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CULTURA

Fanzines: el grito del punk y el heavy que definió una generación

Difundieron el underground musical con autogestión y una red internacional de correo postal. Llenaron el vacío informativo de la prensa masiva y la lucha por la independencia en contra del capitalismo. Hablan alguno de sus fundadores más reconocidos.

La palabra fanzine, surgida de la contracción en inglés de fan’s magazine (revista de fanáticos), describió una publicación independiente, breve y de tirada limitada, realizada íntegramente de manera artesanal. En Argentina, si bien existían antecedentes en la ciencia ficción, su verdadera explosión ocurrió en la década de 1980, y estuvo ligada íntimamente a la vuelta a la democracia y el auge de las movidas culturales del rock.

El fanzine se convirtió en “la principal herramienta para buscar, expandir o difundir esa voz independiente que no era tenida en cuenta en los medios masivos de comunicación”, explica la investigadora Andrea Guzmán. Su esencia se mantiene hasta hoy en la expresión, la libre expresión y la cultura de lo autogestivo.

Un vacío informativo

El boom de estas publicaciones respondió a una profunda necesidad de información que no era cubierta por las revistas tradicionales o masivas, en un mundo donde prácticamente no existía internet. La difusión del heavy metal y el punk rock, en particular, encontró en los fanzines su plataforma más seria.

El reconocido fotógrafo Andrés Violante fue fundador del influyente fanzine “Zote, cuyos primeros números datan de 1984/85. En diálogo con ÉTER Digital recordó el bajo nivel informativo de las revistas musicales de la época. En una ocasión, contó, la revista Metal inventó una nota sobre “la” guitarrista Vivian Campbell. “Claro, –añadió Violante- leyeron Vivian, supusieron que era una mujer e inventaron una nota”.

Ante la falta de rigor, la difusión de géneros underground dependió por completo de la autogestión de los fanzines. “La primera vez que alguien nombró a Metallica fue en los fanzines”, reveló. Bandas como V8, Sex Pistols y Violadores también encontraban espacio en estas páginas, que eran el medio idóneo para transmitir la efervescencia contracultural de la época.

Cómo se hacían un fanzine

Hacer un fanzine en los ‘80 y principios de los ‘90 era un acto de amor al arte, ya que no se hace por plata. La autogestión era total, desde la creación hasta la distribución.

El minucioso proceso, hoy parece prehistórico: las notas se escribían en una hoja tamaño oficio a mano o con máquina de escribir. Cada página era media hoja. Para los títulos se utilizaban rotuladores o bien Letraset, una especie de transfer que calcaba letra por letra en el papel. Y si había que agregar una imagen, se la dibujaba o pegaba una foto. Luego, todo se lo llevaba a fotocopiar, se doblaba a la mitad, abrochaba y se distribuía de mano en mano.

Andrea Guzmán destaca que el armado de las notas no era fácil. El autor tenía que pensar qué escribir, repensarlo, buscar información en bibliotecas… Mientras que hoy, herramientas como inteligencias artificiales pueden generar contenido en un minuto. “Este esfuerzo físico y mental definía la cultura de lo artesanal y de lo autogestivo.”

Zote y la filosofía del autodidacta

El surgimiento de Zote encapsula el espíritu de la época, la convicción de que cualquiera podía publicar su voz. Violante contó que la idea de empezar su fanzine nació tras leer, o creer recordar que en el libro “Punk, la muerte joven”, de Juan Carlos Kreimer, decía: “Cualquier idiota podía hacer un fanzine”. Su reacción fue: “Bueno, idiota soy, así que hagamos un fanzine”.

Zote se diferenció al no ser solamente musical o político. Si bien abarcaba el heavy metal y el punk rock, también se presentaba como un compilado cultural. “Incluía textos de los ‘poetas malditos’: Baudelaire, Bakunin, que hablaba de anarquía, Malatesta y todo ese tipo de cosas, mostrando una mezcla de contracultura y literatura que trascendía lo musical”.

Gracias a este medio, Violante se integró de lleno en la escena. Obtuvo sus primeras credenciales de prensa para eventos como el Lomas Rock y fue autor de hitos, como la primera entrevista a Hermética que fue publicada en 1988, antes del debut de la banda.

Los fanzines más emblemáticos del underground

En la escena punk de la época, surgieron publicaciones clave, como Resistencia, Vaselina y Furia y Mensaje. En la escena del metal y el rock duro, se destacaron, además de Zote, otros títulos:

Urlin Metal: Realizado por Pocho Metallica.

Metallica: Hecho por Fabián de la Torre, que es una gloria de de esa época y llegó al número 100.

Decadencia Humana.

Rebelión Rock: el fanzine de Luis Alacrán.

• El “Gueto” y la Red Global por Correo Postal

A pesar de la trascendencia de sus contenidos, el mundo de los fanzines era un circuito muy íntimo. Era “un gueto muy muy muy chico, muy cerradito”, un “nicho muy pequeño”, según describió Violante.

La distribución

Desde los ‘70, algunos de estos grupos ya existían bajo el nombre de cofradías, donde se realizaban diferentes tipos de intercambio culturales, ya fueran de artes visuales, música o literatura. La distribución más fuerte se concentraba en algunos lugares:

1. Disquerías y venta directa en los recitales.

2. Parque Rivadavia, donde estaba el puesto de Luis Alacrán. Hoy Luis tiene el puesto pero en Parque Centenario.

3. Un puesto de diarios que estaba en Corrientes y Junín.

4. La base de Zote estaba en Lomas de Zamora, Zona Sur.

Además de la venta local, la difusión internacional se realizaba completamente por correo postal. Esta red permitía un intercambio de información y material que trascendía las fronteras. Andrés Violante relató que, gracias a estos contactos, podía recibir material y notas de lugares tan diversos como Australia, Perú, Italia, Estados Unidos e Inglaterra.

El intercambio era recíproco: Violante recibía información del exterior y, a su vez, le daba información a esa persona en intercambio para que publicaran en sus fanzines. Sin embargo, la comunicación era extremadamente lenta, una respuesta considerada inmediata desde Europa podía demorar dos meses en llegar.

El legado: la autogestión

El legado del fanzine de los ‘80 y ‘90 radica en su función como herramienta de lucha. Andrea Guzmán subraya que el sentido que se intenta mantener hoy en día es ir por la lucha de la independencia en contra del capitalismo, un espíritu que sigue presente en las ferias y marchas donde se venden productos artesanales.

Para las generaciones de rock, el fanzine no solo fue la fuente de sus primeras noticias sobre las bandas de culto sino la demostración de que la libre expresión podía encontrar un cauce sin depender de los grandes medios. Este esfuerzo era impulsado por una pasión que -según Violante- “no se puede evitar y aseguró la perdurabilidad de la contracultura”.

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