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Una vida en la ruta: el hombre de las 99 argentinas 

Conocé la historia de Eduardo Massa, un camionero de Cipolletti que trabaja de lo que sueña desde “la cuna”: recorrer las rutas como transportista.

Créditos: Transporte Vesprini
Créditos: Transporte Vesprini

Eduardo Massa, de 57 años y oriundo de la ciudad de Cipolletti, Río Negro, recorre las rutas de nuestro país en camión desde muy joven. Nos cuenta cómo es la vida del camionero, qué ganó y qué perdió a lo largo de todo su viaje. 

Para él, la historia arranca con su papá que tenía “una debilidad” por los camiones, por el transporte. También en la exploración armando un camión “muy, muy viejo” enfrente de la casa de su abuela y con el cual salió a trabajar por primera vez. “Y a soñar con ser caminero y poder tener muchos caminos”, cuenta el transportista. 

-¿Qué te motivó a elegir esta profesión? 

-De chiquito vi camiones en mi casa y cuando venían las vacaciones de la escuela era viajar a Bahía Blanca donde tenemos gran parte de la familia, acompañándolo a mi papá. Yo me acostaba a dormir sobre un colchoncito, mi papá arrancaba el camión en la mañana y mi canción de cuna era el ruido de un motor. Creo que camionero se nace

-¿Recordás cuál fue tu primer viaje? 

-Terminaba la escuela y me subía con mi papá, con mi tío Mario y viajaba con los choferes de la empresa y ellos me hacían manejar. Llegando casi a los 17 años surgió un viaje de Allen a Santa Cruz, no recuerdo qué problema tuvo mi papá y arranqué con los choferes, así llegué manejando solo a Comodoro Rivadavia, esperé la carga y volví. Cuando llegué mi papá estaba muy enojado porque no tuve como avisarle pero bueno cuando le di la plata que había ganado porque me adelantaron el viaje, se le pasó. 

-¿Cómo es un día típico cuando estás de viaje? 

-Me levanto muy temprano, repaso todo el camión, me tomo unos mates, le voy a cargar los tanques de combustible, reviso todo y arranco muy temprano con poco tráfico. 

-¿Qué cosas no pueden faltar en tu camión antes de salir a la ruta? 

-Sábanas limpias, ropa, mate y termo. 

-¿Qué piensa un camionero en tantas horas en compañía de la ruta? 

El camionero pasa tantas horas viajando que solo él sabe lo que pasa por su cabeza. Uno piensa en la familia, y en cómo estarán. Llora… soy un tipo que llora mucho, extraño mucho, pienso cómo puedo hacer algo mejor, cómo puedo ayudar a mis hijos y cuántos días me faltan para llegar a casa. 

Créditos: Marcelo Manera / La Nación

-¿Podés compartir algún código que tengan entre choferes? 

-El camino es una hermandad. Es durísimo lo que te voy a contar: hace un tiempo atrás, en el invierno, vuelca un camión en Chile y el chofer que venía atrás era el hermano de la vida, eran compañeros. Cuando va corriendo a auxiliarlo y ve que era el amigo y que no podía sacarlo, de la desaparición le dió un infarto. Fallecieron los dos. 

Me tocó vivir una situación parecida: iba viajando por la Ruta 14 para Concepción del Uruguay, se abre un camión y cuando pasa la mitad de mi equipo se empieza a quedar dormido. Sacó el equipo lo más derecho que puedo para la banquina y cuando siento que la dirección le golpea se despierta y vuelve. Se agarraba la cabeza. 

Cuando hablé con él me dijo: “Si no llego con la mercadería me echan”. La presión y la exigencia también nos hace cometer errores. En un viaje normal, el camión hace 1.000 kilómetros por día y el chofer puede descansar unas seis horas pero no siempre es así. 

-¿Tuviste alguna situación peligrosa a lo largo de tu carrera? 

-La única vez que me quedé dormido en la ruta, me despertó Dios. Me dió una oportunidad más y ahora veo que a lo largo de mi vida Dios ha sido la clave. El camión tiene sus riesgos. 

-¿Cuál fue el tramo más largo que hiciste? 

-Cuando me alejo del transporte de la familia, empiezo a trabajar en una empresa de carretones internacional y ahí me sale un viaje a Ushuaia en primavera. Viajamos y bajamos un barco muy grande de un equipo francés, lo dejamos y volvimos después un mes y medio con todas las máquinas. En la siguiente primavera, que ya estaba todo listo, estuvimos casi dos meses montando el equipo en la bahía San Sebastián.

