“LA FAMA NO ES MI CAMINO”


Profesional, simpático y sencillo, Osqui Guzmán se divide entre la actuación y dirección en “El Centésimo Mono”, “La amiga invisible” y el exitoso unipersonal en “El Bululú”. Ganador de muchísimos premios como el Konex y Estrella de Mar, entre otros, se define como ‘persona libre’, porque elige asumir el peso de su trabajo y siente que eso le da libertad.

Por Laura Ochoa

945941 (www.eterdigital.com.ar)

—Trabajaste mucho en teatro, cine y televisión, ¿por qué volvés al teatro? ¿Qué te hace elegirlo?
El teatro es donde nació y a donde vuelve todo en mi vida, mi potencial. Es el único lugar incorruptible, porque se puede ‘inventar’ un actor bueno en la tele y en el cine. Estás en manos de otra gente para actuar bien. En el teatro se vuelca eso que nadie puede tocar y que el espectador ve en vos. Como un milagro. Hay algo de ritual que nos une y ese es el canal que me une a la vida en cuanto a qué tengo que hacer acá.

—¿Cómo fueron tus primeros pasos en el mundo actoral?
Arranqué a actuar apenas empecé el conservatorio, en La Boca, con la ‘Compañía del Teatro Callejero de la Rivera’ haciendo sainetes cortitos de 30 minutos. Todo se definió desde la entrada, la gente me seguía, me aplaudía, me pedía autógrafos en mi propio barrio. Yo no entendía nada, nunca había ido al teatro siquiera. Mi director me decía: “Todavía no te das cuenta, pero ya vas a ver”.

—Y ahora, ¿te das cuenta?
No, todavía tampoco ¿eh? —comenta entre risas—. Me doy cuenta cuando me llaman para hacerme una nota, me dicen cosas extraordinarias de mi trabajo y digo: “Uff… esto está bien encaminado, hay que cuidarlo entonces” y por eso no paro de trabajar para mejorarlo. Por eso, si bien haber hecho cosas en la tele me dio popularidad, no soy famoso. La fama no es mi camino.

—Pero recibiste en 2009 un reconocimiento como personalidad destacada de la cultura…
Claro, sí, un reconocimiento. Viste que el reconocimiento está desligado de la fama. Te acostaste con Mirtha Legrand, tenés fotos y videos y te hiciste famoso, ¿viste? ¡Ya está! (ríe) Pero con el reconocimiento, cuando me lo propusieron pensé: ¿Por qué a mí? Y después cuando me llamaron para decirme: “Fuiste aprobado por unanimidad. No pasa seguido ¿eh, Osqui?” lo viví más como un reconocimiento para mis viejos. Mi papá ya no estaba pero mamá sí. Yo, que no soy adepto a recibir premios o a quedarme sentado, llamé a mis compañeros murgueros, tangueros, las abuelas de plaza de mayo con las que trabajo hace años, e improvisé durante el acto.

—Te permitiste ser vos…
Exactamente. Si no soy yo no funciona. La humildad es una práctica a la que trato de someterme constantemente, porque esta profesión es muy azucarada. Todo el mundo te halaga y te dice cosas hermosas, entonces es fácil perder la cabeza.

—¿Cuál es tu cable a tierra?
Mi mujer —confiesa emocionado—. Sin ella no podría. Ya hace diecisiete años que estamos juntos. Capaz para el resto sea normal, pero ¡es un montón para los actores, tienen que entender! (ríe).

—¿Qué esperás para el futuro, tenés planes?
No, no tengo proyectos. Tengo sueños y sueños de otra gente. Si hay algo que a mí me conecta con esa necesidad del otro, vamos para adelante. Y después, cosas que me pasan por la cabeza, que imagino y guardo porque sé que en algún momento las voy a usar y saldrán a la luz de manera creativa.

“Para improvisar se tiene que tener la ductilidad de los entrenamientos de Kung Fu”
Osqui Guzmán es un fanático del kung Fu, y en su adolescencia lo practicaba con sus amigos. Siguió actuación para darle un título a sus padres, y fue tras la materia ‘acrobacia, violencia en escena y esgrima’, que le servía para lo que quería ser en verdad: maestro de Kung Fu. Guzmán encuentra en esta disciplina un modo de ver la vida. “Kung Fu es el arte de la resistencia. Los movimientos imitan la naturaleza y entonces trabajan la belleza al mismo tiempo que el combate. Cuando practicás kung fu te das cuenta que las cosas tienen un ciclo en el que nada termina de verdad”, asegura el actor.

Un futuro alternativo
“Si no me hubiera dedicado a la actuación, habría sido obrero”, asegura Osqui Guzmán, quien cree que solamente este trabajador entiende físicamente lo que le pasa a él con la actuación. Tomando el ejemplo de su papá, cuenta que era un plomero-gasista y desde chico él lo acompañaba a las obras en construcción, antes de que sus padres empezaran a trabajar en un taller de costura. “Siempre veo en el obrero una disponibilidad maravillosa que se asemeja mucho a lo que me pasa a mí con mi trabajo”, asegura Guzmán, para quien no hay otra que remangarse y hacer.

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