Así como también descansan cuando lo necesitan y enseguida solos vuelven al aula”, cuenta.

El CI y el PBI: dos cifras que se miran con la misma lupa

“IQ and the Wealth of Nations”, en español “Coeficiente Intelectual y la Riqueza de las Naciones”, es un libro que un psicólogo y politólogo realizaron en 2002 a partir de una investigación sobre 113 países para determinar dónde hay mayor cantidad de superdotados con la hipótesis de que existe una relación estrecha entre el PBI de un país y el coeficiente intelectual medio de sus habitantes. Los autores muestran las diferencias en el CI promedio son responsables en parte de la economía de un país. De la misma manera, creen que un PBI bajo puede hacer disminuir el CI medio.

Siendo la media del coeficiente intelectual de 100, en los primeros puestos del estudio aparece Hong Kong, con 107, Corea del Sur, de un CI medio de 106, y Japón, en el tercer lugar con 105. Las peores posiciones fueron para el continente africano, varios de los países que lo integran ubicaron los últimos puestos, como Santa Lucía (62), Mozambique (64), Gabón (64) o Guinea Ecuatorial, que ocupa el último puesto con 59. Argentina se encuentra en el puesto número 15 con un promedio de coeficiente intelectual de 96 junto a otros como Rusia, Ucrania, Uruguay, Vietnam y Portugal.

De Mozart a Tarantino, vida y obra de CI elevados

En la historia de las ciencias y las artes hay varios nombres famosos que resuenan por sus obras y que demostraron sus altos coeficientes intelectuales. Wolfgang Amadeus Mozart aprendió a tocar el clavicordio a los tres años, y a componer a los seis. Albert Einstein es el científico más conocido e importante del siglo XX. Galileo Galilei fue un astrónomo, filósofo, matemático y físico, que ideó la primera ley de movimiento.

Sin embargo, el CI sigue siendo un número y las personas que tienen una cifra de CI mayor a 100 no sólo se encuentran en los ámbitos científicos. Famosos como Sharon Stone, la actriz que interpretó el protagónico de Bajos Instintos, Geena Davis, la actriz de Thelma y Louise, y Natalie Portman, ganadora del Oscar como mejor actriz por sus papel en Cisne Negro, son conocidas además por sus altos CI. El director de Pulp Fiction Quentin Tarantino tiene un CI de 160 puntos. Al igual que Woody Allen, es de los pocos directores que se involucran en todo el proceso de producción de una película: desde el guión, pasando por la dirección de actores y la elección de la banda sonora. Matt Damon es profesional en filología inglesa de Harvard y ganó el Oscar a mejor guión con Good Will Hunting. Shakira, la cantante colombiana, a los cuatro años ya escribía canciones y a los 15 tenía su primer disco. Tiene 141 de CI y sabe español, inglés, portugués e italiano. La actriz estadounidense Kate Beckinsale estudió literatura francesa, alemana y rusa en la Universidad de Oxford. Incluso Paris Hilton, conocida por ser la heredera del emporio Hilton y su reality “A simple life”, posee un CI de 141.

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