EL DIABLO ESTÁ EN TODOS LADOS


Una reseña sobre la nueva película de Netflix: The Devil All The Time. Se trata de una película de suspenso psicológico, estrenada a mediados de septiembre último.

Por Sofía Steinbeisser

Cuando vi el título The Devil All The Time o El Diablo a todas horas no lo entendí. Vi el trailer y tampoco lo entendí. Quizás, simplemente, es una película que hay que ver sin desviar la atención en sus casi dos horas y veinte de duración para comprenderlo. Creo que lo primero que podría decir sobre este film es que no es recomendable verlo con sueño o estando despistado. O quizás, es un despistado el que no se da cuenta que el diablo está a toda hora.

Adaptación de la novela gótica The Devil All The Time deDonald Ray Pollock, con un reparto llamativo y actuaciones solventes,desde el minuto uno la película nos sumerge en una atmósfera desconocida, siniestra y, sobre todo, ultra religiosa. Ambientada en los años cincuenta y sesenta en el sur de los Estados Unidos, ese sur que escritores como William Faulkner o Carson McCullers definieron a lo largo del siglo XX como grotesco y conservador, en la película ocurren sucesos tan crudos como absurdos que giran alrededor de su personaje principal: Arvin Rusell (Tom Holland). Todo lo que sucede en la película, desde el contexto histórico, que marca la transición del fin de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Vietnam, hasta cada mínima acción de cada personaje, recae en el pobre Arvin: huérfano, víctima de todo tipo de traumas y, básicamente, yanki víctima de más bullying yanki.

No es novedad que la Iglesia católica desde siempre ha sido bastante gore: Jesús caminando kilómetros ensangrentado cargando la cruz en sus hombros, siendo torturado y luego colgado de esa misma cruz. Y es que, de esa manera se fundó también la sociedad occidental: su bautismo no fue en agua, sino en sangre. Lo vemos en cada Iglesia, en las millones y millones de personas que le rezan a la figura del martirio de un hombre. Con el correr de los años, cada vez hay más películas y series donde lo terrorífico es una monja o un cura que da más miedo que el mismísimo diablo. Esto no escapa de la realidad, donde las noticias se ven plagadas de casos de curas pedófilos, curas violadores y, Antonio Campos, co escritor y director de la cinta, no pierde de vista estos elementos a la hora de crear la película.

El diablo está a toda hora, el diablo se presenta en los personajes más podridos, corruptos y corrompidos. Está en el extremismo religioso que modifica el comportamiento de las personas, un fanatismo ciego que lleva al delirio. Delirio es también lo que mueve a estos personajes tan extravagantes y peculiares. Ver esta película es una montaña rusa de sensaciones oscuras como la ansiedad y el miedo, pero también, contiene una violencia tan particular que llega a ser hasta absurda como un suicidio accidental. Vemos una violencia mortificante y llena de simbologías:  una Iglesia en medio de un cementerio y un hombre que encuentra a Dios en la muerte. La muerte ronda en torno a los habitantes de estos pueblos sureños, tan primitivos desde ciertos aspectos y reacios a los cambios de paradigmas. Allí, como dice uno de los personajes: “Algunas personas nacen para ser enterradas”.

Si hay algo que llama la atención sobre la cultura católica (aunque esto forma parte también de tantas otras religiones) es la imposición de la castidad. Lo puro es virginal. La dicotomía entre una pulcritud sorda y el mal representado en el flagelo parecieran describir un escenario de posibilidades que terminan en la manipulación con el fin de satisfacer el ansia que genera la prohibición. Lo prohibido genera ganas de romper las reglas, de abandonar normas. The Devil All The Time está bañada en mensajes y conceptos bíblicos que hacen referencia al Antiguo Testamento, donde nos encontramos con un Dios que no es para nada misericordioso. Allí, cada promesa rota y cada acto “impuro” es castigado. La idea de la existencia de un supuesto destino se vuelve de carne y hueso y pareciera haber un poder sobrenatural, una omnipotencia invisible, que genera que cada uno de sus personajes termine en el lugar y hora correctos para ocasionar una especie de tragedia surrealista.    

No es difícil notar que realmente el Diablo está presente a toda hora, ya que en esta película no es tan difícil notarlo. Sus personajes son demasiado prototípicos de la maldad, hasta los más buenos (quienes rozan la ingenuidad o la estupidez) hacen daño excusándose en la imagen de justiciero.

¿Es la maldad inherente a lo humano? Pareciera que sí. Thomas Merton, escritor católico, poeta, activista social y estudiante de religiones comparadas escribió una vez sobre el gótico sureño (subgénero de la narrativa gótica) de la escritora estadounidense Flannery O´Connor: “¿Quiénes son las buenas personas? Son muy difíciles de hallar. Entre tanto, tendremos que contentarnos con las malas personas, tan respetables que resultan horribles, tan horribles que resultan cómicas, tan cómicas que resultan patéticas, pero tan patéticas que sería horroroso tener piedad de ellas. Tan cómicas que uno no se atreve a reír demasiado fuerte ante el temor de atraer a los demonios del desprecio”.

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