CURADURÍA: LA FACETA QUE POCOS CONOCEN EN GUILLERMO KUITCA


Uno de los artistas más importantes de argentina no se limita únicamente a pintar y hacer instalaciones. Desembarcó en el mundo de la curaduría y acá te contamos cómo.

Por Sofía Herrera

Los artistas, galeristas y coleccionistas eran quienes brillaban en el mundo del arte. Pero con el paso del tiempo, se sumaron más jugadores a la cancha: marchantes y promotores de arte, representantes de artista, críticos, guías, coordinadores de cursos y talleres, auxiliares de sala y un sin fin de roles más como por ejemplo, el del curador. Aquel que se encarga de organizar la producción de la exposición. De sorprender al espectador. De crear una conexión entre las obras de arte y hasta de transmitir una historia.

Ese artista que en su primera exposición, a los trece años, se vistió de negro porque “así lo hacían los pintores”. Ese que después de ir a la escuela, se ponía a pintar en su casa. Ese que no se cuestionó ser un artista porque para entonces, ya era tarde. Ese es Guillermo David Kuitca. En la actualidad, con sus 59 años, es una de las figuras más grandes a nivel latinoamericano y mundial. Nueva York, Amsterdam, Washington DC, Venecia, Buenos Aires y Chicago son algunos de los rincones en el mundo donde el argentino lució sus trabajos. Incluso, en el teatro de ópera de Texas, lo llamaron para diseñar el telón del famoso Winspear Opera House.

En una entrevista con el diario El País, en 2019, Kuitca dijo: “ Pinto porque pienso que pocos espacios creativos hay donde la mirada esté tan comprometida como en la pintura”. Y como artista contemporáneo, se considera crítico. No sólo de su propia labor, sino también con el ambiente en el que se desarrolla.

En octubre de 2017, una gran exhibición se adueñó del Centro Cultural Kirchner. Y es que tan sólo una muestra, de la parisina Fundación Cartier, permitió que Guillermo se desplegara de otra manera. Las obras de 23 artistas, de distintas nacionalidades, fueron curadas por Kuitca. Fotografías, instalaciones, vídeos, esculturas, pintura y dibujos. Así, con distintos soportes y formatos, “Les Visitants” ocupó el sector de La Gran Lámpara, junto al sexto y séptimo piso.

“Guille no fue un curador convencional. Podríamos decir que él fue como el director de una orquesta”, dice Martín Touzón, quien trabaja como su asistente desde mayo de 2016 y quien también participó de esta segunda parte de “Les habitants” (2014). Kuitca como curador y Martín como coordinador y productor del proyecto, ambos trabajaron en esta colección, auspiciada por la Embajada de Francia, el Instituto Francés y el Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos.

Es quien le dio sentido al proyecto. El que tuvo la capacidad de saber dónde poner el ojo. El que estuvo atento y permitió que todos trabajen. El que supo en qué momento marcar algo específico, para hacer que las cosas mejoren. El que estuvo consciente del otro, y aun así respetó los tiempos y espacios. Así es como Martín describe a Guillermo como curador. Ambos, durante dos meses, previo a la inauguración en el CCK, se juntaron todos los días: “Por un momento casi que nos instalamos ahí. Lo único que nos marcaba la rutina era el horario de apertura y cierre que tenía el lugar”.

Dos meses donde estuvieron la mayor parte del tiempo trabajando en conjunto. “Aunque no tenemos una segmentación de trabajo tan corporativa, nuestra comunicación es directa y lineal”, dice Martín, también artista visual. Fueron muchas las tareas que hicieron: desde el armado de maquetas hasta la selección de obras. Desde corroborar la disposición de los espacios, hasta el análisis del recorrido de la muestra. Todo fue consolidado en un boceto, que después se pasó a un plano para corroborar, dentro del proceso de revisión, si se podían llevar a cabo en una cuestión práctica. “Esos meses fueron para ajustar cosas, por eso recién fuimos al lugar cuando todo comenzó a tornarse material. Cuando la muestra pasó de una virtualidad a la realidad”.

Según Touzón, él se desplegó como un artista más, haciendo que sus colegas tengan la posibilidad de ser exhibidos y compartidos de la mejor manera: “Tomaba las decisiones que había que tomar, y dejaba que el resto hiciera lo que sabían y tenían que hacer”. Entre los siete meses de exposición, donde los acentos más fuertes fueron Francia, Japón y África, el argentino se mantuvo obsesivo, comprometido y perfeccionista dejando a la luz sus intereses y ganas de curar. Y sin dejar de lado su creatividad, sintió que se inspiró por encima de un collage gigante de piezas de otros artistas. “Había decisiones que él tomaba solo, por su trayectoria y experiencia, y otras que compartía con el resto. Aunque no era una cuestión estructurada”, dice Martín.

Pero Guillermo se sintió raro. Lo vivió con mucha responsabilidad, y hasta casi ni se sintió como tal. Aclaró que no se consideró un curador, en el sentido tradicional, y según él abordó las obras de manera intuitiva y abierta: “Dejé que ese sistema de obras me abrieran a otra”. Y si bien no asistía al Centro todos los días, hubo encuentros donde las personas se acercaban a saludarlo.

Trabajar con él, para muchos es una fortuna. Una especie de formación. La exigencia de los proyectos que surgen alrededor de Kuitca son ambiciosos. “Aprendo todos los días y es nutritivo para mí en un doble plano, tanto en lo personal como en lo profesional”.

En la actualidad, en medio de la pandemia, tanto Guillermo como su asistente se preparan para la tercera parte de Les Habitants: Les Citoyens. Una exposición que estaba proyectada para este 2020, pero que el coronavirus impidió. Trienal de Milán, el museo ubicado en el norte de Italia, rodeado de naturaleza y colores terracota, será el próximo destino para la curaduría de Kuitca.

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