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Escribir cuando la historia todavía no era mito

Gloria Guerrero (Buenos Aires, 26 de marzo de 1957) es una periodista fundamental para entender la relación entre el rock nacional, la cultura juvenil y la prensa en la Argentina. No llegó al rock cuando ya era patrimonio cultural: escribió desde adentro de la escena, mientras se formaba, se disputaba sentidos y se convertía -a veces sin quererlo- en industria.

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En 1972, inicia su camino en el periodismo: “junto a un grupo de gente de Lincoln hace la primera revista alternativa gratuita de Buenos Aires; las páginas estaban mimeografiadas con esténcil, y quienes querían sumar sus colaboraciones podían mimeografiarlas y abrocharlas con la revista. Se llamó Primero Confluir, y se repartía en Parque Centenario y Parque Rivadavia, o en los recitales, en donde se les pedía una pequeña contribución a quienes la requerían, que a veces daban a cambio sus pulseritas trenzadas”, cuentan en Al taco (Gourmet Musical, 2023) las periodistas e investigadoras Carolina Santos, Gabriela Cei y Silvia Arcidiácono, que recorre la historia del rock argentino hecho por mujeres entre 1954 y 1999.

Guerrero comenzó a publicar en revistas alternativas a los 15 años y en 1976 ingresó a Expreso Imaginario, una de las publicaciones centrales del rock argentino, donde fue redactora, crítica de espectáculos y coordinadora general de redacción. En plena dictadura, el rock funcionaba a la vez como refugio, lenguaje cifrado y espacio de circulación política y cultural. Guerrero se las rebuscó para narrar ese mundo.

Desde comienzos de 1979 colaboró en la revista “Rock Superstar”, y finalmente se convirtió en su jefa de Redacción. Un año después fue jefa de Redacción de “Hurra”, dedicada al público adolescente. Al mismo tiempo, publicaba sus notas en “Humor Registrado”, revista de humor político, artes y espectáculos, donde en 1981 se inauguraron “Las Páginas de Gloria”, su sección exclusiva que continuó hasta 1997. Simultáneamente, se desempeñó como coordinadora y, luego, como Secretaria de Redacción de “Humor”.

Su trabajo en estas revistas marcó una época y construyó un archivo invaluable del rock argentino de los años ochenta y noventa. Entrevistas, crónicas, críticas y escenas mínimas registradas en caliente, cuando los discos todavía no eran clásicos y los músicos aún no despertaban pasiones populares. Esa temporalidad es clave en toda su producción: Guerrero escribió en presente, asumiendo que la crítica no predice el futuro, sino que da cuenta de su tiempo.

A fines de los años noventa fue editora principal y secretaria de redacción de la edición argentina de Rolling Stone, donde consolidó una mirada exigente sobre la crítica musical. Se animó a publicar reseñas incómodas, incluso negativas, frente a figuras consagradas. En 2004 entró a Clarín y en 2009 a Página/12. Para Guerrero, la crítica no era una traición ni una provocación gratuita, sino parte central del oficio.

Además de su trabajo en prensa gráfica, desarrolló una extensa trayectoria en radio y televisión como columnista, conductora, productora y guionista. Su figura atravesó redacciones, estudios, recitales, camarines y giras: el periodismo como presencia, escucha y circulación.

Publicó libros fundamentales: en 1994 La Historia del Palo (Diario del Rock Argentino 1981-1994); en 2005, Indio Solari: el hombre ilustrado y en 2010, Estadio Obras: El templo del Rock (Elogio de la Sed) donde combinó investigación, memoria y archivo con una escritura precisa, sin mitificaciones. En ellos, desde distintos rincones, recorre la escena del rock argentino como espacio cultural, político y generacional.

Ser mujer en un mundo dominado por varones no fue, en su relato, un eje victimista, pero sí una condición permanente de examen: saber más, argumentar mejor, sostener criterio. Esa exigencia -convertida en método- elevó la vara del periodismo musical y dejó una huella duradera para quienes vinieron después.

Guerrero construyó buena parte de su autoridad a fuerza de entrevistas que hoy son archivo duro del rock: estuvo entre las primeras en conversar con Luca Prodan y con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, cuando todavía eran un secreto a voces, y a lo largo de los años dejó diálogos memorables con figuras como Luis Alberto Spinetta, Charly García, Fito Páez y Pedro Aznar. También cruzó fronteras en sus notas con nombres internacionales como Franco Battiato, Tony Levin y Bruce Dickinson. Reunió testimonios de artistas de distintas generaciones -de Juan Carlos Baglietto a Andrés Calamaro, de Juanse a Divididos, de Los Pericos a Pil Trafa- para contar, desde la voz de los protagonistas, cómo el rock argentino se volvió Historia.

El legado de Gloria Guerrero no es solo un valioso conjunto de textos y libros, sino una forma de entender el oficio: escribir sin pedir permiso, ejercer la crítica como responsabilidad pública y registrar la cultura cuando todavía late, antes de que el tiempo la convierta en mito.

Fuentes:

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