UN ARTISTA POLÍTICO POR FUERA DE LA POLÍTICA

Daniel Santoro es un artista visual argentino. Con una pintura figurativa transforma y reinventa la historia del peronismo y todos sus íconos. Imágnes que van desde Evita hasta los descamisados.

Por Julián Domenech

El año es 1955, el día 16 de junio. Treinta aviones sobrevuelan la ciudad de Buenas Aires en dirección a Plaza de Mayo, desde la tierra los civiles pensaron que se trataba de una demostración de vuelo. Son las 12:40, los treinta pilotos antiperonistas descargan su furia contra la Casa Rosada, la sede de la CGT y la Plaza de Mayo. Las víctimas son peronistas, son antiperonistas, son padres, hijos y madres. Son los que iban a su trabajo, a comprar un diario o simplemente a pasear. Daniel Santoro apenas tiene un año y cinco meses. Mucho tiempo después va a reflejar, en una de sus obras, el bombardeo que destituyó a Juan Domingo Perón.

La militancia política siempre fue algo presente en su temprana vida, no así el arte y la pintura. Después del golpe militar de 1976, el cual derroca al último gobierno de Perón, Daniel deja la militancia por culpa de la llegada de la dictadura y es en la Escuela Nacional de Bellas Artes donde llega al mundo de las artes visuales. Pero hay un lugar donde estas dos pasiones convergen: en el bar.

El bar es el lugar donde todo se cruza. Se cruza el barrio, los viejos compañeros, las charlas con idas y vueltas, los borrachines, los estudiantes, los militantes, los artistas, y la actualidad política. Todo surge en el bar. Y así se hablan las cosas, se discuten. Y la política se funde en lo artístico.

Según el artista la presencia política en su obra nunca estuvo pensada para ser celebración, todo lo contrario. “La política está sujeta al arte” dice. En este sentido podemos encontrar que realizo cuadros donde Evita es una santa, es madre, es una guía y otros donde se come a besos con Victoria Ocampo mientras se meten las manos debajo de la pollera. Es evidente que desde su postura el peronismo no es algo sagrado y santificado. Es algo vivo. Es un logro colectivo. Es la creación de una mitología.

Es esta misma mitología la que abarca gran parte de la obra de Santoro y es por esto que “las razones políticas están sujetas a las razones artísticas”. Es el arte llevando a la política y expresándola de diferentes maneras. Aunque a algunos pueda extrañarles esto, dice que no hay que estar capturado por un “deber político”, que es mejor ser libre y hacer lo que uno quiera artísticamente. “El tema del arte es dejarlo ser, y las cosas van a surgir”, dice.

Daniel juega con esa mitología, la expande y la recrea en sus pinturas. “Es una forma del peronismo que a mí me sirve, pero no es el peronismo operante, no opera en el campo político real, es inoperante desde ese punto de vista”, expresa. Las definiciones siempre le hicieron algo de ruido. Como ha expresado varias veces “no hay deber ser”, principalmente en el arte. Y esto puede chocar con la política.  

Un mundo peronista

Un mundo peronista surge de los Manuales del niño peronista, que son cuadernos en los cuales el artista dibujaba y escribía sus ideas. Aquí, en estos “cuadernos de un niño peronistas” se entrecruza todo el imaginario de Santoro. Las imágenes santificadas, la tercera posición, la CGT, Perón, Evita, el descamisado, la mamá de Juanito Laguna, y tantos otros más.

Un director del Museo de Bellas Artes, Jorge Gluper, dijo: “es como un neokitsch”. Y Santoro se preguntó: “¿Por qué es visto así? ¿Por qué es definido así?”. Todas estas son definiciones impuestas desde afuera, como el minimalismo, según el artista. El peronismo es lo propio, es una creación. Una creación con raíces argentinas. Con identidad propia.

La patria es entonces una especie de construcción con su propio lenguaje. El peronismo. Un peronismo cargado de nostalgia, alegría y a veces hasta oscuridad. Y es sobre todo arte. Es libre. Se dejó ser. Y en este sentido tomó los significantes peronistas y los hizo pinturas, cada una con su propio mensaje.

Hay también en esta muestra una carga oriental. Se ve reflejado su tiempo y su aprendizaje de China y de su idioma, su cultura (como la acupuntura) y su religión. Es así como crea una amalgama entre la cultura de occidente, y particularmente la cultura e iconografía peronista, con la cultura oriental. La pintura La tercera posición, es una sumatoria de todo este universo creado por Santoro. Vemos la izquierda, la derecha, el avión llamado Pulqui, y los puntos donde van las agujas de acupuntura.

La mama de Juanito Laguna

Si algo caracteriza al artista es su forma de tomar todo lo que lo rodea y darle lugar a algo totalmente nuevo. Como sucede con los símbolos peronistas y lo que aprendió en sus viajes por Asia, Santoro toma también las obras de otros artistas, y les da un “plus”, otra vuelta de tuerca, un giro. Es el caso de la invención de la mamá de Juanito Laguna.

Juanito Laguna, que debe tener cinco o seis años, nace alrededor de la década de los 60 de la mano de Antonio Berni. Santoro toma esta idea, de este niño que vive en una villa miseria rodeado de chapas y le da una vuelta de tuerca. Si Juanito vivía en los sesenta en esas condiciones, su madre había vivido durante el peronismo, como una niña de guardapolvo blanco (provisto por el Estado y el cuidado de Eva Perón).

La mama de Juanito Laguna habita varias creaciones. Es una joven niña morocha mostrada siempre con su guardapolvo blanco. Este personaje muestra con una sutileza a todos esos niños que fueron despojados de la tutela estatal, de los orfanatos, del hogar de Eva y de la Ciudad de los Niños.

El ferromodelismo

Otra de las pasiones de Santoro es el ferromodelismo. Como expresa su nombre esto es la creación de un espacio a escala, de una pequeña ciudad, con sus ferrocarriles, sus edificios, sus calles y avenidas. Aquí se intenta hacer que todo funcione, que los trenes “llegan a horario”, que todo marche en orden, sin controversias. Pero la maqueta de Santoro no respeta este patrón. Es aún más realista, es casi peronista.

Aquí también converge esa mezcla que está presente en su obra. Civilización y barbarie. Hay muchas ciudades mezcladas, desde Chicago hasta Holanda y Suiza. Pero la maqueta, como todo lo que hace, tiene su propia identidad. Tiene también villas miseria y barrios privados separados por las vías del tren. Y también esta presenta la propaganda política peronista. Carteles de Evita y hasta un Ken de Barbie “lookeado” como un descamisado. Según el autor todo esto es “una colección de espacios”.   Entonces ¿Cómo podemos pensar a Daniel Santoro? Tal vez la forma más acertada sea la de artista libre, que hizo arte con todo lo que se cruzó en su vida y que no hace arte para el peronismo, si no que hace arte con el peronismo.