“SI SE JODE A LOS ESPACIOS CULTURALES, NOS JODEMOS TODOS”


Más de 200 espacios culturales de la ciudad realizaron un “apagón” en contra de los tarifazos de luz y gas, que los pone al borde del colapso económico.

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“Apagamos las luces para encender la emergencia”, dijeron más de 200 espacios culturales en reclamo contra los tarifazos de luz y agua que amenazan con obligarlos al cierre, o al menos al recorte de funciones. Se trata de teatros independientes, centros culturales, clubes de música, peñas y milongas que, nucleados en el colectivo Cultura Unida y varios más, eligieron un minuto de la noche del sábado pasado para quedar a oscuras y leer a los espectadores un documento en el que contaron su nuevo drama.
Apagar Callao y Corrientes es imposible. Debe ser por eso que, a primera vista, brilla como siempre. Los grandes monstruos de los shows están colmados de espectadores. A esos, parece, no los afecta (o los afectará últimos) la crisis o las subas en los servicios. En Multiteatro responden: “No sabíamos nada del apagón, eh. No nos avisaron”. Luego se corrigen: “Es que no era para nosotros, era para los del off”. A la hora de contestar si los afectan los aumentos, uno de los gerentes (que pidió reserva de su nombre) reconoció: “No sabés cuánto. Muchísimo. Más de lo que te imaginás. Pero termina pagándolo el espectador”. ¿Podrá decir lo mismo un teatro pequeño, con aparato de difusión y un margen de ganancias menores, que los que cobran 450 pesos una entrada?
Los tarifazos son nuevos pero la lucha no: los espacios culturales conocen bien el ahogo y la persecución de las clausuras del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que en cada uno de sus gestos muestra las intenciones que tiene para la cultura.
Los gigantes y su luz de marquesina tapan toda oscuridad, pero los apagones están: el teatro Belisario adhiere. “Termina esta función y lo hacemos”. En el Picadilly, el hombre de la boletería dice: “Si, claro. Cinco minutos antes de la segunda función apagamos las luces de la marquesina y un actor va a decir unas palabras al público”. Además, cuenta que pasaron de pagar 4 mil pesos de luz a 17 mil.
En el Teatro Porteño también adhieren, pero Guido Gastaldi, su director, dice que le parece que la situación está sobredimensionada. “Nosotros no vemos que vayamos a cerrar ni que tendríamos que aumentar terriblemente la entrada. Con 1 peso o 2 pesos de aumento cubriríamos el gasto”, cuenta. No obstante, enseguida repara: “¡Pero ojo! Yo me sumo al apagón, lo voy a hacer en un rato, porque el aumento es desmedido, porque todo aumenta, porque trae problemas y porque debería haber una tarifa diferencial. Solo que no veo una situación tan trágica como la que escucho decir desde otros espacios”.
Bastante más lejos, en Pringles 1249, se agita el Centro Cultural Matienzo. Allí hay bastante más que un apagón. Hay una Radio, (Colmena) cubriendo el tema. Hay aguante en torno a lo que pasa esa noche. Se lee un manifiesto con mucha gente alrededor y además está Claudio Gorenman, su director y parte del Movimiento de Espacios Culturales (MECA), otro de los grandes impulsores de esta medida.
El lugar está lleno de gente y Claudio está ahí mezclado. Agitado, eufórico y con ganas de contar lo que pasó en el apagón: “Juntamos a todo el mundo en el patio, apagamos todas las luces del lugar y una de las chicas responsables de escénicas dijo: ‘Acá estamos haciendo un apagón cultural’. Después leyó el texto que teníamos preparado. Se sintió bastante fuerte”.
Claudio habla en plural inclusivo y no hace mucha falta preguntar a quiénes se refiere. MECA, los artistas, el Matienzo, Cultura Unida, los teatros… Coinciden todos: “Para nosotros, la solución de esto es una tarifa cultural federal permanente, pero entendemos que hay una situación particular de urgencia en la Ciudad de Buenos Aires y el responsable de eso es Horacio Rodriguez Larreta, que es el elegido para representarnos”.
Respecto del desenlace que tendrá el tema, Gorenman es optimista. Cree que a largo plazo, ya sea por vía política o judicial, van a poder conseguir la tarifa diferencial. La Ciudad les ofreció un aumento de 50 mil pesos en subsidios para cubrir esos gastos, pero los espacios culturales aseguran que se monto no alcanza.
El daño que podría provocar el no conseguir esta tarifa es imposible de calcular a priori. “El artista tiene que llevarse el 70 por ciento de lo que se recauda –razona Gorenman-. Pero entre que la gente tiene menos plata y sale menos, y yo, que me llevo el resto pero no llego a cubrir los costos, no puedo abrir. Y es necesario proteger esa estructura de gestión, porque si no: o se jode el artista o se joden los productores. O se joden los espacios o se jode el público. Yo podría subir 400 por ciento las entradas, pero sería asesinar la cultura independiente. Tenemos que poder mantener los precios porque son las fuentes de laburo para todos los que trabajan los espacios”.
La gira nocturna termina ahí, en la euforia del Gorenman y del Matienzo, que parecen la misma. No hay oscuridad en los apagones, hay claridad y mucha fuerza en un mensaje urgente que quiere hacerse oír. Porque, como dijo Claudio tapado por los gritos de una banda que suena atrás, si se cuida y se fomenta la cultura, los proyectos culturales crecen. Y eso, dijo, nos fortalece como sociedad, como país. Y, claro, como cultura.

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