Micaela Riera: “Disfrutando el presente se la pasa mejor”

La actriz santafesina de 30 años hace un repaso por sus proyectos más exitosos, cuenta cómo vivió cada uno de esos momentos y adelanta algunas características de su personaje en la próxima serie de Netflix: El amor después del amor, la nueva biopic de Fito Paez.


Con tan solo 14 años, Micaela Riera, supo aprovechar las oportunidades que se le fueron presentando en su adolescencia. El modelaje, aunque no era lo que más le gustaba, sabía que en un futuro sería un gran portal para llegar a su verdadera pasión: actuar. La insistencia, además del talento, fue lo que la llevó a conseguir un gran papel en la novela juvenil “Consentidos”, lo que marcó un antes y un después en su vida.

-Estás grabando ahora una serie para Netflix, El amor después del amor, donde vas a personificar a Fabiana Cantilo ¿Es difícil preparar un personaje que ya todos conocemos?

Muy, y que está vivo, sobre todo. Al mismo tiempo hay mucho material, eso facilita las cosas. Fabi es una persona muy abierta, es fácil de leer, es tan hermosa, está tan loca. Yo no soy Fabi, igual no la voy a hacer, así que también tengo que armar un personaje que venda, que a la gente le guste.  “Una vida marcada por el dolor, la pérdida, la tragedia, los éxitos, los fracasos, los excesos, el amor y muchas canciones. Una aventura conducida a través de la oscuridad con creatividad y amor, la historia de un icono que se sobrevive a sí mismo”, dice la sinopsis de El amor después del amor que Netflix publicó. Si bien no dio la fecha exacta, la plataforma avisó que próximamente se estrenará esta bioserie basada en la vida de Fito Páez, una de las estrellas musicales más relevantes del rock latinoamericano.

¿Vas a cantar?

Sí, voy a cantar, tengo varias escenas cantando a capela, donde ella está hablando y de repente canta. La voz de Fabi me queda cómoda, además sé que todos quieren que salga bien, eso antes me preocupaba porque yo quería ser perfecta, que todo salga perfecto, ahora medio que lo solté. Sé que, si algo no queda bien, no van a ponerlo. Disfrutando el presente se la pasa mejor, así que ya estoy en otra posición de mi vida. De las pasarelas a la plataforma de streaming mas vista de todas. Micaela Riera es el claro ejemplo de que, con talento, insistencia, perseverancia y entrega, se puede llegar muy lejos y vivir la vida que imaginaste.

-¿Cómo fueron los inicios en tu carrera?

Esos inicios. Arranqué con Pancho Dotto, representante de modelos, cuando tenía 14 años. Me lo crucé en un evento que fui a acompañar a mi mama y me dijo: “Vos tenés que ser modelo”. Yo no tenía nada que ver con el modelaje, no me gustaba mostrarme ni hacerme la linda, pero si me gustaba la actuación, estaba muy enfocada, entonces lo vi como una puerta, que de hecho la fue. Firmé un contrato de 5 años y estuve 4 pidiéndole por favor que me lleve a un casting para actuar.

-¿Qué opinaba Pancho Dotto cuando le pedías hacer esos castings?

Él tenía un grupo de modelos que eran actrices, que trabajan en series, yo también quería eso. Pancho me decía que ya iba a llegar mi momento, que todavía no tenía nada para mí. Y yo veía que había un montón de cosas en las que me podía mandar y no me mandaba, yo me enojaba. Al primer casting que me mandó, para la novela “Consentidos”, quedé. Ahí fui y le dije: “Viste que me tenías que mandar a un casting”. A partir de ese momento solté el modelaje, casi de un día para el otro.

-Hay muchos prejuicios con el ambiente del modelaje, ¿Vos cómo lo viviste?

