“VOY A SER GOBERNADORA DE JUJUY”


Aquella tarde inusualmente calurosa, después del intenso frío de las últimas semanas, todavía tenía la incertidumbre de saber si lograría entrar al penal para verla. Faltaba la decisión de la nueva justicia jujeña.
Una llamada me comunicó que podría hacer la visita a Milagro. Inmediatamente fui a los medios gráficos Pregón y El Tribuno de Jujuy, para informar esta novedad.

San Miguel de Tucumán, 6 de julio de 2015 – En el marco del “ Foro por una Nueva Independencia, Nacional y Latinoamericano ” que se lleva a cabo en el Teatro San Martín se realizó la mesa “Con mujeres tendrá que pelear” con los disertantes Hebe de Bonafini (Argentina), Milagro Sala (Argentina) y Máxima Apaza (Bolivia), Piedad Córdoba (Colombia). Moderó Marta Dillon. Fotos:Romina Santarelli/ Ministerio de Cultura de la Nación

San Miguel de Tucumán, 6 de julio de 2015 – En el marco del “ Foro por una Nueva Independencia, Nacional y Latinoamericano ” que se lleva a cabo en el Teatro San Martín se realizó la mesa “Con mujeres tendrá que pelear” con los disertantes Hebe de Bonafini (Argentina), Milagro Sala (Argentina) y Máxima Apaza (Bolivia), Piedad Córdoba (Colombia). Moderó Marta Dillon.
Fotos:Romina Santarelli/ Ministerio de Cultura de la Nación

La ansiedad era cada vez más intensa. Busqué un taxi, lo tomé y le dije al chofer el destino del viaje. El conductor me miró por el espejo del auto sin hacer ningún comentario. Luego de andar unos kilómetros, frenó el taxi al costado de la ruta. Me sorprendí, pensé que había un desperfecto, pero el chofer, después de mirar para todos lados, dijo: “Yo tengo una casa gracias a Milagro”.
Nunca más, durante el viaje dijo una palabra. Sólo al acercarnos al penal, tocó dos veces la bocina. Entendí inmediatamente el mensaje, no era el único que lo hacía.
Luego de horas de espera, sonó un fuerte silbato y un agente del servicio penitenciario nos ordenó a todos que formáramos una fila. Me llevaron aparte, a una habitación de madera de la guardia de prevención del penal. En el lugar había dos oficiales y tres jóvenes guardianas. Reconocí a una de ellas como la hija de un compañero de estudio de la secundaria, la vi crecer y nunca imaginé que eligiera ese trabajo. Ella también me reconoció, pero siguió en una postura enérgica hacia mí.
Luego de un estricto cacheo, salí por una puerta que daba a un camino polvoriento y poco visible. El sendero parecía interminable, pero al fin, en silencio y con la mirada al piso, quizás recordando otros tiempos, otras visitas en otras épocas, entré al viejo pabellón de mujeres. Me rodeaban el característico ruido de puertas de hierro al abrirse y la mirada de las guardias, todas jóvenes. En el pabellón, me recibió una mujer de la Organización Barrial y Social de la Tupac Amaru, con su rostro bañado en lágrimas.

Sin título

“Yo sólo hice lo que tenía que hacer”, dijo la chica que nos recibió, “sacar el dinero para pagar a las 36 cooperativas el mes de diciembre y aguinaldo. Ahora estoy presa y mis hijos solos”. Sentí un nudo en la garganta y temía no poder controlarme. Luego siguieron los abrazos infinitos hasta que vi a Milagro. Me propuse no llorar, porque hay que darles fuerzas a todas ellas. Fue un abrazo largo y tan cálido, con “la mamita Milagro”.
Nos sentamos en el patio, las guardiacárceles pasaban permanentemente al lado nuestro, éramos filmados y nos sacaban fotos. Hablamos de varios temas y al final dijo ella: “Yo sé que voy a ser gobernadora”. Sonreí con aprobación, esas palabras desafiaban al destino.
Saliendo del Penal de Alto Comedero tomé mi cámara de fotos y disparé. Salió lo que tenía que salir: ahí está ella, mientras sonaban muy cerca en la ruta bocinas de autos, saludándola, y haciéndola sentir que no está sola.

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