SALIDOS DEL POSTER


Los clubes de fans, que parecían haber muerto en los 90’, siguen vivos a pesar del boom de la “era digital” y los encuentros en redes sociales. ¿Cómo funcionan hoy estos grupos que supieron ser un engranaje más en la maquinaria de difusión de la industria discográfica internacional?

Por Agustín  Castelli (@agcastelli), Ignacio Orta (@nacho_orta), Catalina Puppo (@cata_puppo), Lucrecia Raimondi (@LucreRaimondi), Dalmiro Suárez Tobía (@dalmirosuarez) y Jorgelina Vaquero (@jorvaquero)

Las redes sociales modifican muchos aspectos de la vida cotidiana y social. Sin embargo, entre las cosas que sobreviven a la irrupción de la web en la vida cotidiana, se encuentran los clubes de fans. En la actualidad no funcionan sólo como un recuerdo del pasado, sino que todavía realizan sus encuentros de fanáticos, como en las viejas épocas.. Además de los grupos que surgen con la aparición de nuevos artistas, también perduran  los fanáticos de la “vieja escuela”, aquellos de bandas de los ’80 o ’90.

No Doubt, banda de rock californiana formada en 1986, tiene un fans club en Argentina desde 1996 llamado “En Argentina, No Doubt tiene aguante”. “Pasamos muchos años viendo las mismas caras – explica Hernán Toska, uno de sus integrantes – Pero en los últimos años Facebook hizo que nos reencontráramos con viejos fans”. Él tiene 25 años y lleva tatuada en su brazo derecho la cara de Gwen Stefani, líder de No Doubt, y hasta su perra lleva el nombre de la cantante.

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Si bien cada club tiene sus características particulares, ya que los estilos de la música pueden ser muy variados, cuentan con muchas cosas en común. De esta forma, “Rudi” Taladriz, creador del club oficial de Metallica en Argentina, “Argentallica”, coincide con Hernan en que las redes sociales, lejos de perjudicar, los ayudan en materia de difusión y comunicación. “Nosotros tenemos 4500 personas en una cuenta de `face´, y 1500 o 2000 en otras dos”, revela el metalero.

Por Facebook se convocan a las 14.00 en el Mc Donalds de Lavalle y Florida, en pleno centro porteño. Antonella viste una remera verde loro y letras blancas que representa al club de fans con las siglas BSBFL (que significan: “Backstreet Boys Fans Live”); avisa al gerente de comida rápida para que autorice el paso de la visita a la reunión. El primer piso está cerrado al público por limpieza, pero a ellas ya las conocen, porque se juntan una vez por mes, entonces no las desalojan como al resto de los clientes. Las fans arman una especie de vip para ellas en una mesa ratona rodeada de sillones

La charla, que empieza formal contando el nacimiento de BSBFL, continúa distendida: esta vez ocho mujeres, con edades de entre 25 y 40 años, toman café o comen hamburguesas entre risas. Las historias con los Backstreet Boys se suceden a medida que explican la razón que las convoca: hablar de ellos como si hubiese una noticia, prepararse para el crucero con la banda en Miami y compartir recuerdos.

Los fans club pueden ser oficiales, como el que maneja “Rudi”, o no oficiales como el de No Doubt. La diferencia es que los primeros están reconocidos por una discográfica, o por el fan club “madre”, que en este caso es el grupo de seguidores de Metallica en San Francisco. El creador de Argentallica asegura que ser reconocidos oficialmente tiene sus ventajas: “Metallica cada 100 personas que asociás te premia con un viaje todo pago, así estuvimos con la banda, y nos firmaron guitarras, parches de batería, remeras, etc.”.

Según publicó el diario “El comercio” en octubre de 2010, la productora inglesa EMI entregaba los carnets que acreditaba a determinado club como el “oficial”. El grupo de fanáticos tenía que realizar un informe semanal o mensual de los eventos que habían hecho para promocionar al cantante. Gracias a esto, los integrantes obtenían beneficios de la compañía para  recibir discos o contactarse con los ídolos. Por su lado, Sony Music adjudicaba a los fans oficiales la tarea de llamar a radios y canales de televisión para que sonaran los temas musicales que vendían. El beneficio consistía en conocer a la banda o cantante cuando ofrecieran un concierto en el país.

Sin embargo, el auge de los clubs de fans se reduce producto del uso, desarrollo y velocidad  que adquieren las redes sociales. Ya no resultan necesarios los grupos y reuniones para la difusión entre fanáticos: un link y un foro hacen de punto de encuentro para quienes desean compartir información sobre sus cantantes favoritos. “Rudi” confirma, en base a su experiencia, que en los ’90 las discográficas lucraban con los fans. “Eso se cortó con la web y los sitios sociales – explica Rudi – Ya no le dan bola a los clubes de fans porque no nos necesitan” Sin embargo, reconoce que aunque Internet les haya facilitado mucho las cosas, “es un medio terrible de difusión” y hoy tienen que utilizarlo porque si no “no existís”.

Sandra, integrante del club “Backsteet Boys ‘Fans Live’”, cuenta que gracias a la organización y las actividades del club pudo ver a quienes son sus intérpretes favoritos desde hace 11 años. “‘¡Saltaste del poster!’, fue lo primero que pensé – Revela Sandra y admite- Te shockea verlos en persona porque te das cuenta que son de carne y hueso”. Diferente es el caso de Rudy, de Metállica, que confesó: “A mí el club me ayudó mucho en mi vida particular, me hizo pertenecer a algo, y a la vez que otros puedan creer y pertenecer a eso es una doble satisfacción”.

