CALENTAR Y CONVENCER


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Noelia vive en una casa que también es taller, oficina y negocio de ropa katinga con las caras de Aníbal Fernández, Axel Kicillof y Luis D’Elía. Remeras y afiches bailanteros con las frases “Viva Perón Carajo”, “Odio tu puta oligarquía”, “El Amor Vence al Odio” y “No fue magia”. Son expresiones fijadas en un imaginario que oscila entre la cultura pop autóctona y un peronismo aggiornado: lo Nac&Pop, el kirchnerismo en vías de instalar su propia iconografía.

La creación de Noelia nació en las redes con una propuesta a la que algunos todavía no se acostumbran: la posibilidad de sintetizar erotismo y militancia. Calentar y convencer.

Yegua y groncha, dos insultos forjados al calor del odio de clase y el machismo vernáculos, son los elementos que Noelia eligió como constitutivos del ADN de su personaje. Es la identidad que asume para salir a interpelar y también, de alguna forma, lo que decide contar de sí misma: “Noelia Fois y Yegua & Groncha están tan unidas que me cuesta diferenciarlas. A veces pierdo el límite entre el personaje y yo”.

28a“Nos metemos con los que odian la justicia social”

Noelia, como la Yegua, es bajita, flaca, morocha. Tiene ojos marrones, grandes, unos cuantos mechones teñidos de azul. Habla muy segura de todo sin dejar de mirar fijo a quien tiene delante.

Las paredes de su casa tienen fotos de algunas de sus producciones: Noelia con su bikini de la cara y las manos de Perón, desnuda y tirándose leche sobre el cuerpo, y en tetas, con una maza y un fratacho. Pósters, un banner de su libro compilatorio, La buena Leche Peronista, una mesa baja con velas, plantas y libros como Patria Villera, de Damián Konfino, una edición de El Eternauta, y La Máquina de follar, de Bukowski. Delante, una foto enmarcada de Perón y Evita.

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Su personaje dice ser hija no reconocida de Guillermo Moreno. En cambio, Noelia es hija adoptiva de César, quien en 2013 pudo casarse con Gabriel “gracias a la dictadura kirchnerista”. También es nieta de Ruth, que “gracias al aguantadero de La Cámpora en la Anses, como dice el presidente procesado”, se pudo jubilar después de 50 años de trabajo en negro limpiando casas. Ruth, que en “la década perdida de ‘el patilla’” cayó internada por desnutrición en el hospital Evita Pueblo de Berazategui, en 2010 entendió que ya no era necesario ocultar su relación con Gladys, “su amor de los últimos 40 años”, y hasta fantaseó con la posibilidad de casarse cuando se aprobó el matrimonio igualitario.

Noelia, además, es hija de Vanesa, que “fue puta desde muy chica”, que nunca tuvo DNI, que recién pudo votar por primera vez en el ballotage en el que Mauricio Macri resultó presidente y que, claro, no votó por él. También era hermana de Dante: “El típico negro con gorrita que hace que algunos se crucen de vereda al verlo y se pongan a pedir mano dura, porque sí, por las dudas”. Dante fue asesinado a los 17 años. En una publicación de Facebook en 2015, Noelia cuenta que tuvo “su último contacto” en él un domingo de lluvia. “Con mi mano tirando al resto de su alma un puñado de tierra sucia del cementerio de Ezpeleta.”

8“Es una forma de decir ‘sí, soy negro ¿y qué?’”

Por todo esto, el mensaje de Yegua & Groncha, que finalmente nace de la borradura del límite entre su biografía y un pasado histórico de la Argentina que encontró continuidad en el kirchnerismo, no es sólo celebratorio. También es respuesta. Defensa y denuncia.

Al exaltar la identidad popular, se le contesta a otra: la del antipueblo. “Nosotros nos metemos con los que nos denigran, los que nos miran mal. Con los que, básicamente, odian que los negros accedan a cosas a las que antes accedían, odian la justicia social.”

Noelia es una groncha, una negra, una catinga. También una choriplanera y una kuka. Y su respuesta al odio profundo de los que están de ese otro lado de la grieta es la ironía y el humor, “porque si no es algo que duele”. “Esta es una forma de hacerse fuerte, una forma de decir ‘sí, soy negro ¿y qué?’” Por eso Noelia sonríe a pesar de los pesares. Por orgullo. Un orgullo que chorrea grasa.

La desnudez militante

Desde su origen, Yegua & Groncha tuvo que enfrentarse a distintas clases de detractores, de derecha e izquierda. “A mí no sólo me atacan los de la Iglesia por mostrar las tetas. Algunas feministas también me critican porque dicen que ‘cosifico el cuerpo de la mujer’. Yo creo que no entienden que esto es un producto artístico y que el mensaje que tratamos de dar es, en última instancia, el opuesto”, explica.

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“No todo cuerpo desnudo es un cuerpo cosificado”, explica, porque “si esto fuera así, tendríamos que destruir la mitad de las obras de arte, de literatura, de fotografía”. Por eso dice no sentirse una “mujer objeto”, sino una mujer sujeto que se desnuda por propia voluntad y con una convicción: “Mi libertad es lo que llevo por delante de todo. Y eso implica poder hacer con mi cuerpo lo que deseo, y exponerlo como se me antoje sin ningún tipo de tabú o prejuicio”.

Popular o peronista

Noelia, más allá de una filiación partidaria evidente, no duda en escindir el arte de la política e invita a pensarlos como conceptos que puedan condicionarse mutuamente. Por eso asegura que no se considera una artista K. “Me considero una artista. Y además, soy K. Llegué al kirchnerismo hace poco, pero hago arte desde hace mucho. De hecho, antes era troska y también era artista. En este momento estoy con esto, soy esto. Pero quizás en otro momento de mi vida haga otra cosa.”

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¿Es, entonces, lo de Yegua & Groncha un arte peronista? “En principio, no creo que exista un arte peronista de la misma manera que no creo que haya un arte popular. No concuerdo mucho con esas segmentaciones. Hay arte, y cada artista tiene encima un bagaje de experiencias o creencias propias que definen su laburo”, argumenta.

Pasillo angosto de una casa chorizo en Villa Luro. Al fondo, un cordón para colgar ropa, una pileta en la intemperie. Detrás de la primera puerta a la izquierda vive la artista Noelia Fois, creadora, modelo y cara visible del colectivo artístico de fotografía erótica Yegua & Groncha. Trabaja la imaginería peronista/kirchnerista en un sentido estético e invita a repensar el “ser conurbano” transformando la carga condenatoria de los estereotipos en una marca de identidad y orgullo.

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