LA GOTERA – 31 DE DICIEMBRE


Tarde, nos metimos en la cama, nos abrazamos y suspiramos, cansados, contentos.
-Vamos a poder armar lo de mañana, acá, como vos querías -escuché que me decía al oído.
-Sí, le respondí entre sueños
-Quiero tener un hijo con vos, me dijo, también.
Terminó de decir y escuché que roncaba suavemente. Yo me entregué a todos los sueños juntos: la casa con quincho y jardín, el hijo y la fiesta del 31. Una gran fiesta, seguro, pensé. Tendríamos un hijo esa noche.
El asado salió buenísimo. Mi hermano introdujo la insólita pretención de avivar el fuego con un secador de pelo. Imposible de encontrarlo. Por suerte teníamos mucho papel de diario . El fuego se hizo.
5,4,3,2,1…Crónica Tv nos anunciaba ¡FELIZ AÑO NUEVO! Y vimos el relámpago más luminoso seguido por el trueno más sonoro que jamás voy a olvidar. Preludiaron la tormenta que caía a baldazos sobre todos nosotros, nuestra mesa, nuestras copas, el pan dulce, los peinados y los autos en la calle que desataban sus alarmas.
-Trajiste la combi, le pregunté a mi hermano
-No, está en el taller, me respondió
No hay problema, dijo mi marido, mientras corríamos del jardín a la cocina, tratando de rescatar algo de abajo de la tormenta. Donde duermen dos, duermen diez. Ellos dos se rieron.
Lo que siguió fue rescatar los colchones, almohadones y mantas para armar camas para todos. Amorosos, pensamos, mañana será otro día.
Yo, me arrinconé, como pude -como buena anfitriona- para ceder otros lugares más cómodos a los invitados. Del ángulo que formaba el techo con las dos paredes, donde clavé la mirada para tratar de dormir, se descolgó la primera gotera . Lo único que faltaba, resoplé.

Leave a Comment


Your email address will not be published.