GENERACIÓN DE JÓVENES COUNTRY: DEL “TUPPER ESCOLAR” AL “TUPPER UNIVERSITARIO”


Cada vez son más las universidades que se instalan en zona norte. La Austral y la del Salvador, ambas sedes en Pilar, ofrecen campus universitarios al estilo Estados Unidos que son una extensión de la forma de vida de los chicos country. Lejos de buscar salir del corralito se deciden por estudiar en estas instituciones a las cuales llegan con sus propios autos y van acompañados de sus amigos del country. No saben manejarse solos en la calle. Nunca se tomaron un colectivo o un subte y siguen viviendo una vida con techos de cristal. Cómo evitan enfrentase con una realidad que algún día les tocará vivir.

Por: Eleonora Cole

Francisco tiene 19 años y empezó a cursar Derecho en la Universidad del Salvador de Pilar. Decidió estudiar allí sin dudarlo porque sus amigos y también su hermano mayor cursan en la misma institución. “Mis viejos nos regalaron un auto que por ahora compartimos con mi hermano mayor. Hacemos pool con mis amigos y nos toca un día a cada uno llevar el auto para ir a la facu”, cuenta con naturalidad.

El transporte público no es una opción para estos chicos que deciden estudiar en zona norte porque dicen que ir al centro les llevaría dos horas en plena hora pico de la Panamericana. Sus padres acompañan la decisión y sienten que los están cuidando. “Tanto viaje implica un sacrificio que no creo que puedan sostener y además es más inseguro”, confiesa Manuel, padre de Francisco.

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Foto: cortesía Clarín

Tanto la USAL como la Austral tienen un enorme abanico de opciones a la hora de elegir una carrera. Sin embargo algunos se animan a contar que los chicos se inclinan más por las carreras que ofrecen estas universidades porque “están en zona” y además van “todos conocidos”. “Fui a Ciudad Universitaria  a averiguar y me dio un poco de miedo, me perdí y me di cuenta de que no iba a durar mucho ahí”, dice Juana, de 19 años.

Delfina tiene 20 años y vive en un country del partido de Tigre: “El 80 % de mi clase vive en countries o barrios cerrados. Yo intenté ir a la UCA de Puerto Madero pero el tráfico de Panamericana y después el de Puerto Madero era un drama. Opté por irme a vivir con mis abuelos pero después no aguanté y me cambié a la USAL para vivir en casa y poder estar más cerca”.

Cecilia Arizaga, socióloga y directora de la carrera de Sociología de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, realizó una tesis de maestría del Conicet sobre este fenómeno: “La diferencia entre universitarios y secundarios que viven en countries tiene más que ver con las etapas vitales de cada momento. En el caso de los secundarios dependen del lleva y trae paterno para todo,  incluso para sacar fotocopias.  Los universitarios tienen sus autos, estudian en lugares cercanos y ven que se extiende el circuito country”. Todo pasa por el “Km 50” en Pilar”. Sin embargo varios chicos tienen una cierta inquietud por romper con el déficit urbano y si bien durante los días hábiles no salen de su “gueto”, los fines de semana eligen pasarlo en el centro y experimentar la vida allí. Buscan ser peatones, usar el transporte público y asistir a lugares diferentes a los que están habituados.

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A pesar de los beneficios que encuentran al estudiar en estas universidades y seguir en su “circuito country”, estos adolescentes se sienten en desventaja con respecto a aquellos otros que tienen “calle”. “Esto se hace más evidente cuando se presentan en una entrevista laboral”, refuerza Arizaga. “Esta lógica rompe con lo que quieren sus padres, que eligieron vivir en estos barrios cerrados para buscar una mejor calidad de vida para sus hijos con la posibilidad de que asistan a colegios bilingües o con nombres en inglés”, asegura la socióloga. Los adultos están más pegados al discurso idílico de la vida segura, cómoda y al aire libre.

En la mayoría de los casos, a los padres les resulta positivo que sean ajenos a la vida urbana. Algunos colegios en Pilar tienen programadas visitas guiadas a la Capital Federal con profesores, después de a grupos y finalmente solos. “Buscan de esta forma lograr competencia de vida urbana”, asegura la socióloga. Otras familias optan por llevar a los chicos al centro en vacaciones de invierno para mostrarles la vida allí. La ciudad, su ciudad, como destino turístico.

campus usal

“Cuando tenga mi familia, yo quiero vivir en un barrio cerrado porque me gusta estar segura, andar en bici, rollers y hacer deporte. Es verdad que en un momento estás alejado y dependés mucho de tus padres. Pero hay barrios como Nordelta, Santa Bárbara, Hyland, Tortugas que tienen shopping, supermercado, estación de servicio, cajero automático y hasta para depilarte, y comprar algo en la librería”, asegura Delfina, de 21 años orgullosa de todas las comodidades que puede disfrutar. Algunas familias numerosas con cinco, seis o siete hijos tienen un chofer para llevar y traer a sus hijos de sus múltiples actividades. “Tarde o temprano va a haber una primera vez en que se tomen un colectivo y todos van a saber desenvolverse solos en el centro. Mientras tanto la pasan mejor ellos y nosotros como padres”, concluye seguro de su elección Manuel, abogado y padre de cinco hijos.

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Luisa Fernanda Lassaque

Siempre tendemos a buscar, para nuestro grupo de amistades, personas con intereses y mentalidad similares. La nota no aporta mucho de nuevo; hace veinte años, con Menem y el auge de los barrios cerrados, también se pronosticó la “debacle” de esos pobres chicos que iban a vivir en una burbuja. No hubo tal debacle. Nadie murió, no se hundió ningún barrio cerrado. Como mucho, los que estudiamos en la UBA, como yo -a veces, sentados en el piso porque no había suficientes asientos; o con las mangas de mosquitos revoloteándonos (por la mugre que hay en el subsuelo de la Facultad de Derecho)- tenemos la ventaja de ser más “bichos”, de tener “más calle”, con lo cual, que estos chicos no sepan manejarse en la vida real, a la postre, termina jugándoles en contra. Pero creo que esto último tampoco da para una nota periodística; más bien habría que pensar que, en la vida, cada uno elige lo que quiere; y si no elige lo que quiere, elige lo que puede, pero SIEMPRE elige.

almafuerte

No conocen la vida real? Pero donde viven, en un country o en matrys? Vivir en Nordelta es tan real como vivir en una villa miseria. Es otra realidad, pero realidad al fin y al cabo. Es necesario exponerce a la violencia y la criminalidad para saber q existen? Tienen q secuestrar a mi hijo para q aprenda q el mundo es muy peligroso? Uno elige, es verdad, pero dentro de sus posibilidades. Y si puedes elegir q tu hijo viva seguro y no lo haces eres el peor padre del mundo.

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