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Un puma sobre ruedas: el deporte como método


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El Quad Rugby, o Rugby en Silla de Ruedas, es un deporte paralímpico surgido en Canadá en la década del ‘70, que se juega en una cancha de básquet y permite la participación de jugadores con movilidad reducida de extremidades inferiores y superiores, como consecuencia de lesión medular, parálisis cerebral, amputaciones o malformaciones en los cuatro miembros. En la Argentina están Los Dogos, el equipo cordobés de esta disciplina, donde Diego Raposo es un histórico jugador, no solo por ser quien más tiempo lleva en el plantel, sino por ser quien introdujo este deporte en la Provincia.


Su historia comenzó en 1995, cuando se lesionó jugando al rugby para el equipo de su provincia: Palermo Bajo, y recuerda el dolor que le causó pensar que nunca más volvería a jugar al deporte que amaba: “Después de la rehabilitación decidí volver a ser un tipo feliz, como era antes”. Ese pensamiento fue el puntapié inicial para interiorizarse en los deportes adaptados. Tiempo después participó de la presentación del Quad Rugby en Buenos Aires, traído de Estados Unidos por disertantes de aquel país, y no olvida la emoción que le provocó volver a estar en una cancha: “Pensaba que nunca más iba a jugar, fue increíble”.

Así fue como Raposo volvió de Buenos Aires con una idea en su cabeza: fundar, en su Córdoba natal, un equipo en el que participen todas aquellas personas con movilidad reducida y que amen el deporte. “Me costó mucho, más que nada por cuestiones económicas, hasta que encontré un profesor de la Municipalidad que me apoyó con el programa. Así lo fuimos armando, y actualmente, el 50% de los jugadores que llegan al equipo, se quedan”, relata Diego. Los Dogos se formaron en 2012 y desde entonces, entrenan tres veces por semana en el Polideportivo General Paz y compiten en torneos nacionales frente a equipos de Rosario, Buenos Aires y Tucumán, donde ganaron su primer encuentro en 2018.

Esta disciplina se disputa en una cancha de básquet (28x15m), y la pelota es similar a la de vóley. Los partidos se dividen en cuatro tiempos de ocho minutos cada uno y se detiene el tiempo cada vez que la pelota sale o se comete falta. El objetivo es marcar el try en la línea de fondo del campo, entre dos conos verticales. Además, los jugadores se trasladan en sillas especiales que tienen una determinada inclinación, permitiendo el choque con otras sillas, de las cuales existen dos tipos: ofensivas y defensivas, que se diferencian en su estructura metálica.

Marcelo Ullúa es kinesiólogo y forma parte de Los Dogos. En 2016 tuvo un accidente automovilístico que le provocó una fractura de vértebras que anuló varias funciones de la médula espinal. Actualmente, trabaja en una ortopedia y es profesor en la Universidad Nacional de Córdoba, en 5to año de la carrera de Kinesiología, también brinda capacitaciones, disertaciones y asesoramiento sobre lesiones medulares y discapacidad. En el equipo empezó a jugar 8 meses después de su accidente, y rememora: “Pensé que no iba a volver a hacer nada por mí mismo, y que no podría practicar deportes nunca más”, y agrega que fue invitado por el capitán del equipo, a quien conoció en un campamento organizado por su centro de rehabilitación. Tuvo que aprender desde cero, ya que la silla deportiva es completamente distinta a la que usa habitualmente, y afirma: “Cuando me subí a la silla por primera vez sentí una adrenalina tremenda, y no quise bajarme nunca más”.

Los integrantes del equipo formaron la Fundación Quad Rugby Córdoba, cuyo objetivo es posibilitar que a los integrantes del equipo no les falte nada, desde equipamiento, educación, y hasta trabajo, donde buscan la manera de acompañar a todo aquel que se quiera sumar. “Lo más importante del equipo es el sentido de pertenencia, por haber encontrado a personas que tienen las mismas lesiones que nosotros, significa un cable a tierra muy grande, por todos los valores que tiene el deporte en conjunto: respeto, compañerismo, tirar siempre para adelante todos juntos, más allá del deporte mismo”, remarca Ullúa.

Dentro de su profesión, Ullúa también encontró a su compañera, Josefina, quien es Licenciada en kinesiología y señala que los beneficios del deporte adaptado, muchas veces tienen que ver con la parte psicoemocional, porque “los vinculan con personas que viven situaciones parecidas a las de ellos, y esto les permite proyectar en el otro y potenciarse”. Además, Marcelo destaca la importancia de la práctica deportiva y la describe como un cable a tierra que lo ayuda como distracción de la vida cotidiana: “Me hizo ver que había una vida más allá de lo que me pasó”, finaliza el jugador que llegó a participar de la Copa América de rugby adaptado con la Selección Argentina: Los Ocelotes.

Ambos jugadores recalcan la importancia del grupo como sostén ante las dificultades cotidianas que les presentan sus lesiones, tal como lo manifestó Raposo: “Es más que solamente jugar al rugby, esto pasó de ser un deporte o un entretenimiento, a ser algo que nos sirve para la vida, porque acá se armó una familia”.


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