LA LUCHA TIENE CARA DE MUJER


“Este fin de semana va a estar bueno para ir a Rosario”, comenta un colectivero porteño embotellado en Bartolomé Mitre y Riobamba el viernes por la tarde y agrega: “Con que vayamos 10 mil varones vamos a tener siete mujeres para cada uno”. Lo dice y no goza de impunidad. Enseguida una chica que escucha su discurso sale al cruce y esboza una acotada explicación sobre de qué se trata el Encuentro Nacional de Mujeres (ENM). El chofer hace como que entiende la explicación, fija la mirada en el tránsito y ninguna palabra más sale de su boca. El ENM existe porque persisten estos discursos. La ciudad de Rosario, Santa Fe, es por tercera vez la sede elegida para su realización y más de 70 mil mujeres de todo el país colmaron los hospedajes y pintaron la ciudad de violeta desde el sábado a la mañana.
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Durante dos jornadas se realizaron en simultáneo 69 talleres con las más variadas temáticas. Desde el ya clásico taller de aborto hasta la nueva propuesta que debate el rol de las trabajadoras sexuales en la sociedad. El acto central: la marcha multitudinaria que revolucionó las calles a lo largo de sus 4 kilómetros de extensión. Como toque final, un acto de cierre en el Monumento a la Bandera con el anuncio de la próxima sede: Chaco.
En un contexto en el que es necesario deconstruir las premisas que se nos presentan como absolutas, estos espacios son tierra fértil para sembrar conciencia. Es imperante observar el rol que se le da a la mujer desde el Estado. Una figura de acompañante. Se constituye desde esas esferas un feminismo de cotillón, que sólo cuestiona algunas cuestiones poco profundas y se caracteriza como meritócrata e individualista.
En los espacios de encuentro, las jornadas se desenvolvieron con tranquilidad y organización. En las escuelas se abrieron nuevas comisiones por la gran demanda. En las calles los feriantes locales registraron ingresos extras por las miles de visitantes. Todo bajo control.
Así fue hasta la noche del domingo, cuando la marcha central estaba cerca de finalizar en las inmediaciones de la catedral rosarina. Pero las fuerzas policiales reprimieron y el saldo fue balas de goma, gases lacrimógenos y cinco trabajadores de prensa heridos.
En el transcurso de la movilización se vieron grupos pequeños de personas encapuchadas que con aerosoles marcaron las paredes de edificios públicos y privados, iglesias y bancos, clínicas y restaurants. No discriminaron. Cualquier muro era el adecuado para inmortalizar frases como “Machete al macho” o “Verga violadora a la licuadora”.
Los incidentes comenzaron cerca de las 21:30, cuando un grupo de varones y mujeres rezaban en la puerta de la iglesia y algunas personas que no pertenecían a la marcha se acercaron a enfrentarlos. Piedrazos, botellazos y contenedores incendiados. La Infantería, el Comando Radioeléctrico y la Policía Comunitaria respondieron con represión a las miles de mujeres movilizadas que tuvieron que desviar el rumbo de la marcha para evitar el enfrentamiento. Como el año pasado en Mar del Plata, en ENM fue coronado con violencia policial.
Al día siguiente por la mañana, sobre la peatonal Córdoba, el dueño de un puesto de diarios acomodaba las noticias en un estante. El periódico zonal La Capital tituló: “La masiva marcha de mujeres terminó en caos y violencia”. En las páginas siguientes se pueden leer algunos datos concretos y otros poco chequeados.
Se esbozó una hipótesis dudosa que inculpa a 200 personas infiltradas en la marcha de provocar a las fuerzas de seguridad. Se invisibilizó la lucha. Se hice foco en lo que vende. Se estigmatizó. Se desvirtuó la esencia de porqué se juntan miles de mujeres una vez al año.
El ENM es encuentro, es deconstrucción de los prejuicios, es hermandad, es solidaridad. Ese mensaje se fomenta en las plazas, en las aulas y en cada rincón resuena el grito por la liberación.
Ninguna de esas premisas fueron tomadas por los grandes medios de comunicación, que hicieron de las pintadas propiciadas en paredes de edificios y casas, por un grupo que no superaba las 10 personas e independiente de las consignas y banderas levantadas por la marcha, la noticia.
Las delegaciones desconcentraron el acto con organización y rapidez. Volvieron a sus ciudades de origen y retomarán la batalla cotidiana contra el discurso machista que duerme sigiloso en el sentido común de muchas personas. La lucha sigue.

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