EL VIDEOCLUB QUE PASÓ DE OFRECER PELÍCULAS DE CULTO, A VENDER GOLOSINAS.


El Salón indio del Gran Café fue el lugar de París que eligieron los hermanos Lumière para realizar la primera proyección cinematográfica de la historia, en 1895. Con el correr del tiempo, el mítico lugar que fue la cuna del cine se convirtió en una agencia de viajes de turismo.

Por Juan Ignacio Pérez

Videoclub

Lejos de París, aquí en Buenos Aires y en 2015 otro lugar emblema del cine sufrió una metamorfosis notable: el videoclub “El master” pasó de vender películas de culto a vender golosinas. Hace tres meses los dueños del lugar decidieron instalar un kiosko donde antes funcionaba el videoclub para poder subsistir.
El local, ubicado en Rivadavia 4654, en el barrio porteño de Caballito nació hace treinta años. Como en la zona tenían mucha competencia de negocios similares, los dueños pensaron de qué manera se podían diferenciar de los demás locales. “Y se nos ocurrió la idea de traer películas clásicas que nadie tuviera y que eran muy difíciles de conseguir”, cuenta Angélica Nuñez, dueña del lugar desde sus inicios.
La estrategia dio resultados rápidamente. El lugar pasó a ser una referencia para los cinéfilos del barrio y las zonas aledañas que buscaban y no encontraban determinado film. “Con el boca a boca nos hicimos conocidos. Por ejemplo, cuando un cliente de un Blockbuster pedía una película y no la tenían, los mismos empleados los mandaban para acá”, recuerda Mario Ríos, el otro dueño del local.
Con más de 50 mil títulos disponibles, “El Master” se convirtió en un lugar de culto para los amantes del séptimo arte. Entre sus títulos se encontraban obras clásicas de Fellini, Hitchcock, Kubrick, Capra. Y piezas del cine antiguo soviético de propaganda política como “La huelga” o “El acorazado Potemkin” de Serguéi Eisenstein. “Llegamos a conseguir los primeros cortos de cine mudo argentino”, relata Mario acerca de las películas históricas que poseían.
Allí iban frecuentemente los estudiantes de las carreras de cine en busca de películas que nadie más tenía, productores de televisión que necesitaban determinado material para informes e incluso representantes del Ministerio de Cultura de la Nación que hacían pedidos de películas que sólo allí tenían.
El local atravesó múltiples circunstancias que atentaban contra su actividad, como por ejemplo la llegada del cable, el auge de la era de Internet, la instalación en la zona de las grandes cadenas de salas de cine y la venta callejera de películas “piratas” (A metros del lugar se encuentra el Parque Rivadavia, donde prolifera la actividad).
“El Master” supo sobrellevar estas vicisitudes hasta que recibió en 2013 un duro golpe del que no se pudo reponer hasta el día de hoy. El 23 de diciembre de ese año irrumpieron en el local un fiscal y cuatro policías con la orden de clausurar el videoclub ya que argumentaban que allí se vendían películas de manera ilegal.
Sin importar las explicaciones de sus dueños que sostenían que todos los films estaban en regla y se podían comercializar, la policía llenó varias bolsas con películas (alrededor de 30 mil títulos), las cargaron en un flete y se las llevó.
Enterados de la noticia, los vecinos y socios del videoclub se organizaron para brindar su apoyo a los dueños y manifestarse en contra de la forma “arbitraria e injusta” en que fue cerrado el lugar y la incautación del material que tanto trabajo les contó conseguir a Mario y Angélica.
El videoclub también cuenta con el apoyo de miles de personas a través de una página de Facebook donde los participantes dejan mensajes de afecto a sus dueños y de repudio a la manera en que fue clausurado el lugar.
La causa está actualmente en la justicia y sus dueños esperan que les devuelvan las películas que se llevaron hace más de dos años. Todavía conservan algunos films disponibles a la venta pero el principal ingreso del lugar son las golosinas que compran los chicos antes de entrar a la “Escuela del Parque” que se encuentra en la zona. “Todavía tengo esperanzas de que todo se solucione de una vez”, dice Angélica con nostalgia, a la espera de que la película que le tocó vivir “tenga un final feliz”.

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Guillermo

Agradezco tus palabras y tu interes , y si hoy hace ya dos años de idas y venidas , por suerte y con mucho sacrificio hemos podido sobrellevar el mal trago , pero a mi me enseñaron que de esta tierra nadie se va sin pagar por los daños que ocaciona , yo mejor que nadie se por lo que paso Angelica , hasta amenazas telefonicas , han habido , pero nada de eso nos hizo retraceder .

Luis Castor Cruz

Mi solidaridad con Angélica y Mario…recuerdo que allí conseguí una verdadera joya: el documental “Titicut Follies” de Frederick Wiseman, subtitulado…y tantos otros títulos…Soy periodista y crítico cinematográfico y desde mi espacio/tiempo en los medios siempre me interesé y me sigo interesando por lo que ocurrió en “El Master”..
¿Resulta extraño que a las pocas horas del “allanamiento” se vendían copias truchas en la vereda…a menos de tres metros de la puerta del videoclub?
¿Connivencia entre “manteros” y policías?…Recordemos que todo se inició en una “denuncia particular” (un oficial de policía)…
¿Porqué tenemos que acostumbrarnos a estos “procedimientos”?
Aún hoy ni Angélica ni Mario saben del paradero de los casi 50000 títulos “embolsados” ese diciembre…
Ya sé…alguien me va a decir que “hay cosas peores”…

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