ECONOMÍA CON FUTURO INCIERTO


Daniel Scioli, candidato a presidente por el Frente para la Victoria (FPV), promete la profundización de un proceso industrializador. Sin embargo, se abren algunos interrogantes.

Por Leonardo Toccaceli

Para nota _Economía con destino incierto_

“¿Qué herencia le deja Kicillof?”, le desliza Gustavo Sylvestre a Silvina Batakis, posible Ministra de Economía si gana la fórmula oficialista. “Un mercado interno totalmente dinamizado, que nos sirve para pararnos en frente a estas cuestiones internacionales y seguir sosteniendo el empleo de cada una de las personas. Creo que eso es lo que hay que mirar, cómo se dinamizó el mercado interno”, responde ella. Sin embargo, mientras Daniel Scioli promete dentro de su plan económico de gobierno continuar por la senda de la industrialización que comenzó el kirchnerismo, tiene problemas de contexto local e internacional que resolver en el medio.

La herencia de estos últimos 12 años de gobierno no sólo es un mercado dinamizado, es un país desendeudado, o en vías de hacerlo de forma sustentable, con los principales organismos multilaterales. El plan de la futura ministra es pedir deuda en estos mismos organismos, como el Club de París (con quien se negoció un programa de quita y pago de deuda), para financiar obras de infraestructura estratégica que requiere la industria para el desarrollo económico del país. En este sentido, la promesa de campaña pasó por un plan de gobierno con eje central en la producción industrial, el desarrollo de la ciencia y el aumento del trabajo con alto valor agregado. Sin embargo, lo cierto es que el contexto que no lo ayuda tanto.

La industria creció en estos años pero todavía no llegó a salvar la destrucción que sufrió después de los intentos fallidos de industrialización de Perón y Frondizi, con golpes de Estado de por medio. Esa falencia, en cambio, se resolvió con “curitas”, o mejor dicho, con divisas. El modelo de sojizaciòn compulsiva que se promueve desde hace 20 años brindó el excedente de dólares que permitió el crecimiento de la industria. Después del 2003, el número de Pymes creció paulatinamente de 400 mil a 600 mil empresas. El Estado, en medio, tomó medidas que las protegieron y permitieron cierto crecimiento, pero en una coyuntura que era favorable. Néstor y Cristina Kirchner, ambos, pudieron impulsar acciones y políticas de gobierno que tendían a la industrializaciòn gracias a un excedente superavitario por precios internacionales altos.

Muy distinto es el horizonte que enfrenta Daniel Scioli hoy en día. La tonelada de soja que cotizaba a 680 US$ en 2012, hoy cotiza a 350 US$. El precio del barril de petróleo, que tuvo picos de 146 US$ por unidad en 2008, hoy se comercia a 46 US$. La economía mundial no muestra señales claras de recuperación definitiva: China devaluó su moneda hace un mes y estabilizó el crecimiento de su PBI anual en 7.5%, un 2.5% menos que la cifra anual de crecimiento en los últimos 30 años. Estos números afectan a la economía global, ya que desde 2013 China desplazó a los Estados Unidos como el principal país comerciante del mundo. Por su parte, la Unión Europea no dispuso una solución definitiva a la crisis económica griega y Estados Unidos no da señales concretas de haber salido de la época de vacas flacas.

Sí es posible llevar la promesa de campaña a la práctica; aunque el atraso industrial, sumado a otras causas -como el costo de transporte-, es el que quita competitividad al país y deja al sciolismo en una situación incómoda: quiere industrializar el país pero, para hacerlo, necesita divisas que no tiene y los productos que tiene para vender para conseguirlas han bajado drásticamente sus precios.

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