BASURA CERO, INCLUSIÓN UNO


Gracias a las luchas de las cooperativas de cartoneros, el macrismo puso en marca una prueba piloto que formaliza el trabajo de los recolectores urbanos y realza la importancia de su tarea. También intenta recuperar el tiempo perdido en el cumplimiento de la Ley de Basura Cero. 

Por Juan Pablo Banchi @JPBanchi y Joaquín Vilaplana @JoacoVilaplana

En las calles de algunos barrios de la Ciudad de Buenos Aires el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, a cargo de Diego Santilli, instaló contenedores verdes con forma de campana, cuya función es la de separar los residuos reciclables de los  desechos. Es una prueba piloto que intenta cumplir algunos de los aspectos fundamentales de la Ley de Basura Cero, como inculcar a los ciudadanos la separación de los residuos en origen, y contribuir a formalizar el trabajo de los cartoneros a partir de la redefinición de sus tareas para convertirlos en recuperadores urbanos. “Hoy hay 120 tachos instalados en los que trabajan 75 compañeros, pero el proyecto apunta a incorporar a 5.762 cartoneros que cubran toda la Capital para fines del año próximo”, destacó Nicolás Caropresi, dirigente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).

Actualmente, existen 12 cooperativas de cartoneros que nuclean aproximadamente a 4.700 trabajadores que llevan a cabo la recolección de residuos reciclables en la Capital Federal. Caropresi forma parte de la cooperativa Amanecer de los Cartoneros, integrada dentro del MTE, que con más de 1.700 personas, que vienen principalmente de la zona sur del conurbano y cubren los barrios de Palermo, Almagro, Balvanera, Parque Patricios y Recoleta. La prueba piloto está centralizada en Palermo, y las nuevas tareas de los cartoneros, ahora como recuperadores urbanos, son “recorrer cuatro cuadras e ir puerta por puerta” concientizando a los vecinos y recolectando el material que reciben previamente separado. Luego lo deben depositar en las nuevas campanas instaladas en las esquinas y aguardar hasta que llegue el camión recolector. Ricardo Margarita, encargado de un edificio de la calle Carranza, explicó: “La gente del edificio te deja las bolsas con cartón por un lado, las botellas de plástico por otro y lo que es basura aparte”. Y agregó que la mayoría de los consorcistas ya estaban enterados de cómo clasificar la basura.

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En el plan piloto de reciclaje lanzado en Palermo trabajan 75 ex cartoneros, ahora reconocidos como recuperadores urbanos.

Para los miembros de las cooperativas es muy importante poder extender la prueba piloto ya que entienden que dignifica su trabajo y redunda en múltiples beneficios, como no tener que revolver más la basura ni tener que estar tirando de un carro. Luis, recuperador incluido en la prueba piloto en la zona de Plaza Italia, aseguró: “Ahora nosotros no podemos tocar los tachos. Nuestro trabajo es tratar de convencer a la gente que lo separe en origen”. Por esto, los recuperadores desarrollan las nuevas tareas, en un horario fijo de lunes a viernes, y  perciben 1.500 pesos de incentivo al trabajo y 3.000 pesos de las ventas del material a la industria, lo que conforma un sueldo de 4.500 pesos. “Cada día que no vengan a trabajar se les descontará un proporcional sobre esos 3.000 pesos”, precisó Caropresi. Además, la implementación de la tarjeta de débito les permite acceder al sistema bancario y los habilita a acceder a créditos. En el ámbito social tendrían libres los sábados y domingos para descansar o para irse con los hijos a pasear, debido a que en el antiguo sistema debían acumular el material en su casa y ocupaban los fines de semana en clasificar y separar.

Desde Greenpeace, la principal impulsora de la ley 1.854, conocida como de Basura Cero, el comienzo de esta primera experiencia viene a reparar las pérdidas de tiempo en lograr los objetivos planteados. “La ley está incumplida desde hace mucho tiempo porque no se alcanzaron las metas de recuperación y reducción en un 30 % de la basura enviada a los rellenos sanitario en el año 2010 y un 75 % en el 2012”, sentenció Consuelo Bilbao, coordinadora de la unidad política de la organización. Entre las obras pendientes, también destaca que “el Gobierno de la Ciudad debe realizar la inversión para que funcionen los centros verdes de reciclado”, donde los integrantes de las cooperativas clasificarán los materiales que llegan desde las campanas verdes. Para atender esta problemática, la cuidad debe contar con un predio de nueve hectáreas, y para tal fin, el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, envió a la legislatura un proyecto que propone instalar en el autodromo “Oscar y Juan Gálvez” un centro verde de reciclado para la separación de residuos secos.

La transformación más importante, según Caropresi, es la mentalidad del cartonero, porque dejar en el contenedor cosas que para ellos tienen implica un cambio cultural muy fuerte, pero la mayor responsabilidad para que el sistema funcione bien es que el vecino se comprometa porque ahora el 80 % del reciclado depende de él. “Falta mucho para que el proyecto cumpla acabadamente su función, sin embargo, empezamos a dar el primer paso después de muchos años de lucha”, concluyó.

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