PARAGUAS Y TACUARAS


A pesar del frío y de la lluvia, a las 8 de la mañana miles de personas empezaban a llegar a la Plaza Fuerza Aérea Argentina, bajo la Torre de los Ingleses, al primer acto masivo del kirchnerismo desde el 9 de diciembre. Algunos medios hablan de 12 mil personas, las agrupaciones de 300 mil, pero no se difundió un número oficial.

Por Julieta Cáceres

Los paraguas se mezclaban con las tacuaras y las banderas, y los mates reunían a miembros de diferentes agrupaciones y sindicatos en un intento por entrar en calor.
La ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, debía declarar a las 10 de la mañana frente al juez Claudio Bonadio por la causa de dólar futuro por la cual fue llamada a indagatoria, y grupos de militantes y autoconvocados decidieron apoyarla en las puertas de los tribunales de Comodoro Py, así como lo hizo el lunes 11 de abril cuando llegó a Buenos Aires. Algunos se pidieron el día en el trabajo, otros faltaron a la facultad, se movilizaron desde el conurbano y también desde el interior del país para estar presentes.
La lluvia intermitente no daba tregua. Cuando parecía que los paraguas se cerraban, volvía a comenzar. “Es un garrón que llueva, pero le agrega mística al día”, comentaban algunos mientras esperaban que la columna avanza ra sobre la calle San Martín hacía la Cámara de Casación Penal. Como en todo acto del kirchnerismo, los cantos estuvieron presentes y aprovecharon para mostrar un nuevo repertorio, ya que muchas de las canciones quedaron obsoletas cuando Mauricio Macri asumió la presidencia.
Luego de presentar el escrito a Bonadio y mientras el Presidente se encontraba en Salta en un acto junto al gobernador Juan Manuel Urtubey, la ex mandataria dio un discurso de una hora en el escenario armado fuera de tribunales. A las 11 un silencio inundó las calles y todos los presentes intentaban escucharla, algunos con radios portátiles y otros con celulares. Se formaban rondas alrededor de cualquier dispositivo que sintonizaba una frecuencia que la transmitiera y las cabezas se acercaban lo más posible a los parlantes. “Cuando éramos gobierno ésto no pasaba”, bromeaban miembros de la agrupación Peronismo Militante. Durante esa hora el silencio sólo era interrumpido por cantos que acompañaban las palabras de la dirigente, o por algún que otro insulto por no poder escucharla: “Llego a casa y la escucho por YouTube, así no se puede”, decía un joven. Pero claro, estaba en Comodoro Py al 1800, a 200 metros del escenario.
El discurso terminó poco después de las 12 y las nubes que habían estado presentes en todo momento se abrieron sobre el edificio y dejaron ver el cielo celeste: “Salió el sol, finalmente”, dijo Cristina para cerrar.

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