MASSA EN EL CENTRO DE LA DISPUTA


Posicionamiento incierto en el búnker massista tras conocer el resultado de los comicios. La tercera fuerza debate hacia el interior a dónde irán sus votos, mientras el kirchnerismo especula y en Cambiemos festejan.

Por Martín Villaroel, Natalí Riso, Florencia Villegas y Damián Davila

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Faltan apenas unos minutos para que se hagan las 11 de la noche de este domingo electoral. Un discurso tibio por parte del principal candidato a ganador de la noche, Daniel Scioli. Sergio Massa asoma en el escenario de su búnker tigrense. Todavía no se sabe que, como referente de la tercera fuerza en una elección muy peleada, los resultados lo posicionarán como el protagonista del próximo mes. Él quizás sí lo sabe, pero no dice nada. No le conviene. “Hoy termina una etapa en la Argentina y empieza otra nueva”, eso dice.

Abajo del escenario, la gente aplaude y ovaciona. Está acompañado por su esposa, sus dos hijos y sus principales aliados: Roberto Lavagna, Gustavo Sáenz, Graciela Camaño.
El candidato agradece a las más de cinco millones de personas que lo votaron. Felicita “a Daniel y a Mauricio”, como anunciando el escenario de inminente balotaje en el que lo verán ahí, “en el camino de construir un cambio positivo e inteligente”. “Lo importante es que nuestro mensaje llegó a la gente, hicimos una muy buena elección”, se alegra después. El énfasis puesto en cada palabra del discurso lo quiebran un poco: “A no bajar los brazos, seguiremos en la lucha, gracias”, alienta antes de despedirse.

Durante su discurso, retoma sus principales lemas de campaña: la inseguridad, el impuesto a las ganancias, el sueldo de los presos. El búnker no está lleno, pero a los que están se los nota emocionados. Acompañan las palabras de Massa bailando con empanadas en mano y vasos plástico llenos de vino que se salpica sobre las camisas celestes de señores panzones que cantan. Suena “Somos uno”, de Axel. Los niños corean el estribillo. El salón se va vaciando. Una murga en vivo cierra al compás de la marcha peronista.

Durante la tarde, entre cámaras de televisión, movileros, periodistas y computadoras, los referentes de Unidos por una Nueva Alternativa (UNA) habían llegado al búnker ubicado en el complejo Pipa, de cara al Río Luján y a metros del Puerto de Frutos de Tigre. Como para calmar la ansiedad que se respiraba en la carpa de prensa, las primeras en hablar fueron las candidatas a diputadas Graciela Camaño y Mirta Tundis, el ex presidente de la UIA, José Ignacio de Mendiguren y el primer candidato a diputado nacional, Facundo Moyano.

Si bien ningún orador precisó datos ni quiso hacerlo hasta que hubieran cifras oficiales por previo compromiso firmado ante la Cámara Nacional Electoral, todos coincidieron en resaltar la consolidación del Frente Renovador como una fuerza joven a nivel nacional, y también como ”la única que puso en agenda ciertos temas a los que otros candidatos no se animaron”, tales como el 82% móvil para los jubilados y la lucha contra el narcotráfico.

Ante la consulta sobre qué postura tomaría el partido ante el hasta entonces eventual balotaje, el asesor económico y ex presidente del Banco Central, Aldo Pignanelli, sostuvo: “Simpatizaremos con el candidato que más se acerque a nuestras propuestas”. Mientras que, por otro lado y sin definiciones, Alberto Fernández declaró: “Vamos a apoyar a Sergio Massa, nuestro líder político”.

El último en salir a hablar, cerca de las 10 de la noche y próximo al discurso del líder del Frente Renovador, fue Felipe Solá, candidato a gobernador de la Provincia de Buenos Aires, quien reconoció las tendencias que posicionaban a UNA en el tercer lugar, además de felicitar a sus competidores por la gobernación, María Eugenia Vidal y Aníbal Fernández de Cambiemos y Frente para la Victoria, respectivamente). Anunció que muy pronto tendrían reunión plenaria para decidir la postura a tomar: “Hemos resuelto tener una sola posición y la vamos a comunicar esta semana”, sintetizó. Al cierre de sus declaraciones y buscando explicaciones para el resultado de su elección, dejó deslizar una polémica: “En la Provincia todavía hay un 45% de pobreza y los pobres, en general, votan al peronismo porque necesitan el amparo del Estado. Es una realidad que tenemos que cambiar por la cultura del trabajo”.

Los porcentajes electorales resultaron una gran sorpresa, una disociación entre el relato de la realidad y la realidad misma. El massimo se siente la tercera posición, la alternativa superadora de la grieta, una suerte de híbrido peronista. Firmes en el backstage, pasan ahora al centro del escenario. El aglutinamiento que lograron de peronistas no oficialistas y antikirchneristas ahora será desgarrado por las estrategias de interpelación del Frente para la Victoria y Cambiemos. La incógnita que al país atormenta es: ¿cuál será el resultado de esa repartija? Para futurismo político queda menos de un mes y pocas declaraciones por el momento. La gran pregunta, más que antes, es cómo se traducirán las directivas del dirigente en las urnas.

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