UNA PARED CADA VEZ MÁS FUERTE


En 1977 Roger Waters, se hartó —literalmente—, del público que lo seguía de un modo demasiado “pegajoso”, según definió. Así, en Montreal, en medio de la gira de presentación de “Animals”, escupió a un fanático en la cara. Ese fue el punto de partida para imaginar un muro que sirviese de contención, protección y refugio; un paréntesis físico entre la banda y el público. Eso derivó en The Wall, publicado por Pink Floyd en 1979. Desde entonces, pasaron 35 años del albúm que marcó un quiebre en el modo de producir y consumir música, revolucionó la estética de los recitales de estadio y se convirtió en punto de partida de todo lo que vino después. Desde su lanzamiento, vendió más de 33 millones de copias en todo el mundo. Y aún se reinventa, permanece vigente y se adapta al siglo XXI.

Por J. Ignacio Merlo | @carrumbe

Muro_1

En resumen, Waters comenzó a sentir cada vez más distancia con el público que iba a verlo. Se quejaba, incluso, del comportamiento de ellos: “Deberían estar sentados en silencio, escuchando lo que estamos tocando”, protestaba. “Quiero hacer una pared entre la gente y nosotros”, explicó al resto de la banda. Jamás pensaron cuán literales eran las palabras de Waters. Lo que entonces surgió como una reacción, se convirtió en un ícono: The Wall trascendió y trasciende fronteras, desde la perspectiva musical hasta sus mensajes sociales, en contra de la opresión, el odio, la codicia, los daños del capitalismo moderno y los poderosos de siempre.
En la actualidad, y tras el alejamiento de Waters de Pink Floyd en 1985, The Wall sigue llenando de ladrillos infinidad de escenarios alrededor del planeta. En Argentina, en 2012, batió todos los records al hacer nueve shows en el estadio de River Plate con “The Wall live tour”.
Dave Kilminster, guitarrista actual de la banda de Waters, sabe que ocupa un lugar privilegiado al ser una pieza fundamental de The Wall. Atiende el teléfono desde Kent, Inglaterra, poco después de concluir un ensayo y explica: “No puedo poner en palabras lo que siento respecto a The Wall. Es como preguntarle a Neil Armostrong cómo se sintió al pisar la luna”. Y agrega: “Es la pieza conceptual más importante de la historia de la música moderna, sin dudas, y ha trascendido todos los límites”.
Lo cierto es que los límites sobre los que Kilminster habla son ambivalentes. El disco que ha puesto el foco contra la industria, la explotación y el capitalismo es, paradójicamente, su obra más vendida, y cuenta con ediciones de colección que lo ponen en un lugar de privilegio dentro del mundo del márketing: en 2011 se reeditó todo el catálogo completo de Pink Floyd y alcanzó un volumen de ventas inusitado. Sumando esta reedición, vendió más de 300 millones de discos en toda esa historia, de los cuales, más de 30 millones corresponden a The Wall. A eso, sumó una versión especial (“Immersion edition”), un lujo para pocos que contiene ediciones en CD, remasterizadas, conciertos en DVD, Blu-Ray y, como si no alcanzara con eso y no quisiera ser visto como una mera presa del mercado, incluye posavasos, bufandas, calcomanías, réplicas de entradas a recitales de fines de los ’70 y más.
“Las contradicciones son inherentes al ser humano”, explicó el propio Waters cada vez que se cuestionó su trabajo. Pero advirtió: “Cambiar de opinión es evolucionar. Lo importante es no perder el norte”.
Al respecto, Gerald Scarfe, amigo de Waters y responsable de todas las ilustraciones que acompañan The Wall y los dibujos que se presentan en vivo en The Wall live, explica por teléfono desde su living en Chelsea, Inglaterra, uno de los barrios más acomodados de Londres: “Un día vino (Waters) y me dijo que quería darle un marco visual a un conjunto de canciones que había grabado hacía un tiempo. Tuve la suerte de ser uno de los primeros en haber escuchado los primeros demos de The Wall”.
Pero lo que Scarfe no sabía era que sus ilustraciones lo harían trascender: “Yo estaba haciendo algunos dibujos para un disco de rock. No tenía idea qué vendría con ello. The Wall es un claro ejemplo del antimárketing efectivo, pero nunca fue pensado así. Roger no pensó en The Wall como una máquina de facturar y generó todo lo contrario”, explica con detalles.
Desde su lanzamiento, se convirtió en disco de platino en varios países alrededor del mundo, entre los cuales figura la Argentina. En los Estados Unidos obtuvo 23 discos de platino, tras haber vendido más de 23 millones de copias.

Gerald Scarfe, ilustrador de The Wall

Gerald Scarfe, ilustrador de The Wall

“Creo que el punto más alto fue grabar con Parker”, sostuvo Waters respecto al suceso de The Wall, en el marco de su edición 20° aniversario en 1997. El músico se refiere a “The Wall”, la película, escrita por el propio Waters y dirigida por Alan Parker. Allí cuenta la historia de Floyd Pinkerton (interpretado por Bob Geldof, viejo amigo de Waters). Se trata de una pieza de culto en el mundo de la crítica a la opresión de occidente y el salvajismo del capitalismo profundo, que entonces empezaba a dar sus mordidas más fuertes.
“Hay que separar el concepto de The Wall del suceso en el cual se ha convertido como producto. La música va mucho más allá de cualquier chart de éxitos, o todo eso que no sé cómo funciona”, agrega Kilminster. Y más: “Yo pienso en The Wall como un montón de buenas canciones, grabadas en el mejor momento de la historia de la música y dotadas de un componente que hace que no envejezcan jamás”.
El secreto de The Wall parece estar guardado con recelo. Lejos de la caída definitiva, cada año la pared se levanta más de 100 veces alrededor del planeta, y desde allí se agiganta la figura de Roger Waters. Cada uno de los ladrillos que contiene el muro más famoso del mundo son parte de una idea nacida hace 35 años, que como todo aquello que tiene sentido y cohesión, mejora con el paso del tiempo.

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