ELIJA Y GANE: FITO PÁEZ EN VINÍLICO


De Charly García a Julio Sosa pasando por Prince, Vox Dei y Gerardo Gandini. Así de diversas fueron las influencias que Fito Páez compartió el miércoles 23 de septiembre en el ciclo Vinílico de Vórterix ante un Auditorio Jorge Luis Borges repleto. Anécdotas e intimidades en primera persona sobre los ídolos de uno de los artistas más emblemáticos y vigentes del rock nacional.

Por Sol Lereah (@SolLereah) y Cristian Calavia (@anteojosgruesos)

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El aplauso es el alimento del artista, la retribución del público hacia la interpretación de una obra en vivo. En el caso del ciclo Vinílico, el aplauso está dedicado a las vivencias compartidas por el entrevistado. Fito Páez hace una reverencia ante la ovación de los presentes, toma un trago de vino y se despide con un “¡salud!”. Después de casi una hora y media de anécdotas y música, concluyó el cuarto episodio del ciclo organizado por radio Vorterix. La propuesta es simple: se invita a un artista destacado de la música popular argentina a dar un paseo por la Audioteca de la Biblioteca Nacional para que seleccione -entre las 60.000 obras que la componen- discos en vinilo y canciones que lo hayan influenciado a lo largo de su carrera. Luego, en un ambiente distendido e íntimo, el periodista Maxi Martina lo entrevistará con una bandeja reproductora mediante.

El entrevistador intenta colocar la aguja del reproductor Numark en la tercera canción del disco. Fito se impacienta. “Lo pongo yo”, dice ansioso al mismo tiempo que amaga con meter mano en el asunto. El público ríe cómplice y disfruta de la cercanía con el músico. “No bombardeen Buenos Aires”, del disco Yendo de la cama al living (1982), fue el primer elegido de la velada. “No existe un Charly García en ningún otro lado del mundo y lo tenemos nosotros”, dijo ante la atenta mirada de los presentes. Luego, se dirigió al piano de cola ubicado a la derecha del escenario y comenzó a tocar encima de la grabación como si tuviera los acordes tatuados en la memoria. “Suena fácil, pero no lo es”, advierte en voz alta al volver al living montado para la entrevista. “Charly García es un artista que no le tiene miedo al caos y decide intervenir en él”, destaca sobre el hombre de bigote bicolor que marcó tanto la historia del rock nacional como su carrera.

La lista continuó con el tango “El firulete”, del disco 20 grandes éxitos de Julio Sosa. “Hace cuarenta años que no la escucho, pero siempre admiré su velocidad, su dicción, parece un tema de Hermeto Pascoal”, dijo Fito comparando al Barón del Tango uruguayo con el eximio músico brasilero. Sin embargo, antes de enfocarse en Sosa, no quiso dejar de mencionar a otros emblemas del género. Desde “la simpleza compleja” musical e interpretativa de Aníbal Troilo a la admiración hacia su cantante preferido, Roberto Goyeneche. Sobre el Polaco, contó que cada vez que lo escucha cantar le pasa “como a las arañas cuando se quedan quietas contra la pared al escuchar una melodía”. Al sonar “El firulete” de fondo, Fito hace la mímica como si estuviera tocando el piano y el contrabajo en el aire, también solfea e incluso da pie a las secciones como si fuera el director de la orquesta.
Una hora y media antes de que se abrieran las puertas del Auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, más de un centenar de personas esperaban para entrar. El frío y la lluvia otoñal en pleno septiembre no lograron impedir que la gente agotara las entradas que fueron repartidas por orden de llegada. Un vez colmada la capacidad del lugar, quienes no encontraron una butaca libre comenzaron a sentarse sobre el piso alfombrado de los pasillos de la sala. En la previa se escucha “Giros”, segundo disco solista de Páez que este año cumple 30 años y cuyo operador de grabación, Mariano López, es considerado por él como “el constructor del sonido de los años ochenta”.

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Según el artista rosarino, Parade (1986), del músico multi instrumentista norteamericano Prince, “era un disco insólito para la época” y recuerda que lo compró en Porto Alegre cuando Charly lo llamó para hacer un reemplazo de Andrés Calamaro. Antes que Martina volviese a colocar la aguja sobre la primera canción de la obra, Fito se dirigió al operador que se encontraba al fondo del auditorio, y dijo: “poné ‘Parade’ y ponelo fuerte”. Esta vez, mientras la introducción de “Christopher Tracy’s Parade” comenzó a sonar, se dedicó a cerrar los ojos y marcar las dinámicas de la música con sus manos y gestos faciales. “Prince es el Charly de ellos”, afirmó mientras los espectadores asentían con sus miradas hacia el escenario.

El siguiente artista elegido por Páez fue el pianista, compositor y director musical, Gerardo Gandini, al cual considera como un maestro. “Gerardo venía de la música erudita popular y tenía una dominio absoluto del lenguaje musical”, destacó y agregó: “Todo el swing lo aprendí de él”. Luego de recomendarle al público un video de YouTube sobre “las travesuras” de Gandini junto a Osvaldo Pugliese y Astor Piazzolla en Amsterdam, le pidió al periodista que pusiera un tema instrumental al azar de Gandini para sorprender a los oyentes con la riqueza musical e interpretativa del artista. A juzgar por el atento silencio de la sala, lo logró.
Fito empezó a tocar con el piano de su abuela, el mismo con el que también había aprendido su madre, quien falleció cuando él tenía sólo ocho meses. Por esa razón siempre entendió ese instrumento como “parte de la tertulia y la vida familiar”. A los siete años, mientras miraba a Narciso Ibáñez Menta en la televisión, le pidió a su abuela la llave del piano y comenzó a tocar varias teclas del rango grave al unísono para generar un efecto tétrico que acompañara los relatos de terror que veía en la pantalla.

“El primer grupo de rock que escuché fue Vox Dei en una disquería de Rosario en Farallón y Corrientes”, contó a su entrevistador. Para él, La Biblia (1971) es la única obra conceptual del rock nacional y fue muy importante para los pibes que empezaron a tocar en la década del setenta, por eso ocupó el último lugar en su selección. “La primera banda que tuve la armé en la primaria y tocábamos folklore, que era lo que el peronismo había instalado como método de enseñanza para los jóvenes”, recordó sobre aquella época en la que ensayaban en “El carajo”, tal como habían bautizado con sus colegas al cuarto donde ensayaban.
Antes de presentar el tema “Las guerras”, Fito destacó que “la gente le tiene miedo a la guerra porque hay algo de la condición humana en ella” y le recomendó tanto a Martina como al resto de los presentes la lectura del tratado militar “De la guerra” de Carl von Clausewitz. Pocos minutos después, se dirigió nuevamente hacia el piano para improvisar el riff de “Whole lotta love” de Led Zeppelin sobre la parte final de la canción de Vox Dei y recibir, una vez más, el tan ansiado aplauso del público.


VAN CUATRO, QUEDAN DOS
Los episodios anteriores de este ciclo tuvieron como invitados a Fernando Ruiz Díaz, Cantante de Catupecu Machu; Zeta Bosio, bajista de Soda Stereo y Ricardo Mollo, ex guitarrista de Sumo y actual vocalista y guitarrista de Divididos. A partir de octubre se podrán ver las entrevistas en la página de Vorterix. Aún se mantiene en secreto el nombre del próximo entrevistado.

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