Un vínculo inesperado

El documental de netflix que retrata la relación de un documentalista abatido por el estrés y lejos de su familia que, vuelve a sus raíces y encuentra mucho más de lo que fue a buscar. 


“Es momento de comenzar de nuevo”, dice el buzo y documentalista sudafricano Craig Foster que, luego de filmar en su país un documental sobre la vida silvestre, termina atormentado por la pésima calidad de vida y los elevados niveles de estrés que estaba llevando. El resultado: prolifero documental de 85 minutos durante los cuales la relación de una de las especies evolutivas más interesantes de los océanos y un ser humano, conectan indefectiblemente sobre nuestra propia fragilidad como especie.

Alejado de las grandes producciones y sin mayor presunción que la de una cámara de mano y dos patas de rana, el documentalista ofrece una mirada pura sobre una amiga inesperada que aparece entre los arrecifes de coral en las costas de Bahía Falsa, Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

“Mi maestro el pulpo” es el resultado del reencuentro del director consigo mismo, la vuelta a los orígenes, y el riesgo que conlleva vivir sin estar del todo vivo, pero también es un punto de inflexión sobre la realidad que obra, tan silenciosa como voraz, sobre una cotidianeidad común y sensata.

Craig, entonces, cuenta –y documenta– con absoluto detalle, el significado de volver a casa, y la relación, casual –y profunda– con un pulpo hembra mientras bucea sin tanques de oxígeno en la bahía que lo vio nacer.

La interacción con el pulpo y con su único hijo, la búsqueda de respuestas personales y la conexión entre dos mundos tan cercanos, pero también tan lejos, funcionan como hilo conductor en donde lo aprendido de rastreadores de animales, la lectura del medio en el cuál se habita y, el nivel de observación que tanto se necesita para vivir más simple, hacen de este documental una parábola entre ambas especies.

El documental ganador del Oscar invita a revisar, poniendo sobre el tapete, en donde elegimos estar parados. El orden natural de las cosas no tiene tiempo en reparar sobre nuestros caprichos y afecta nuestras conductas al punto que, a través de una especie marina, con paciencia, se pueden poner las cosas sobre su propio eje.

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