Un camión transportando un barco por la Ruta 40. Créditos: Minuto Uno.

-¿Tenés una noción de los kilómetros recorridos en toda tu vida? 

-Alguna vez hicimos una cuenta: eran como 99 veces el país, porque hubo una época en que hacíamos 25.000 kilómetros por mes

-¿Qué considerás esencial para ser un buen caminero? 

-Primero la pasión, porque uno se va de la casa y deja la familia. Es un trabajo muy sacrificado, yo tengo muchos cumpleaños, muchas fiestas familiares en las que no he estado. Pero bueno, es el trabajo que elegí y él es lo que me motivó a seguir adelante y también, ver bien a mi familia por esto.

-¿Cómo creés que impactó tu vida de caminero en tu familia o en tu vida personal? 

-Realmente es durísimo porque uno está poco. Esto lo vas a escuchar en casi todos los testimonios de camioneros: te vas y no hablas con tus chicos por mucho tiempo, nunca los podés llevar a la escuela. Si bien, alguna que otra vez fui a un acto de jardín, esperábamos siempre las vacaciones para poder estar más tiempo juntos.

-¿Qué es lo que más disfrutás de tu trabajo? 

-Conocer mucha gente, tengo muchos viajes, muchas anécdotas, el paisaje todo lo que encierra el camión y al trabajo, obvio. 

-¿Cuál es el lugar más lindo al que te llevo el camión? 

-A Brasil, donde me hizo ver lo lejos que estamos en lo que es transporte. El trato de la gente hacia el camionero, tiene prioridad para todo. Más lindo que mi país no hay, he recorrido mi país entero y Brasil es lindo pero yo a lo que me estoy refiriendo es a la experiencia de ver la diferencia que hay con Argentina con el tema de servicio en ruta para el chofer. 

Créditos: Transporte Mundial

-¿Tenés alguna anécdota memorable o divertida que puedas contar? 

-Muchísimas, pero me quedo con la gente, amigos llamándome para saber por dónde voy. Llegar y que estén esperándome una familia o dos reunidas con comida y una guitarra. En todas las provincias que fui me recibieron muy bien. 

-¿Qué cambios percibís en el rubro en los últimos años? 

-Ahora aprenden a manejar en un simulador y yo creo que falta acompañar y aprender desde la experiencia en ruta. A mí me dijeron: “Cuando sepas cebar un buen mate vas a manejar”. Hay que dejar el celular, los auriculares, ir con los vidrios bajos y escuchar los distintos ruidos del camión para empezar a entenderlo. 

-¿Qué consejo le darías a alguien que quiere arrancar en esta profesión?

-Que busque la capacitación y después el sueldo. 

-¿Qué sueño o meta te falta alcanzar en esta profesión? 

-Ahora estoy en un nuevo proyecto y veo que les falta experiencia a los chicos; entonces trato y busco transmitir lo que aprendí en tantos años. 

-¿Qué valores y/o enseñanzas te dió viajar?

-La responsabilidad, la vocación de servicio, la importancia de la palabra que es más que un documento. Si un camionero te dice que va a llegar con la carga quedate tranquilo que va a llegar

-¿Qué crees que va a pasar cuando te bajes del camión? 

-No sé. Por ahora no lo extraño porque estoy entre camiones, capaz que llegado el momento voy a tener que hacer un viaje. La vida me lleva hoy al lugar donde yo arranqué, pero del lado de la capacitación. 

Así que hoy me siento feliz. Primero porque ahora estoy empezando a tener tiempo para estar en mi casa; y segundo porque puedo seguir haciendo lo que me gusta, lo que nací haciendo. 

-Si tuvieras que volver a tus 17 años, ¿volverías a elegir esta profesión? 

-De hacerlo en las mismas condiciones, sí. En caso de que tuviera la familia que tuve y ver con la pasión que viajaban en los camiones, el entorno de las carreras de moto. 

Yo me crié en una familia muy fierrera y el que nace en una familia fierrera termina siendo fierrero. Y, generalmente, si estudia elige algo relacionado con el tema. 

-¿Qué es lo más valioso que pensás que te dio la carrera? 

-Ser quien soy. (Se emociona).


*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.

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