MARÍA MARTA Y “EL BEBÉ GAUCHITO GIL” QUE LA HACE SENTIR ACOMPAÑADA


Frente a la Plaza del Congreso la mujer sueña en compañía detrás de la persiana de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. 

Por Rodrigo Romero, Maxi Rojas y Juan Cruz Fiacco

Jueves frío de mediados de agosto. Faltaban quince minutos para las nueve de la noche. Sobre la Avenida Hipólito Yrigoyen, frente a la Plaza del Congreso, camina a paso lento María Marta. A metros de llegar a la calle Virrey Cevallos apoya su chango y una bolsa negra, y comenta que por la tarde un auto con dos tipos la quiso secuestrar. Ella siempre fue muy bonita, afirma, pero que “no es ninguna prostituta”. Alrededor de la Plaza del Congreso, unos 50 voluntarios reparten viandas a la gente en situación de calle. María Marta y muchas personas que no tienen a donde ir se acercan para consumir un plato caliente en el frío invierno de la Ciudad de Buenos Aires. 

Con un pañuelo multicolor que ataba a su cabeza, María Marta relata parte de su vida y afirma que ella es de familia adinerada. Según la mujer, por un problema con su marido, terminó durmiendo por las noches detrás de la cortina de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

María Marta dice que siempre vivió en Buenos Aires. Tiene ojos color gris, rodete hecho con un pañuelo. Llevaba un carrito con bolsas donde se encontraban sus posesiones. Siempre le gustó bailar. En su juventud cuenta que trabajó en shows de varietés. Contó que también trabajó como encargada en la cooperativa “Hogar Obrero”. También fue auxiliar en la Cruz Roja, donde aprendió “algunas cosas de medicina”. Vivía por la zona de Congreso, y tuvo una disputa judicial con el ex marido. Tenía casa pero dice que “al separarse su marido” la dejó en la calle. Tiene un hijo que vive en Perú y “de vez en cuando se comunica con él”.

Dice que tiene un amor platónico con un chico de ascendencia armenia, el chico consume drogas y otras personas le avisaron que a veces se pone violento. “Él es bueno y es hermoso, lástima la porquería que consume”, reflexionó sobre él. El armenio tiene hijos pero ella no los conoce. Ella cree que es un complejo de Edipo lo que sufre ese chico con ella, que “la ve como una madre”.

María Marta siempre fue de Buenos Aires, es de familia militar y ahora duerme detrás de la cortina de la asociación Madres de Plaza de Mayo, frente a la plaza Congreso junto con un “Gauchito Gil Bebé”, que cuida como su pequeño niño. Ella es muy religiosa y bendice a todo aquel que pasa por su vida, y esa simple estatuilla del santo es de mucho valor para ella. Asegura que es “como su bebé”, quien le hace compañía todas las noches al costado de la persiana.

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