“PASAMOS DE JUGAR EN LOS POTREROS A SALIR EN EL ESTADIO AZTECA CON 80 MIL PERSONAS”


María Esther Ponce fue una de las “Pioneras” que representó a nuestro país por primera vez en el Mundial no oficial de México 1971. “Pelusa” recuerda las dificultades del viaje y resalta el gran papel del equipo que terminó cuarto –con goleada a Inglaterra- más allá de su poca preparación: “Fue una aventura que nosotras jamás nos hubiésemos imaginado”.

Por Matías Mariano Da Piedad y Claudio Panza

El año pasado se jugó en Francia la octava edición de la Copa Mundial Femenina de Fútbol organizada por la FIFA. Sin embargo, hace 39 años se disputó en México un torneo que no es reconocido por la federación internacional, pero que marcó un precedente único en el deporte y Argentina fue parte de esa historia. Éter dialogó con María Esther Ponce, defensora del equipo.

– ¿Cómo fue el camino para llegar al Mundial?

–  La selección estaba armada y manejada por un señor, que era como nuestro manejador. Él probaba jugadoras que veía por los barrios donde jugábamos. Hasta que un dia este señor llegó con la novedad de que venía una comisión buscando los seleccionados de América, porque iba a haber un Mundial en México. Esto fue en el año 71. Y bueno, nos preguntaron si nos animamos y les dijimos que sí, más vale que nos animamos. Entonces mandaron a la selección mexicana primero a la Argentina. Les ganamos 1 a 0, en la cancha de Nueva Chicago. Así que con más razón, tenían ganas de que fuéramos allá.

-¿Y cómo se prepararon para el torneo?

-Vino un señor que nos hizo de director técnico y también nos preparó físicamente. Porque nosotras no estábamos acostumbradas a partidos internacionales, éramos de potrero. Así que en dos meses tuvimos que preparar el cuerpo para ir allá, bajar algunos kilos también.

Suena descabellado hoy pensar en llegar a un Mundial sólo por invitación, pero hay que tener en cuenta también que en ese momento existían muy pocas ligas femeninas en el mundo. En Argentina, de hecho, la mayoría de las jugadoras jugaban sólo en los barrios sin equipos fijos. Para la AFA, según nos cuenta “Pelusa”: “Nosotras no éramos jugadoras de fútbol para ellos. Esto no era un deporte, era como un entretenimiento”.

– Una vez preparadas viajaron hacia México. ¿Cuál fue la repercusión?

– Un 9 de agosto fui yo con otras dos chicas. Fuimos primero para ir haciendo las entrevistas con los diarios y prepararnos más o menos el terreno. Nos seguía Televisa, la cadena de tv, algunas radios y diarios. Cuando llegamos las primera tres, nos hicieron una conferencia de prensa. Estábamos con el secretario del apoderado nuestro. Así que habló el secretario y después nos hicieron algunas preguntas a nosotras. Luego fueron al hotel y nos hicieron también un reportaje. Unos días más tarde llegaron las otras chicas y ya estábamos instaladas, en un hotel internacional espectacular. Todo pago, lo pagaba la comisión que organizó el Mundial.

-¿Siempre con diarios de México? ¿No tuvieron contacto con medios argentinos?

-No, acá no nos daban mucha bolilla. Sólo cuando jugamos con las mexicanas, que estuvo Crónica y algunos medios, aún tengo los recortes.

-¿Cómo fue jugar en el estadio Azteca?

-La verdad es que nos temblaban las piernas, por lo menos a mí. Después de jugar en potreros, en canchitas auxiliares, pasamos a pisar un césped que se te hundía hasta el tobillo, con unos botines berretas que nos dieron allá (risas). Porque al final México puso la ropa para que pudiéramos jugar, ya que Argentina no llevó nada. Llegamos tarde, así que el primer partido lo jugamos con ropa que nos compraron allá. Así que era bravo jugar en una cancha como esa y a cancha llena. Así que imaginate, pasamos de jugar en los potreros, los barrios a salir en el estadio Azteca ante 80.000 personas que gritaron ¡México! ¡México! Fue tremendo. No nos asustó mucho, pero también había que respetar el lugar en donde estábamos.

Más allá de los botines y la complicada organización, la Selección albiceleste terminó el torneo en la cuarta posición: tres derrotas con México, Dinamarca (campeón) e Italia, y una victoria ante Inglaterra. Fue contra las inglesas cuando se consiguió una actuación memorable: goleada 4 a 1, con cuatro goles de Elba Selva. Ese 21 de agosto quedó en la historia y hoy se celebra “el día de la futbolista” en honor a ese triunfo.  “Elba es una crack. Me hace acordar a Di María, jugaba igual”, recuerda María. En cuanto a ella, tenía un estilo más rústico: “Yo jugaba como Hacha Brava Navarro (risas). Yo era defensa y era fuerte, tenía pierna fuerte”.

Hoy, a los 75 años, María Esther vive en Córdoba con su hermana y disfruta al escribir poesía y de sus recientes homenajes: “Yo me perdí el viaje a Francia el año pasado, cuando fue el seleccionado argentino. Porque no me habían encontrado, a mi me encontraron recién en noviembre. Hace poco estuve en la cancha de Independiente, yo soy hincha del Rojo desde que tengo uso de razón. Así que me invitaron desde el club, me pagaron todo para que fuera. Hicieron un homenaje para el día de la mujer el 8 de marzo y salí a la cancha con los muchachos. Estoy viviendo un sueño, porque a mí me llegó tarde, pero nunca es tan tarde”.

-¿Se imaginaron alguna vez que serían reconocidas como lo son hoy?

-Fue una aventura que nosotras jamás nos hubiésemos imaginado. Fuimos con mucho orgullo, pero también con mucho miedo. Otras no, porque decíamos: “Vamos a aprovechar, tenemos un viaje, vamos a jugar a la pelota que es lo que nos gusta”. Y no le dimos por ahí la dimensión que tuvo. Que quizás hoy lo están tomando en Argentina y en varias partes del mundo como algo grande. Como las primeras jugadoras que fuimos a representar la camiseta argentina.

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