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EL VOLEY SEGÚN PABLO PEREIRA


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Hombre de mil batallas. Medalla de Oro en los Panamericanos en 1995. Se define como un trabajador. Con el overol puesto y de perfil bajo: Pablo Pereira, ex selección argentina de voley, volvió a entrenarse luego de cuatro años. Los alumnos de Éter disfrutaron de la experiencia del actual jugador del Club Italiano, que repasó su carrera, su vuelta a la actividad, el combinado argentino y su participación en el Mundial.

Por: Sebastián Sánchez  (@sebasanchez19)

“Pasó dos o tres veces que cuando se consiguen logros comienzan los egos que llevan a un quiebre. Para que el deporte crezca necesita tener una continuidad, lejos de las peleas”, comenzó Pablo Pereira. El punta-receptor jugó en Gimnasia Esgrima de Buenos Aires, Club de Amigos, River, Palavollo Lamezia de Italia, Chovet, entre otros. Formó parte de equipo campeón de los Juegos Panamericanos de Mar del Plata en 1995 y estuvo en el Mundial de Japón de 1998. Además, fue entrenador del equipo femenino de Banco Nación. Pero hoy, por insistencia de Ricardo Solla volvió calzarse el overol sin mangas para entrenar en el Club Italiano, ya que por un error en el tiempo de su anotación todavía no pudo volver de manera oficial. “Llegó un momento que discutía con chicos de 18 años y dije basta. Me estaba pasando de rosca porque había una diferencia tremenda. Descansé un poco y empecé como técnico. Pero este año volví y creo que le encontré de nuevo el gusto”, comentó. 

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Las preguntas empezaron a surgir y el tema caliente de la participación argentina en el Mundial se hizo presente. Si bien Pablo confesó no haber seguido intensamente el Campeonato del Mundo, el ex jugador de la selección opinó: “Los últimos dos partidos era lo que queríamos ver. Creo que les costó entender a Julio Velasco. Aún así pienso que Argentina puede estar siempre entre los ocho mejores”. De acuerdo con lo que se viene para este grupo, Pereira dijo: “Tiene que haber reglas de convivencia y de trabajo. Espero que se cumplan. El grupo tiene que saber la función de cada uno, pero tampoco tiene que ser riguroso porque el jugador tiene que tener la capacidad de decidir en ciertos momentos”.

Luego de su experiencia por el Palavollo Lamezia de Italia, Pablo Pereira eligió jugar en Argentina por el nacimiento de sus hijas. El punta-receptor aceptó la propuesta de River porque le quedaba cerca de su casa. El pensamiento ante cada pregunta, las respuestas pausadas y sus estáticas cejas tupidas hablan de su tranquilidad. “La mejor y peor decisión fue en el mismo momento. Yo estaba en Italia y mi mujer estaba embarazada de mi primera hija. Ella tuvo un desprendimiento de placenta y tenía que hacer reposo completamente. A mí me llamaron para ir a la Copa América y dije que no. Fue la mejor decisión, no me arrepiento de haberme quedado con mi mujer. Pero a su vez, ahí se me cerró la puerta a la selección”, contó.

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Pablo sabe que su experiencia lo mantiene activo. “No puedo estar a la par de los chicos de ahora”, reconoció.  Hoy pertenece a la Asociación de Entrenadores y Trabajadores del Voleibol Argentino (AETVA), que se creó a principio de este año pero que todavía no le salió la personería jurídica. “Lo necesitan los entrenadores y jugadores. La idea es que sea nacional, hacer perfeccionamientos y cursos. Por más que esté Internet, los que traen las novedades son los técnicos que trabajan afuera. Pero son charlas de café y muchos en el interior no tienen alcance. Esa información tiene que llegar a todos para tratar que el voley crezca”, cerró. Para ese momento, la aguja que marca los minutos ya casi había dado la vuelta entera, las palmas aparecieron en agradecimiento y una foto con todos los alumnos le terminó de dar el final.  

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