LAURA OLIVA: DE SEÑORA SCHMITT A SHOWOMAN


“En 20 años me veo una “Showoman”, al estilo de Barbara Streissand, Liza Minelli o de nuestra Nacha Guevara y haciendo un espectáculo al estilo Nacha de Noche”, admitió Laura Oliva, protagonista junto al “Puma” Goity de la obra de teatro “¿Quién es el Sr. Schmitt?”. Laura interpreta actualmente a la señora Schmitt en la Sala Pablo Picasso del Complejo teatral La Plaza y es además conductora de “Hacete de Oliva” en el Canal de la Ciudad. Distendida y cordial, charló con Eter Digital antes del comienzo de su función.

Por Marta Pentz

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—¿Qué hacés antes de salir a escena?
—No puedo llegar menos de una hora antes y cuando llego no me pongo a pensar en el personaje. Más que nada convivo con el elenco.

—¿Quién es la señora Schmitt?
—Uy, la pregunta del millón. La señora Schmitt es una persona con una necesidad imperiosa de que la quieran, de agradar, pero por sobre todo está en una situación que la supera totalmente: la patología de su marido. En algún lugar, es una de esas muchas mujeres que van más detrás del deseo del otro que del propio deseo.

—La señora Schmitt va tomando envergadura a lo largo de la obra, ¿se va produciendo una especie de metamorfosis?
—Es el mejor halago que me pueden hacer. Trabajé mucho para que se viera ese cambio, esa metamorfosis, porque me parece que es mi tarea mostrar lo que a ella le va pasando.

—¿Qué ponderás al momento de aceptar un obra?
—Tuve un cambio interno. Necesitaba salir de la comedia blanca y del humor ingenuo. Busco ese quiebre que tiene Schmitt en mi personaje que, si bien es humor y es comedia, por otro lado requiere una construcción. Hay varios niveles en el personaje, no uno sólo. Sobre todo tiene una escena maravillosa donde quiebra, donde explota y me permite tocar totalmente otra cuerda.

—¿Te importa avanzar en los dos planos de tu carrera, la de conductora y actriz?
—Totalmente. Siento que a partir de esta obra, el personaje de Schmitt me hace más feliz el rol de conducción en Hacete de Oliva, y la conducción me hace más feliz el personaje de Schmitt. Son dos cosas distintas pero que hacen un complemento perfecto.

—¿Si el público se engancha con el rol del artista, tiene sentido re-proponerse algo novedoso?
—Por eso la combinación: la conducción y la entrevista son “mi lugar cómodo” y el teatro, también. Pero una obra como Schmitt, no. Cuando siento que me repito en mi lugar cómodo me empiezo a poner nerviosa. Como decía Nicolás Repetto cuando hacíamos “Nico”: “No hay que abandonar” y sumar Schmitt hace que yo no abandone el lugar cómodo.

—¿Qué te quedó pendiente?
—No tengo pendientes, lo que nunca me imaginé es que iba a poder vivir, trabajar y avanzar en esto. Yo creí que como mucho iba a ser maestra de danzas.

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