Es un ambiente bastante cruel, porque sos un cuerpo todo el tiempo siendo juzgado. La palabra modelo es muy fuerte, yo nunca me sentí identificada con ser un modelo de mujer, o de adolescente, porque yo en ese momento era una nena. Hay competencia, pero yo no lo viví tan así, me hice muchas amigas, éramos como una familia, nos íbamos juntas de viaje. Hoy mantengo esas amistades.

-¿Crees que en todos los trabajos hay cierta competencia?

Si, de hecho, pasa en mi actual trabajo, se mide por la trayectoria de los actores. En el caso del modelaje la competencia es algo muy frívolo, porque no es que te instruiste, estudiaste un montón, tenes años de experiencia o talento, en realidad sos lindo. Las personas que más la rompen siendo modelos es porque son lindos, es algo vacío. Yo no lo viví como una competencia, sí tuve momentos bastante feos, sentí que no estaba a la altura. Eso era una cuestión de competencia más conmigo que con las demás.

-Antes del modelaje vos ya estabas estudiando actuación, ¿Siempre supiste que era lo tuyo?

No sé si lo tenía tan en claro, pero me gustaba, no lo veía como una carrera. Yo de muy chiquita era muy activa e histriónica. Me gustaba mucho imitar, en mi repertorio tenía animales, personas, personajes. Todos me decían que era la actriz de la familia y cuando cumplí 6 años decidieron mandarme a clases de actuación, para tener un espacio donde me puedan prestar atención, porque en mi casa ya no lo hacían. No fue algo que yo diga “quiero hacer esto toda mi vida” simplemente fui y lo disfruté. La profesora de teatro después se fue y yo no seguí estudiando en ese lugar. Cuando tenía 16 años quise volver a estudiar teatro, empecé a tener plata con mi trabajo de modelo y vi que podía pagarme la clase con el profesor que me guste. Quería disfrutar la sensación de hacerlo, todavía no lo veía como una carrera.

-¿Identificas en qué momento la actuación dejó de ser un juego?

Cuando arranqué las clases me di cuenta que me gustaba mucho actuar y me di cuenta que era buena, eso también me ayudó, no me costaba, me daban buenas devoluciones, la pasaba bien. Todo era un buen plan, lo único malo era que estudiaba los sábados a la mañana y los viernes no podía salir. Ahí fue cuando le dije a Pancho Dotto, “no quiero ser modelo, quiero actuar”. Al principio pensaba, “¿me habrán dicho tantas veces que era la actriz de la familia y elegí estudiar por eso?”. Busque por otros lugares, hacer otras cosas que las hago todavía. Siempre iba actuando en simultáneo, eso nunca lo dejé. Estudié diseño de interiores, después hice la tecnicatura de cerámica. Ahora ese es mi trabajo paralelo, hasta tengo un taller en mi casa.

La tecnicatura de cerámica surgió por sus ganas de estudiar dibujo, averiguó en escuelas cerca de su casa y encontró una escuela de arte. Había cupos únicamente para cerámica, dentro de ese taller estaba la materia de dibujo, sumada a moldería, química, alfarería. Era de lunes a viernes, seis horas. Al principio pensó que podía ignorar algunas materias y centrarse más que nada en el dibujo, pero descubrió un gran atractivo en esa tecnicatura, lo que la llevó a cursar todas y obtener el título.

-Siempre tuviste en claro tus prioridades, el colegio antes que la carrera de modelo. ¿Eso salió de vos o sentís que te lo inculcaron?

En un momento me estaba por quedar libre y hablé con mi vieja, me dijo que haga todo el esfuerzo ese último año y que después se lo iba a agradecer. Yo entendí y lo hice. Me cambié a un colegio más relajado que me ayudaba con las faltas. Entendían que estaba trabajando. Era caro, pero yo trabajaba así que me lo pague sola. En el anterior no me justificaron más las faltas, terminó el primer trimestre y yo ya me estaba quedando libre. Cambiarme fue lo más porque pude hacer todo y no perdí nada, solo me llevé una materia que la rendí y me egresé.

-¿Cómo fue la experiencia en Consentidos?

