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COBERTURA – FESTIVAL DE CINE DE MAR DEL PLATA – LUZ, CÁMARA, ACCIÓN


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Puso primera el Festival de Cine Internacional de Mar del Plata. Luego de una apertura cargada de emoción, en la que se repasaron los orígenes del encuentro anual que se convirtió en un clásico de La Feliz, llegó la hora de la primera película: “Las Analfabetas”, del director chileno Moisés Sepúlveda. 

Por Santiago Valcarcel (Enviado Especial)

El aire como siempre en la costa huele a mar y a bronceador; pero los que llegaban con los bolsos no buscaban las olas (al menos no directamente), ni las medialunas, ni las panorámicas de la Bristol. Su misión era acreditarse, informarse, inscribirse  y empezar a disfrutar de lo que hasta el 24 de noviembre será el leit motiv de la otrora Reina del Atlántico: el cine.

El sábado por la noche ocurrió. El 28° Festival de Cine Internacional de Mar del Plata fue inaugurado oficialmente. Si bien algunas películas ya habían sido exhibidas durante esa jornada, fue “Las Analfabetas”, la primera película del director chileno Moisés Sepúlveda, la que fue presentada en el acto inaugural. Todo el festival (y como todo lo que ocupa espacio en este dinámico cosmos) tiene una dualidad: la parte ceremonial, cholula, de famosos y de fiesta; y el cine. Por respeto e imitación, así será esta nota, con dos partes: por un lado el protocolo y por el otro el cuore de la noche de gala en que la sala Astor Piazzola del Teatro Auditorium de Mar del Plata recibió a los exponentes y figuras del fílmico.

La gala

Las entradas para la gala resultaban un bien escaso. Se entregaban con cierto criterio de seleccción y no estaban al alcance de los becados del festival o de quienes no tuvieran algún contacto en el staff. Sin embargo, un problema importante a la hora de entregar las acreditaciones ponía en desventaja al equipo de organizadores. Ese desbalance los puso en jaque y permitió a muchos conseguir entradas, apelando a ser recompensados.

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La cita era a partir de las 20.15. En el foyer del teatro se expusieron en tamaño persona varias fotografías tomadas por Annemarie Heinrich que retrataban (a veces de cara solamente, otras de cuerpo entero) a figuras icónicas del cine argentino: Sabrina Olmos, Susana Campos, Lucas Demare y Alberto Olmedo, entre otros. Una orquesta de cámara musicalizaba el cóctel en el que algunos directores, actores y personalidades se mezclaban y bebían con periodistas, cineastas y algún que otro estudiante que se hubiera podido colar.

Cerca de las 21.15 la sala abrió sus puertas y el público se nucleó sobre la escalera con alfombra roja que llevaba hasta los cortaboletos. Una vez adentro, el escenario era sublime. Todo el techo, decorado con unos paneles circulares con volumen, imitaba una textura “burbujosa” sobre la que las luces (redondas también) paseaban de vez en vez, con distintos colores. Levantar la cabeza representaba un leve y agradable efecto visual; que funcionaba en excelente convergencia para la acústica de la sala

Lo primero en proyectarse fue un repaso de la primera edición del festival. El material utilizado era único: filmaciones en blanco y negro que mostraban, por ejemplo, al ex presidente Juan Domingo Perón codeándose con figuras del cine internacional que en 1948 hacían estragos en salas de todo el mundo (Gina Lollobrigida o Errol Flynn, por citar algunos). Una locución guiaba las imágenes sin audio y los espectadores se emocionaron reconociendo a tantas figuras que hicieron época cuando todavía el cine no era tan masivo.

Una vez que se completaron las butacas de terciopelo rojo, comenzó la ceremonia. Duró media hora y el micrófono fue entregado en primera instancia al presidente del festival, José Martínez Suárez (hermano de Mirtha Legrand), quien, corto y al pie, tiró un chiste, un agradecimiento, una sonrisa octogenaria y se despidió vitoreado. Siguió Jorge Telerman, presidente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Menos canchero que José, fue también breve y conciso. Luego Liliana Mazure, presidenta del INCAA agradeció a todos los presentes por participar, a todos los que colaboraron con el festival y a las políticas públicas iniciadas por Perón a favor de las poblaciones más vulnerables que, gracias a él, pudieron comenzar a disfrutar de privilegios que eran antes clasistas y reservados a la créme (como lo eran las playas de Mar del Plata). Recibió una placa de reconocimiento por parte del festival y dejó el escenario  al intendente del partido de General Pueyrredón: nuevos agradecimientos. El último en saludar fue Moisés Sepúlveda, que explícitamente no quiso “predisponerlos sobre lo que van a ver”, ocultando cualquier información sobre la película que se exhibiría (SU película) y humilde y con un poco de presión encima se despidió: “Espero estar a la altura del festival y que la disfruten”, concluyó.

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El telón delante de la pantalla se cerró y gran parte de la convocatoria abandonó la sala en actitud poco solidaria: la mayoría directores y actores invitados que sólo participaron de las pompas protocolares.

