AMOR CORRESPONDIDO


Pearl Jam brindó un espectáculo de más de tres horas en La Plata, donde se vivió la máxima expresión de cariño entre la banda y su público.

Por Manuel Migdalek

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Si en tan sólo cinco años, una banda del tamaño de Pearl Jam viene tres veces al país, tiene que haber algo especial. Tal vez, sea que los recibe el mejor público del mundo o puede que el amor de Eddie Vedder por Johnny Ramone, y el cariño que el guitarrista tenía por Argentina, hace que quieran regresar. Pero algo motiva a que el cantante de la mítica banda de Seattle no deje de sorprenderse con la respuesta de la gente y que el recital, en lugar de terminar con el pedido de una canción más, finalice con el agradecimiento del público al artista.

Una vez más, Pearl Jam mostró que para dar un gran espectáculo no se necesitan grandes parafernalias sobre el escenario. Con una puesta sencilla, enfocada en la ilustración de tapa de su último disco, Lightning Bolt, la noche comenzó con la presentación de Pendulum. Inmediatamente, se abrió el juego con clásicos como Low Light y Ederly Woman, el primer tema acústico que publicaron en un álbum. Los saltos se hicieron esperar hasta el cuarto tema que hizo explotar el campo, cuando los primeros acordes de Mind Your Manners trajeron los gritos y la oscuridad en la voz de Vedder, en una muestra del poder de la banda que después de 25 años sigue componiendo grandes canciones.

“Cuiden a sus amigos y a sus hermanos, que la noche es linda y tenemos tiempo”, dijo Eddie Vedder como en su última visita, en abril de 2013, con un tono que parece el de un padre que le dice a su hijo “esto es para divertirse, no vale la pena que se lastimen”. La respuesta del público es “Soy Pearl Jam, es un sentimiento, no puedo parar”, con el cantante que festeja el cariño de su público. Para entender esta preocupación, hay que volver en el tiempo al año 2000 y trasladarse a un concierto que la banda dio en Dinamarca, donde en una avalancha nueve personas murieron aplastadas contra la valla y muchas resultaron heridas.

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A lo largo del recital se puede ver la experiencia de una formación que sabe llevar los tiempos, que entiende a la perfección cómo llevar el clima. Do The Evolution muestra de nuevo el poder de fuego para pasar por las penumbras de su álbum debut, Ten. Pearl Jam no tiene problema para repasar su discografía. En lugar de renegar de sus clásicos, Vedder prefiere decir que vienen a mostrar que pueden tocarlos mejor ahora. Y así comienza Even Flow, para que el campo se convierta en una masa que salta feliz de escuchar otra de las joyas de Ten, que termina con un revival de Hendrix, con Mike McCready situando su guitarra por detrás de la nuca en el solo.

La conexión no necesita más que el reencuentro con su público. Sin embargo Vedder, que toma una botella de vino a lo largo de toda la noche, intenta hablar en español con unos textos que tiene preparados y se disculpa por su “pésimo castellano”: “Gracias por hacernos tan grandes, ahora tenemos las vergas del mismo tamaño que ustedes”. Basta con ver las remeras de Led Zeppellin en el campo y que Mccready toque la guitarra con el arco del violín en un claro homenaje a Jimmy Page o las cientos de remeras de los Ramones en sintonía con la versión de I Believe en Miracles para entender porque Pearl Jam y Argentina se aman mutuamente.

La noche sigue con un recuerdo de Vedder a “un músico que este año hubiera cumplido 75 años y que vendría muy bien que siguiera con vida” y así se sienta para hacer una versión acústica de Imagine, con un Estadio que agita sus encendedores en el campo y los celulares en la platea para acompañar los coros y terminar con un saludo al cielo del cantante.

La banda sale después de su último descanso y la voz del grunge muestra un cartel de “Ni una Menos” que le merece la ovación del público, antes de versionar Leaving here de Edward Hollow Junior. Quizás, uno de los momentos más emotivos, se dio justo después cuando sonó Better Man, una canción sobre la violencia en una pareja y la creencia de la mujer que no puede encontrar un hombre mejor. Es un tema que unos años atrás Vedder le dedicó al “bastardo que se casó con su madre” y, a pesar de la temática, el estribillo vuelve a convertir al campo en una sábana que se agita al compás de la música.

Si Better Man había hecho llorar a más de una persona, la emoción no había terminado para los fanáticos que esperaban escuchar Black y Alive. Cuarenta mil personas cantaron a coro y gritaron con toda la fuerza que sus pulmones les permitían I’m Still Alive en uno de los momentos más épicos que tuvo el sábado en La Plata. La luz del estadio se enciende, pero no logra que los músicos de Seattle abandonen el escenario, por el contrario siguieron con un cover de los Who para cerrar la noche con Indifference del álmbum Vs antes de despedirse durante varios minutos con la reverencia del cantante y la promesa de regresar en 2016.

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