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Más allá de la irrupción de las redes sociales como una herramienta de difusión y convocatoria, las actividades que realizan los distintos clubes de fans no varían mucho a lo largo de los años. “Hablamos de música, intercambiamos opiniones, nos hacemos amigos, organizamos recitales de bandas tributo, los vamos a ver, y soñamos con tener a No Doubt de nuevo tocando en Argentina”, ejemplifica Hernán sobre el dinamismo del club. Hay otros que van más allá, como el de Metallica, que por ser oficiales cuentan con el apoyo de sponsors, y esto les permite realizar actividades que requieren mayor organización, como viajes al exterior para ver a la banda. “Rudi”  dice que el cambio que se percibe en los fans por el paso del tiempo son las distintas formas de difusión tecnológica, pero reivindica los viejos métodos. “La mayoría piensa que Internet, hoy en día, pudo contra el volante que se reparte en la vía pública para promocionar los eventos. Pero la vieja escuela siempre funcionó y sigue funcionando”.

Ya sean fanáticos de No Doubt, Metallica, los Backstreet Boys o cualquier otro artista, existe un rasgo que no escapa a ningún ferviente seguidor de una banda: las locuras que están dispuestos a hacer por ese amor incondicional que sienten por los artistas. “Rudi”, por ejemplo, fue con 17 años, y sin saber inglés, al festival Woodstock de 1994  para ver a Metallica. Por su parte, Hernán, además de escaparse de su casa a los 12 años para ir al recital de No Doubt en Ferro, hizo otras cosas que solo un apasionado está dispuesto a hacer. “Lo más loco fue poner en la pantalla gigante de la facultad, ante más de 600 personas entre alumnos, profesores y ministros, el video de la canción “It’s my life” para que todo el mundo lo viese, escuche y conociera mi banda. Sí, así le digo yo, mi banda. Me valió una sanción, y casi me echan, ¡pero fui muy feliz!”, se enorgullece el jóven.

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La pasión por una banda o un artista va a existir siempre. Los círculos de fans nuclean a todas las personas que comparten un mismo sentimiento y que necesitan encontrarse con otros que sienten lo mismo que ellos. Muchos lo ven casi como una terapia; así lo explica el fundador de Argentallica: “Lo que hacemos nosotros es que la gente pueda aparecer y sacar el fanático que tiene adentro. Hay muchos que por lo visto han reprimido su fanatismo, porque acá puntualmente –en Argentina- no lo entienden”.

Links relacionados:

https://www.facebook.com/argentallica?fref=tshttps://www.facebook.com/argentallica?fref=ts

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LA VIDA DESPUES DEL ROCK

A principios de los 90, Martín Carro Vila fue bajista de Caballeros de la Quema, uno de los grupos màs populares del “rock chabòn”. Hoy, alejado del rock, trabaja detrás de escena como productor de televisión. Y cuenta còmo fue ser parte de un objeto de culto de los fans.

Por Lucrecia Raimondi (@LucreRaimondi)

“Tocábamos con Los Piojos, por el ´91, en lugares que entraban 70 tipos y no juntàbamos 50”, recuerda Martín Carro Vila, ex bajista de los Caballeros de la Quema, uno de los grupos clave de la movida del rock barrial de aquella dècada. El mùsico, que hoy sigue tocando el contrabajo pero en proyectos de poca difusión, recuerda que en los inicios su banda no tenía un público masivo. Más bien se repetían las mismas caras de recital en recital, y muchos de quienes los seguían eran pibes con un sueño parecido al de ellos, que armaban otras bandas con el objetivo de triunfar. “No habìa club de fans, ni Internet, ni Facebook. En esa època el contacto era la movida de la gente que se juntaba en los shows y nos veían las caras en el escenario”, describe.

También cuenta que los invitaban mucho a tocar en Córdoba y Santa Fe, que les prestaban los equipos,  que nunca cobraban entrada y que se pagaban ellos mismos el pasaje. “Nunca veíamos un mango”, confiesa.

¿Qué dicen los que eran seguidores de Caballeros de la Quema cuando te reconocen?

Un tipo santafesino que vino a Buenos Aires hace poco me ubicó por el apellido donde laburo como productor en la Televisión Abierta y me dijo ´te vi hace 20 años, cuando tenía 14´ en un lugar en el medio de Santa Fe, y yo no me acuerdo haber tocado ahí. Después revisamos la fecha, con el cartel y todo, estaba yo ahí.

¿Cómo reaccionas con esas situaciones?

Recibo contacto de gente que me dice que quiere ser mi amigo porque eran fans de Caballeros, pero no les doy mucha bola, no contesto a los mensajes, no me gusta esa movida.

¿Qué pensás al ver gente que se moviliza fanática por una banda o solista?

Antes nos gustaba “futbolizar” en los recitales. Había gente que se identificaba por otro lado que no era la música, lo que después surgió como la cultura del aguante, el rock chabón. A mí me desilusionó un poco porque estaba todo apoyado por esa compañía DBG que después le puso algo de prensa y un poco empezó a moverse, a vender más. Pero me di cuenta de que querían a Iván Noble como solista.

Iván Noble tiene un perfil de músico muy diferente al tuyo…

Es de otro palo, lo conozco desde los 15 años. La intención de él siempre fue para otro lado, estudiaba actuación y cantaba pero no ensayaba. En el recreo de la escuela venía con entrevistas a periodistas y nosotros lo mirábamos con cara de “¿para qué?”, porque soñábamos con tocar en estadios pero lo que más nos importaba era tocar mejor. La movida de Iván era cien por cien prensa y público. Él es un capo con el marketing

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