LOS SECRETOS DE LA NOTA COLOR


Redactor de Página/12 desde su número cero y docente hace décadas, Carlos Rodríguez cubrió los hechos más relevantes de los últimos 30 años en el país y el mundo. En diálogo con alumnos de segundo año de ÉTER aseguró que el colorido en una crónica es esencial y los desafió a “mejorar el periodismo”.

Por Aníbal Mon

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Ya se había levantado de la silla que ocupó durante más de dos horas en el aula Silencios de ETER, y había dejado atrás los cálidos y agradecidos aplausos de los alumnos del turno tarde de la materia Técnica Periodística II que disfrutaron, en la clase del martes último, de sus consejos, su experiencia, su pasión, su vocación y sus anécdotas. En ese momento, de pie y casi en retirada, Carlos Rodríguez, periodista de Página/12 desde el número cero, soltó una de sus frases más potentes, teledirigida hacia sus jóvenes interlocutores: “Ustedes tienen que mejorar el periodismo”, los desafió, alejándose despacio.

Antes de 1987, año en que se fundó Página/12, tuvo tiempo de ser cronista de cine y TV en revistas de las editoriales Julio Korn y Atlántida, Colaboró en TV con Paloma Efron; de trabajaren las agencias Télam y Noticias Argentinas y escribir para la Asociación Madres de Plaza de Mayo y el Servicio Paz y Justicia.

Su primera época en el rupturista diario creado por Jorge Lanata, transcurrió en la sección “Política”, el tiempo y sus más de 30 años de oficio fueron llevando a Rodríguez a descubrir y a recrear el “color” que habita en cada hecho noticioso, hasta llegar a convertirse en un especialista de ese género periodístico ligado íntimamente, como él mismo lo señaló, a la “observación” como herramienta primordial.

Para eso, el periodista, que en la actualidad se desempeña en la sección “Sociedad”, contó con grandes maestros de la pluma y de la tinta que lo fueron moldeando, como Osvaldo El gordo Soriano que “nos daba el estilo y nos enseñó que lo más importante en una crónica es el color”; Osvaldo Bayer, José María Pasquini Durán y Horacio Verbitsky.

La humildad de Rodríguez y el bajo perfil que cultiva de manera espontánea, natural y no impostada, lo llevan a mostrar cierto dejo de timidez a la hora de aportar las claves de su arte, de transformarse en consejero, y de leer alguna de sus notas en voz alta frente a los estudiantes. Sin embargo, el trabajador de prensa no vaciló al asegurar que el darle colorido a una crónica tiene que ver con observar hasta el más mínimo detalle y con “transmitir imágenes de lo que uno ve”, nada más ni nada menos. “La nota color tiene que empezar por algo que golpee. Hay color aun en la cosa más dramática”, explicó el periodista que realizó para Página/12 coberturas de casos resonantes como los alzamientos “carapintadas” contra el gobierno de Raúl Alfonsín, el caso de María Soledad Morales, el asesinato de Walter Bulacio, el de la muerte del soldado Carrasco que puso fin al Servicio Militar Obligatorio tras 90 años de existencia y la trágica inundación de la Ciudad de Santa Fe en el 2003. En el exterior cubrió reuniones de la OEA y los golpes militares en Bolivia de 1980.

Pero a lo largo de su extensa trayectoria en el diario cubrió además varias temporadas en la costa atlántica contando historias de vida de los veraneantes y, a pesar de su condición de ateo, hasta se infiltró como un fiel más en una misa carismática para relatar ese mundo desde adentro.

A sus sesenta y tantos, Carlos Rodríguez, en la nómina del diario aún figura como “redactor”, pero le interesan tan poco ese tipo de categorías que rechazó dos veces ascender a editor. Él es un verdadero artesano del periodismo, de esos que no conciben esta profesión – u oficio – sin estar en contacto con la calle, con la noticia en estado puro y con sus verdaderos protagonistas. Un tipo para quien “ser periodista es escribir”.

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