EL ALUVIÓN ZOOLÓGICO Y LA LEALTAD DE OCTUBRE


“He aquí una de las columnas que desde esta mañana se pasean por la ciudad en actitud revolucionaria. Aparte de otros pequeños desmanes, sólo cometieron atentados contra el buen gusto y contra la estética ciudadana afeada por su presencia en nuestras calles. El pueblo los vio pasar, primero un poco sorprendidos y luego con glacial indiferencia”. Así definió el diario Crítica una foto de la manifestación en su tirada de la tarde, sin imaginarse la explosión social que provocaría dicha marcha. Un puñado multitudinario de personas se agruparon en la Plaza de Mayo para exigir la libertad de Juan Domingo Perón. Cruzaron a nado el riachuelo, caminaron eternas cuadras -durante todo el día- hacía el corazón de la Capital Federal donde hicieron retumbar el hormigón y el asfalto que era transitado por autos lujosos. Un solo grito los unía y les hacía reventar el pecho de orgullo: “Queremos a Perón”. Pero ¿Por qué el pueblo demostró tanta lealtad a un coronel? ¿Qué había cambiado en la sociedad para que más de 200 mil personas hicieran sentir sus voces en búsqueda de defender a un político que no habían elegido?

Por Tomas Mileo

La Argentina agroexportadora de los terratenientes -la cual no generaba más que una enorme concentración de las ganancias y una nula distribución de recursos- había finalizado. La Década Infame que derrocó a Hipólito Yrigoyen en 1930 se retiró de la misma manera después de 13 años en el poder. El 4 de junio de 1943 tomó las riendas del país Pedro Pablo Ramírez, por lo tanto la sociedad seguía sin poder elegir gobernantes y la política se mantenía en práctica tocando la puerta de los cuarteles militares y con intereses adinerados.

La diferencia de este mandato naciente fue impulsada desde la Secretaría de Trabajo y Previsión conducida por Juan Domingo Perón. Desde ahí, el coronel decidió poner en práctica medidas revolucionarias para ese entonces. El obrero y el peón de campo no tenían noción de sus derechos, el sindicalismo no cumplía el rol de estos días donde es mediador entre el empleado y el empleador y permitía constantes embestidas sobre la clase trabajadora. Los salarios no se ataban a la realidad, las jornadas laborales eran de 12 horas y no había días de descanso. Mediante la gestión del Secretario “Los grasitas” obtuvieron jornadas laborales de ocho horas, indemnizaciones ante despidos, jubilaciones, convenios colectivos de trabajo, sueldo anual complementario (aguinaldo) y estatuto del peón, vacaciones pagas y licencias por maternidad o enfermedad. “Hicimos una Revolución Justicialista”, dijo Perón alguna vez para describir este proceso.

Este antes y después en el nivel social argentino no conformaba a las alas más duras de la política -a quienes Perón había invitado a que sean partícipes de este plan que se llevaba a la práctica- debido a que veían en él a un coronel comunista o fascista/nazista. Consideraban a esta oleada de derechos legítimos como un envalentonamiento innecesario que rompía las normas de convivencia argentinas. Entre el clamor popular y las tensiones mediáticas y militarmente políticas, el 8 de octubre de 1945 Perón fue obligado a renunciar a todos sus cargos tras una disputa con Eduardo Avalos -jefe de la guarnición de Campo de Mayo- quien tomó su lugar en la Secretaria de Trabajo con la misión de replantear y dejar sin efecto las conquistas de la clase obrera. Tres días más tarde, el coronel fue detenido por el ejército y trasladado a la Isla Martín García. “Perón ya no constituye un peligro para el país”, tituló el diario Crítica.

Una vez que se supo sobre la detención de Pocho -así le decían al coronel-  la clase obrera se envolvió en las banderas de pequeñas huelgas para demostrar su disconformidad ante la decisión. Ante la poca respuesta del Comité Confederal de la Confederación General del Trabajo -el cual planificó una huelga general para el 18 de octubre, pero no incluía en dicha práctica la exigencia de libertad para Perón- fueron los mismos trabajadores que tomaron las riendas de la situación y en la madrugada del día 17 comenzaron la peregrinación a Plaza de Mayo.

En consecuencia a semejante acto de lealtad, Perón fue trasladado desde la Isla Martín García al hospital militar donde se reunió con Edelmiro Farrel -Presidente de ese entonces- y pactaron la convocatoria a elecciones para febrero de 1946. Al finalizar el encuentro, el ex Secretario de Trabajo se dirigió a Casa Rosada para dar un discurso a su gente y así demostrar que estaba otra vez en el ruedo político. “Siempre he sentido una enorme satisfacción, pero desde hoy sentiré un verdadero orgullo argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de los trabajadores”, gritó Juan Domingo ante el estallido popular que miraba y oía atónito. Tenían a su Santo con ellos, nuevamente.

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