“Las Analfabetas”, de Moisés Sepúlveda

No es un dato menor que sea la primera película de este director. Retrata la dificultad y complejidad de las relaciones humanas; haciendo coexistir en una única locación a dos personalidades diametralmente opuestas: una señora en sus 50 años, analfabeta, solitaria y realmente difícil de llevar con una maestra de castellano que acusa entre 25 y 30 años, obstinada, pasional e idealista, que resulta más compleja de lo que aparenta: lidia constantemente con un conflicto personal muy importante y sí, trasgresor. Ambas se volverán compañeras, contagiándose una de la otra y exponiéndose para lograr un objetivo: aprender a leer.

Ximena vive en Chile, en algún barrio tirando a asentamiento, pero lejos de ser una villa. Vive sola y a pesar de tener siempre una respuesta para todo y “tener calle”, sufre una limitación: no sabe leer ni escribir. Sin familia, sólo es visitada por una amiga que cada tanto va a leerle los diarios. Está acompañada únicamente por su colección de lazos de amor en envases plásticos que tiene colgados por todo el patio y recortes de periódicos y revistas: ella ojea las fotos que les gustan y recorta las notas para que luego vaya su amiga a leérselas. Su casa es ámbar y descuidada, como ella, y como ella se separa de la calle con un portón macizo de metal, desgastado, y cerrado con una fuerte cadena y un candado que cuelga del lado de adentro. Todo el tiempo está fumando: es una chimenea constante pero en ningún lado se ve un cenicero. “¿Me puede decir que dice ahí que no traje los anteojos?”. Sabe arreglárselas y no necesita de nadie.

El conflicto aparece cuando su amiga y única visitante no puede ir a verla por problemas de salud y envía a su hija, la profesora. Su nombre es Jacqueline y hace años que no veía a la amiga de su madre. Se recibió hace no mucho y acaba de terminar una pasantía en una escuela. Ahora, y con la paciencia y la pasión declaratoria de los docentes de raza, se ofrece a continuar con la labor de lectura emprendida por su progenitora. Ante el ofrecimiento, Ximena se siente vulnerable porque una desconocida (aunque conocida en algún momento) esté al tanto de su incapacidad. A pesar de su discurso inicial, su vestimenta y sus modales, Jacqueline no es ni tonta ni mojigata; es la forma que encontró de esconderse y no ser juzgada. “No soy como son los demás profesores. No es así como deben ser los maestros. Los maestros están en la escuela y no hacen estas cosas” (Spoiler al final de la nota).

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La dinámica entre ambas choca al principio, llegando a desarrollarse en una arena de sarcasmo e ironía en la que ambas, constantemente, se miden. De este escenario, descubren, que no son tan diferentes y que pueden llegar a llevarse mucho mejor.

Tras encontrar una carta que el padre de Ximena -long gone- había dejado a su hija adentro de una estatuilla negra de Buda, Jacqueline ofrece sus servicios para enseñarle a leer y a escribir. Para sorpresa de todos, Ximena acepta.

El camino tiene ahora un objetivo y ambas transitan juntas, aunque siguen chocando ocasionalmente. La palabra “analfabeta” detona las frustraciones y resentimientos de Ximena, que responde violenta e impulsivamente. Pero Jacqueline resiste y no se deja amedrentar por lo que, en otro ámbito, sería el berrinche de un niño pequeño.

Ciertas tomas en la película resultan extremadamente declarativas del drama espiritual que atraviesan. Una de estas escenas las ubica en el centro de una alta ventana, donde se las ve de espaldas – J sentada y X parada- y, por efectos de la luz que entra por la apertura, en sombra. Ambas tienen por unos instantes la misma silueta negra dentro del rectángulo iluminado. Son iguales.

Las clases pasan y Ximena comienza a sonreír con orgullo, algo que aún no sabe muy bien cómo lucir por falta de práctica, al leer el recorrido de los colectivos silabeando como un infante: “a-los-mo-rros-es-qui-na-cen-te-na-rio”; o al leer el graffiti que le escribieron en la pared de su casa: “y-dón-de- es-tá-la-a-le-grí-a?”.

La inversión de roles entre ambas es una herramienta de exposición que deja al descubierto que lo que en verdad importa es el corazón y la voluntad; y no las edades o los roles. La película en su totalidad resulta muy bien lograda, atacando por varios flancos (ya que la música es también descorazonadora cuando quiere) la sensibilidad de la audiencia y describiendo la fibra misma de los personajes que desafían el orden natural: Ximena dice que –aunque no sean madre e hija por sangre, en edad podrían serlo- y que está mal que la hija enseñe cosas a la madre; y que si es así, es porque siente vergüenza de ella.

Una ópera prima justamente galardonada para este nuevo director chileno, que promete haber descubierto la forma de exponer sin barrocar ni recargar, de demostrar sin producir y de dejar que la figura principal sea el personaje en un entorno controlado y simplista: no existen otros personajes y hay muy pocas locaciones fuera de la casa de Ximena.

Otro ejemplo de libro de que mientras menos, más. Felicitaciones.

Cifras del festival:

Películas extranjeras recibidas: 2516 / Películas seleccionadas: 482 / Largometrajes: 114 / Cortometrajes: 300 / WIP (Work in Progress): 68 / Países que presentan películas: 45 países.

 

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