UN REVÉS INESPERADO


Con el 36,86 % de los votos, Daniel Scioli se deberá enfrentar con Mauricio Macri en el primer balotaje de nuestra historia. Por su parte, María Eugenia Vidal (Cambiemos) se impuso en la provincia de Buenos Aires. Caras largas entre intendentes históricos del Conurbano y una Cámara de Diputados sin mayoría terminan de configurar una jornada cargada de sorpresas y un escenario incierto para el oficialismo.

Por Leonardo Toccaceli

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“Por eso hoy, rumbo al 22 de noviembre como una etapa hacia el 10 de diciembre, los quiero invitar a que cada uno asuma el protagonismo”, pidió Mauricio Macri pasadas las doce de la noche desde su búnker, cuando se confirmó que habría ballotage. En ese momento, además, los números lo estaban favoreciendo. “Yo quiero ayudarlos a crecer, porque creciendo cada uno de los Argentinos, es que vamos a construir la Argentina que soñamos”, arengó mientras las pantallas lo mostraban, sorpresivamente, ganador (con resultados parciales). El búnker del PRO estalló en gritos y aplausos. No era para menos, también habían ganado la provincia de Buenos Aires con Maria Eugenia Vidal como futura gobernadora.

Una hora antes, a las 11 de la noche, no había ninguna certeza. Y hasta algunos especulaban que Daniel Scioli iba a ganar, cómodo, relajado, sobre Mauricio Macri. Finalmente el PRO perdió pero ganó simbólicamente. Y esto se sintió. El aire que se respiraba en el búnker de Daniel Scioli, candidato a presidente por el Frente para la Victoria, antes de su discurso –alrededor de las 9 de la noche- era de fiesta y celebración: bombo, platillo, banderazo y canción. Eso pasaba en la tribuna de la militancia.

El Luna Park fue sede de una batalla silenciosa e intestina entre la militancia dura perteneciente al kirchnerismo y la ola Naranja del candidato oficialista. El único canto unificador fue la Marcha Peronista. Se notaba a flor de piel la incomodidad, pero no se veía venir un resultado tan ajustado. Después del discurso principal de Daniel Scioli, dejando entrever el ballotage, los bombos y platillos se empezaron a callar cuando las tribunas se empezaron a vaciar.

El discurso fue de campaña, no fue de una victoria cómoda: “Tengamos claro, queridos Argentinos, si fuera por Macri no tendríamos Asignación Universal por Hijo, YPF, Aerolíneas, la recuperación del Anses y hubiéramos salido, como él dijo, a pagarle sin condicionamientos a pagarles a los fondos buitres”.

Eran las 10 de la noche- faltaban dos horas para que Julio Alak, Ministro de Justicia de la Nación, diera los primeros resultados oficiales- y Scioli ya anunciaba que iba a respaldar y respetar los resultados de la elección, fueran los que fueran, ganara quien ganara. En ese momento hizo un pasaje discursivo por todos los slogans de las fuerzas políticas cercanas, convocando a los votantes para el próximo 22 de Noviembre: “Creemos con Carlos (Zannini), como Néstor, que las convicciones no se dejan en la puerta de la casa de gobierno. Creo, como dice Cristina, que ‘la patria es el otro’”. Convocó a los indecisos y a los que no votaron, a los socialistas de Stolbizer y a los radicales que no apoyen a Mauricio Macri.
Repaso sus principales promesas de campaña, alineadas en las tres “T” del Papa Francisco: “Tierra, Techo y Trabajo”. Prometió una Argentina industrializada que apueste al desarrollo de la ciencia y tecnología local. Prometió que volvía a hablar a las 11:30 de la noche, cuando tuviera más información. Lo último que le vimos fue la espalda, ya que, en el bunker, nunca más le vimos la cara.

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