BÚSQUEDA IMPLACABLE


Nélida Sérpico encontró al asesino de su hijo en la villa. Nilda Gómez, una de las madres de Cromañón, pide que los culpables estén tras las rejas. Y Claudia Argenta lucha contra el acosador de su hija. Tres historias de quienes no buscaron venganza sino contribuir con la justicia.

Por Nazaret Sánz Álvarez y Fiorela Navarro Duymovich

Dicen que lo más lindo que le puede pasar a una mujer es ser madre y que lo más doloroso es perder a un hijo.
Muchas madres ante la muerte de ellos elijen entregarse al dolor, y otras como Nélida Sérpico deciden poner manos a la obra para agilizar los tiempos de la justicia. Su historia comenzó el 22 de diciembre de 2005, con el crimen de Octavio Gómez, de 16 años, en la 1-11-14. A partir de entonces decidió camuflarse en la villa y comenzar su propia investigación para hallar a Facundo Caimo, el asesino de su hijo. Nélida no nombra al culpable es por eso que aclaró: “Esa persona no tiene nombre, para mí es un NN”.

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“Me encomendé a mi hijo, le pedí que me hiciera invisible para que nadie me viera”, recordó con mucho dolor y lágrimas en sus ojos. Gracias a ella detuvieron al asesino en 2013 y hace dos meses fue condenado a 15 años de prisión. “Estoy muy conforme con la justicia y esta condena. Era lo que esperaba”, aseguró. La fiscal de la causa, Mónica Cuñarro, la apoyó tanto legalmente como psicológicamente. Según describió Nélida, Mónica es una luchadora más.
Nilda Gómez conoció a Nélida en un programa de televisión y a partir de entonces se unificaron por una misma causa, la justicia. “Ella es un ejemplo para la sociedad, ella nos da esperanzas de justicia y con ésta, un poquitito de paz”, destacó su reciente amiga. Nilda perdió a Mariano Benitez en la tragedia de Cromañón el 30 de diciembre de 2004. “Antes era feliz, tenía a mi hijo”, recordó con angustia.
Al ver que le echaban la culpa de la tragedia a las víctimas, se empezó a organizar con otros familiares y amigos en forma espontánea en el actual Santuario para reclamar justicia. Como vieron que sus pedidos no llegaron a su cometido pensó en organizar una ONG llamada “Familias por la Vida”, que encabeza como presidenta para poder defender a las víctimas, responsabilizar a los culpables y concientizar a generaciones futuras.

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Más allá de que confían en el sistema jurídico y cabe destacar que no buscan venganza por mano propia, sino que los culpables sean sometidos a un juicio justo, estas madres tomaron cartas en el asunto y dieron todo de ellas para que descanse en paz la memoria de sus hijos.
Por otro lado, hay quienes buscan desenmascarar a los culpables que acosaron a sus pequeñas. Este es el caso de Claudia Argenta, madre de Melisa Miglia, una niña de 12 años que vive en Carlos Paz y fue víctima de grooming (acoso cibernético). Durante reiteradas veces fue acosada en las redes sociales por un pedófilo (groomer) que se hacía llamar Matías Cantero e intercambió fotografías pornográficas con Melisa.
Claudia decidió involucrarse en el asunto y hacerse pasar por su hija para encontrar y apresar al culpable. “Intervine en la conversación porque cuando leí el primer mensaje llamé inmediatamente al 911, luego me dirigí a la comisaría, donde no quisieron tomarme la denuncia. Me enojé tanto que finalmente quedó asentada”, destacó Claudia.
Ella, junto al fiscal Ricardo Saez, lograron detener al culpable pero como era menor de edad, fue liberado. Lo peor, es que entre su hija y el groomer sólo hay 15 cuadras de distancia. Claudia no va a descansar hasta verlo tras las rejas por haber perturbado a su hija y por eso se unió a la asociación “Mamás en Línea”.
Llámese Madres del Dolor, Familias por la vida o Mamás en Línea, todas buscan lo mismo: justicia. Aceptan las reglas del sistema, pero los tiempos legales no son para ellas, por lo que deciden realizar su búsqueda implacable.

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