DESDE AFUERA


Muchos taxis no dejaron de funcionar a pesar de los cortes programados para este viernes por la mañana. La jornada fue normal para los que, a pesar de estar a favor de las manifestaciones contra la empresa de redes de transporte, estuvieron trabajando desde temprano.

Por Rocío Antolich

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Fuera Uber, decía un cartel pegado en la puerta del taxi de Julián, un chofer que ejerce hace más de 25 años y asegura: “ni loco me inscribo en Uber, prefiero dejar de trabajar”.
Su mayor preocupación es la escasez del trabajo, porque si funciona Uber, los viajes se dividen, entonces la ganancia sería menor. La labor que ejerce todos los días en la calle se ve muy reducida desde que llegó la empresa estadounidense y el cambio se hace notar.

El clima del viaje fue tenso, si bien él apoya a sus compañeros, al mismo tiempo tenía que salir a trabajar. “No estoy con ellos porque necesito laburar, necesito la plata”, admitió.
“Para trabajar en Uber no necesitas carnet profesional”, contó intranquilo y agregó: “sin el carnet, el control de alcoholemia te puede dar hasta 0,5 y es peligroso para el pasajero y para el chofer. Los remiseros, taxistas, colectiveros y quienes manejan las ambulancias deben tener un total de cero alcohol, con ellos debería ser igual, es un tema muy importante”.

Cada vez que pasaba por un punto de manifestación comenzaban los bocinazos de él y otros taxistas que justo estaban por ahí. El apoyo se hacía notar, también las ganas de estar acompañándolos.
Desde adentro se saludaban, las miradas entre ellos eran cómplices, parecía que todo iba saliendo bien, aunque también estaban los vecinos, transeúntes y conductores particulares con enojo, muchos los apoyaban, y tantos otros se molestaron con el colapso en el tránsito.

“Estoy totalmente en contra de Uber, me parece muy mal la ilegalidad y apoyo a quienes están cortando, este paro es una medida de fuerza, de resistencia”, agregó Julián.

A diferencia de otras manifestaciones, donde los taxistas son quienes padecen la demora en la calle, esta es la contracara de la rutina. “No es la mejor forma de reclamar”, admite el conductor, pero de alguna forma debían hacerse escuchar, para intentar lograr la prohibición del funcionamiento del nuevo método de transporte.
Otro de los problemas que recordó Julián fue el contrato de los choferes y la cantidad de dinero que deben gastar tanto en la licencia, como en el seguro. “Un auto particular, como los que utilizan en Uber, paga 850 pesos de seguro, a un taxi le cobran el doble”, contó con indignación, mientras continuaba su viaje.

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