LO QUE EL FUEGO SE LLEVÓ


El problema con la luz era continuo. La noche anterior se había cortado el suministro y la casa de Mabel Ferreyra se quedó sin electricidad. En la vivienda, ubicada en el límite entre la villa 21-24 y el Riachuelo, se habían quemado las lamparitas de la entrada porque cuando volvió la energía, hubo un golpe de tensión. Igual que ese día, en el que los cables de la casa se sobrecargaron y las chispas prendieron el cielo raso de la habitación de los tres niños. Luego la casa entera. Más tarde, una habitación del vecino.
Ésta fue solo una de las 9 casas que se quemó en apenas una semana en la villa 21 en el mes de julio durante este año. La precaria condición de los cables, el estado de los transformadores y la falta de inversión son algunas de las causas de este escenario. Los vecinos denuncian que desde que comenzó el frío, la energía se corta entre dos y tres horas todos los días en algunos sectores. De ahí la preocupación de los adultos cuando los chicos se quedan solos: “El otro día se le prendió fuego la casa a una vecina y, menos mal que los chicos estaban en la escuela, porque yo pienso que muchas veces los grandes se van a trabajar y los chicos se quedan solos. Y ellos son pequeños y de la desesperación capaz se quedan ahí en un rincón esperando que eso termine y no, no termina”
Mabel y su familia ya no pueden volver a su casa. Desde el Instituto de Vivienda de Ciudad de Buenos Aires (IVC) no les dan la opción de reconstruir en el lugar porque la casa no está censada. Entonces, les ofrecen un préstamo para que consiga otra vivienda. “Hay ciertos lineamientos que nos pide el IVC, también me encontré con muchos lugares que no me aceptan porque tengo chicos”, dice Mabel, quien se mudará a Moreno porque es el único lugar dónde consiguió una casa con título de propiedad y planos listos para firmar. “Es un bajón porque perdés todo en dos minutos. Yo tenía la bici envuelta para regalarle a mi hija por el Día del Niño y se quemó”, recuerda.
En los pasillos de la villa, los cables se entretejen como telarañas que, entre un poste y otro transmiten impulsos eléctricos desde un viejo generador que alimenta a más de 5 mil viviendas. En esta situación viven los casi 50 mil vecinos y vecinas que habitan los 658.400 metros cuadrados del barrio. Esto sería un territorio que apenas supera el de dos canchas de River juntas._mg_0115
El suministro eléctrico corre por cuenta de Edesur. “Nosotros llevamos los medidores y transformadores a la entrada de la villa 21-24, pero no hacemos las instalaciones ni los arreglos adentro”, declaran desde la empresa. Por este motivo, los vecinos recurren a sus propios conocimientos en electricidad para conectarse a la red y son ellos mismos los que hacen las instalaciones particulares. La realidad es que nadie puede vivir sin luz. Por eso, aquellos vecinos que tienen oficio y saben de electricidad son quienes terminan haciendo las conexiones, exponiendo sus vidas para que sus familias puedan utilizar el servicio. Desde Edesur aclaran: “La gente que mandamos de parte de la empresa está capacitada. Ellos van solo si se rompe el generador que nosotros proveemos, no podemos ir adentro. Cada uno se tiene que ocupar porque ese territorio corre por cuenta del Gobierno porteño, pero ellos sólo hacen mediciones”. Esto da cuenta a las claras que ningún ente, oficial o privado, se hace cargo de las instalaciones.
Este abandono en cuanto a infraestructura y mantención aumenta la posibilidad de fallas en el sistema eléctrico y, por lo tanto, de incendios. Si bien esta situación particular se ve actualmente en la villa 21-24, ningún otro asentamiento se encuentra exento de estas condiciones. Las 40.000 Personas que viven en la villa 20 de Lugano sufren las mismas condiciones.
Para Edesur la solución es que se consuma menos energía. Para los más de 45 mil vecinos, ésta no es una opción: necesitan que una empresa con mano de obra calificada les brinde el servicio._mg_0155

Mediante protestas y cortes de calle durante todo el invierno le pidieron a Edesur que instale transformadores más potentes que puedan soportar las necesidades de todos los hogares de la villa.
“Ahora, nos estamos organizando con la Corriente Villera (un espacio de articulación y organización que nuclea a los habitantes de varias villas, como la 31, la 1-11-14 o la 20 de Lugano) para que haya un delegado por manzana y esta persona que sea encargada de saber todos los problemas que hay con la luz y las cloacas en cada pasillo y lo comunique -cuenta Yamila, una vecina-. Si no, no tenemos cómo enterarnos de lo que le pasa a nuestros vecinos”.
No solo los cortes de luz son una problemática frecuente en la villa, también la falta de servicios básicos para la vida como el gas, las redes cloacales y el agua potable. La Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) presentó un amparo ante la Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, mostrando la precaria situación en la que viven cada día los vecinos y vecinas de Barracas. El pedido fue: “Solucionar las falencias y peligros del deficiente servicio de electricidad en el Barrio”.
Ante esto, la justicia porteña emitió un fallo que obliga al gobierno de la Ciudad a presentar un “proyecto eléctrico adecuado” que tenga como objetivo solucionar la problemática porque “la prestación de un deficiente servicio de electricidad en el barrio en cuestión, podría ocasionar daños a la salud y a la vida de los habitantes, cuya protección constituye un bien fundamental”, dice la resolución firmada el 30 de agosto, por los representantes de la Cámara I Mariana Díaz, Fernando Juan Lima y Fabiana Schafrik. Este plan deberá presentarse a mediados de noviembre.
Según el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, “es el Estado el que debe garantizar el acceso a una vivienda digna, ya que toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar.”

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También el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se expide sobre este tema diciendo que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido y la vivienda.”
Este recurso presentado por ACIJ y avalado por la Justicia de la Ciudad marca un precedente determinando por vías legales algo que los documentos oficiales argentinos establecen hace tiempo: que es el Estado el que debe comenzar a dar respuestas y mediar para que las condiciones de vida de la gente no se conviertan en condiciones de muerte.

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