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Hernán Casciari: “Lo que me motiva a escribir es que personas de diferentes generaciones conversen de lo mismo”


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El escritor y fundador de Orsai cuenta cómo creció el proyecto que nació en 2003. También, su apuesta por la comunicación, la narrativa y la autogestión.

“Che, perdón la demora. Recién termino de publicar el cuento de hoy”, saluda Hernán Casciari, el escritor y periodista de 52 años. El autor de cuentos como La valija de Lionel, El pibe que arruinaba las fotos o Más respeto que soy tu madre también es el creador del blog Orsai que, con el tiempo, logró convertirse en revista, editorial, fundación y, próximamente, Universidad de Narrativa.

-Orsai pasó por muchos formatos, pero hoy se define como una comunidad. ¿Cuál es el factor que la determina como tal?

-Es algo bastante espontáneo y que nunca busqué. Cuando en 2003 vivía en España, estaba bastante nostálgico, creé Orsai como un blog en el que pensaba hablar de cómo es vivir fuera de tu país y se llenó de gente. Ese llenarse de gente es independiente a mi voluntad. No hubo un porqué, ni una estrategia, ni nada. Se fue conformando una especie de comunidad, rara, muy argenta. La primera vez que lo noté fue en 2006, que propuse en mi blog ver el Mundial de Alemania en un bar. Pensé que iban a caer 16 personas y fueron 600.

-Entonces desde que empezaste a ver el potencial de la comunidad hasta la primera edición de la revista, en 2011, pasaron cinco años ¿Qué pasó en el medio?

-Empezaron a funcionar las cosas que yo escribía y a llamar editoriales multinacionales para que publicara con ellos. Lo hice, no me gustó y renuncié a todo. En ese momento se me ocurrió proponerles a toda la gente que me leía desde hacía años, crear la Revista Orsai. Primero debíamos armar una editorial, a la que llamamos igual. Después me di cuenta de que a todas las cosas que yo hiciera en la vida le iba a poner el mismo nombre. Orsai Audiovisuales, Fundación Orsai, Universidad Orsai, todo sale del blog.

-¿Hay en esos cambios de estructura algo de miedo a quedarse fuera de juego ante las nuevas formas de comunicación?

-No tengo miedo a quedarme fuera de juego porque para mí es el único lugar válido para estar. Yo entiendo al estar dentro del juego como ser la industria, hacer lo que te dicen. Ser outsider es más divertido. No es una cuestión de miedo, sino de curiosidad. Yo antes que creador de contenido, soy consumidor muy curioso. Creo que hay que nutrir constantemente lo que uno hace y siempre saber todo lo relacionado con tu expertise. Para mí la curiosidad hace a las pilas de cualquier linterna.

-¿Qué te motiva para escribir?

-Tengo como objetivo, o legado, que personas de diferentes generaciones conversen de lo mismo. Es chiquito, medio absurdo y no tiene mucho sentido, pero ese es mi aporte. Creo que tiene que ver con la relación con mi viejo y lo que me costó conversar con él, pero terminó siendo el sentido completo de lo que escribo. Estoy muy atento a la intergeneracionalidad, a que no se me caiga nadie por incomprensión. Me parece que esa pelotudez terminó siendo mi motorcito.

-Siento que la intergeneracionalidad está bastante relacionada con el concepto de construir comunidad. ¿Te sentís satisfecho con lo que lograste hasta ahora o todavía no?

-Estoy muy contento con lo que hago, me divierte. Es como haber vivido perfeccionando un juguete multifacético, que muta sin cambiar de nombre. Orsai es todo lo que se me antoje. 

En las próximas mutaciones surge el proyecto de la Universidad de Narrativa ¿Cuál va a ser su rol si ya con inteligencia artificial se pueden escribir cuentos solos? 

-A mi no me importa lo que pueda pasar dentro de dos años o las herramientas que podamos tener para narrar. Lo que sí sé que va a pasar es que si no hacemos algo vamos a seguir contando mal las cosas. Hoy no estamos logrando educar sobre cómo contar de manera efectiva. La Universidad Orsai viene a tratar de incentivar y de dar herramientas para contar bien. 

-Pero, ¿cuál es el error en cómo se cuenta hoy?

-Todos piensan que lo único que hay que hacer es aprender a contar un cuento y es mentira. Hay que venderlo. Lo que Internet trajo entre otras cosas buenas es la posibilidad de autopublicarse, autogestionarse, de generar productos culturales independientes. Nuestra historia -cómo llegamos a la idea, cómo la ejecutamos, a quién se lo vendemos- es una empresa. Nosotros tenemos que aprender, dentro de la narrativa, a administrarla. 


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