Hacer el casting fue un juego para mí, la pasé muy bien. Le puse tan poco peso, lo re disfruté. Veía a la directora de casting re copada con lo que estaba haciendo, me sentí muy cómoda. Yo me preparé para hacer el personaje de Emma, me dijeron que quedé, pero al final terminé haciendo el personaje de Valentina. Porque en realidad Natalie Pérez no iba a ser la protagonista, iba a ser el coprotagonismo. Todo se movió un poquito porque Brenda Asnicar iba a ser la principal. Cuando Brenda no cerró contrato, deciden poner a Natalie de protagonista, ahí todos los personajes subieron un puesto, mi personaje iba a ser mejor del que me habían dicho. Justo yo me estaba por ir de viaje de egresados y dije: “No, me quedo a trabajar, quiero esto”. La pasé re bien.

– Tu personaje generó mucha empatía en Argentina y también en Europa. ¿Cómo podrías describir su historia?

Valentina era una adolescente de 17 años que estudiaba en el colegio Mastery School, podría decirse que era la líder de las chicas grandes de ese colegio. Tenía un carácter muy fuerte, pero era una persona dulce y muy querida por todos. Su papá está casado con la mamá de Ivo, un chico de su misma edad que más adelante va a ser parte del mismo colegio. Valentina estuvo enamorada de él durante toda su vida, nunca se animó a decírselo y optó por ignorarlo y destratarlo. No tienen una buena relación, pero durante la novela se van conociendo con más profundidad hasta poder concretar esta historia de amor.

– ¿Cómo te llevaste con la exposición?

Tuve y tengo un tema. No me gusta tanto, soy muy tranquila y relajada. Tuve momentos en los cuales me sentí muy incómoda, con personas que me agarraban el brazo y me decían: “sacate una foto con mi hija”, con personas que mientras almorzaba se me tiraban encima, yo con la boca llena de comida. Por suerte no viví atosigada por la calle, pero una vez estaba en el Abasto, fui a comprar unas sandalias que me gustaban y una chica me reconoció, me pidió una foto, al lado venían otras chicas que también querían, de repente tenía 30 personas alrededor queriendo sacarse fotos. En un momento un señor se me acerca y me dice “yo no sé quién sos pero quiero sacarme una foto con vos”. No sabía cómo salir de ahí, yo estaba sola, tenía 18 años y no estaba preparada, fue la primera vez que me pasó, la sufrí mucho, estaba nerviosa, quería ser buena onda y salir de ahí. Después me pasó en eventos de Italia, pero con guardaespaldas, las italianas por suerte son re tranquilas.

-Tanto Consentidos como Señales del fin del mundo tuvieron un gran éxito en Europa, sobre todo Italia.

El éxito siempre vino por Consentidos, en Europa le fue muy bien. Utilizaron un poco la fama de mi personaje, Valentina, para promocionar Señales del fin del mundo, que también tuvo muy buenas repercusiones.

-En esos proyectos conocimos tu faceta como cantante. ¿Cuál es tu relación con la música?

Yo nunca me sentí cantante, siempre fui una actriz que me pedían que cante y cantaba. Nunca me sentí cómoda cantando, no puedo disfrutar, estoy pensando que tengo que afinar, que le tengo que meter a la nota. En Consentidos lo disfruté más, estaba más cuidada, en Señales la sufrí porque no había cuidado conmigo, pasaba mucho que iba a grabar una canción porque en tres días tenía que cantarla en una escena, llegaba el día y la canción no estaba entonces tenía que cantarla a capela adelante de todos, encima mis compañeros eran todos cantantes, yo me sentía un desastre. Hice lo que pude con lo que tenía en ese momento. Hoy en día lamento no haberlo disfrutado más, yo estaba ahí, me lo había ganado, había hecho mil castings. Ahí me prometí el próximo proyecto disfrutarlo más, ahora hasta me río de mí si no le pego a la nota, después se arregla y se edita. Ya no me preocupo por eso.