El próximo sábado, desde las 17 horas, se llevará a cabo la Final Nacional de Red Bull Batalla de los Gallos Argentina 2020. Esta vez el Luna Park no será sede de la competencia y se llevará a cabo a puertas cerradas, debido a la pandemia de coronavirus.
Por Nicolás Bombachi
Acru, Brasita, Cacha, Dani, Klan, Kusa (suplente de Papo MC), Mecha, MP (suplente de MKS), Nacho, Roma (Cuarto lugar edición 2019), Stuart, Sub, Tata, Tiago, Wolf (Segundo lugar edición 2019) y Zaina buscarán representar al país en la gran Final Internacional que se celebrará el 12 de diciembre en República Dominicana.
Sin el diario del lunes, esta edición promete ser una de las mejores por la gran cantidad y calidad de los MCs. Sin dudas la presencia de Acru es la frutilla del postre. El freestyler y músico decidió anotarse después de varios años alejado de las competencias para dedicarse de lleno a lo musical. En la última fecha de la Freestyle Master Series (FMS) tuvo la oportunidad, como invitado, de demostrar su habilidad para rimar como su trascendencia en el hip hop. Aquello tuvo su efecto positivo dentro del público, que ya lo considera uno de los posibles candidatos a llevarse la corona. Su última participación en la competencia fue en el 2015, en la que fue derrotado por Wolf en Octavos de Final.
Otra de las sorpresas es el debut de Dani en la competencia. Si bien tiene un nombre dentro de la escena (Campeón del Quinto Escalón y participante de la primera edición de FMS en el país en 2018) su participación llenó de expectativas a sus fans que quieren escuchar su flow tan característico y sus respuestas al momento; sin lugar a dudas, es uno de los nombres más codiciados de la competencia.
A diferencia de este último, Stuart, ya es una realidad. El MC oriundo de Coronda, provincia de Santa Fe, es uno de los favoritos y tiene con qué. Sus minutos adictivos, llenos de coherencia e ingenio en FMS lo posicionan como el favorito a llevarse esta edición. Algo que no pudo hacer en el 2018 cuando perdió, en su primera participación, contra Dozer en la final nacional.
El único competidor que fue campeón del evento es Tata. Si bien se encuentra alejado del circuito, todos lo recuerdan por su gran actuación en la Red Bull del 2012 donde derrotó a Coqee en la final y dejó en el camino a Dtoke, uno de los máximos representantes argentinos a lo largo de la historia.
El jurado estará integrado por el campeón vigente de Red Bull Argentina, Trueno. El MC de La Boca no defenderá el título este año ya que se retiró de las competencias para dedicarse íntegramente a su carrera musical. El segundo jurado será el reconocido productor y beatmaker, Bizzarap, uno de los artistas más escuchados del país en todas las plataformas digitales. El último lugar es de Lit Killah, freestyler y músico argentino, de gran paso por el Quinto Escalón, donde ganó en dos ocasiones.
Otra de las sorpresas es la inclusión de Dtoke (campeón nacional en 2013 y 2015, e internacional en 2013) como comentarista de la transmisión oficial. Si bien hace varios años que no participa de Red Bull Batalla de los Gallos, siempre estuvo sentado de jurado. En esta ocasión prefirió “disfrutar” de la final nacional y será, junto a Coscu, el streamer de Twitch más reconocido de Argentina, comentarista de la jornada.
Taty Santana será la Host del evento reemplazando al mítico Misionero. Con casi diez años en la escena del Hip Hop, le llegó la oportunidad de saltar de las competencias de plaza (Las Vegas y Triple F) a los grandes escenarios a nivel mundial.
En las bandejas estará Zone Beats, que desde 2016 viene siendo el DJ de todas las nacionales demostrando que es el mejor a la hora de elegir los beats. También, Zone es el DJ de la FMS, quien, temporada a temporada, sigue demostrando su producción, su vigencia y su conocimiento a la hora de acompañar al MC con sus bases.
La Final Nacional será transmitida, por primera vez en la historia, por la pantalla de la TV Pública y al mismo tiempo por el canal oficial de Youtube de Red Bull Batalla de los Gallos y en la web: www.redbull.tv/batalla.
Por fuera, el ritmo no se detiene. Parece una esquina más del microcentro porteño, una postal acelerada de la Ciudad de Buenos Aires. Pero si uno se anima a atravesar ese umbral en Perú al 200, la Manzana de las Luces se abre como una compuerta: una puerta al pasado.
Este complejo histórico-cultural es el centro donde se forjó la identidad argentina. Allí, donde hoy se mezclan visitas guiadas y exposiciones, alguna vez se debatieron decisiones claves para el país. Con más de 300 años de historia inscripta fue sede del Colegio Nacional de Buenos Aires, del Cabildo y albergó la primera imprenta del Río de la Plata, según el sitio oficial de Turismo de Buenos Aires.
Recorrer la Manzana es como entrar en una novela de época. Sus paredes gruesas y patios empedrados detienen el tiempo. El verdadero corazón de la mística está bajo tierra, con el mayor atractivo: los túneles coloniales, oscuros pasajes subterráneos que conectaban edificios clave como el Cabildo y la Catedral.
Al descender, la calle Perú desaparece. El aire se vuelve frío, denso, con ese inconfundible olor a tierra mojada y misterio. Uno toca los ladrillos rojizos, ásperos y fríos. La guía explica que estos pasajes se usaron para contrabando, defensa y, según la leyenda, como rutas de escape secretas de las élites. La oscuridad crea una atmósfera casi cinematográfica.
“Mágico. Un viaje en el tiempo, pura historia y arquitectura”, cuenta Silvina, una turista argentina. Y agrega emocionada: “Los hallazgos son impresionantes. Quedamos a la espera de nuevos descubrimientos”. “Excelente lugar. Recomiendo muchísimo la sala de los legisladores: es hermosa y te muestra cómo era todo antiguamente”, coincide Omar, un turista extranjero.
El valor histórico es incalculable. En tiempos de los jesuitas se enseñaban filosofía y matemáticas. Fue en este mismo predio donde se instaló la Real Imprenta de los Niños Expósitos, la primera del Río de la Plata, fundamental para difundir las ideas que encenderían la chispa de la Revolución de Mayo. Es decir, los secretos de la Manzana no solo están bajo tierra; también se imprimieron en papel.
Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio cambió de funciones hasta su declaración como Monumento Histórico Nacional en 1942. El sitio oficial del Ministerio de Cultura de la Nación indica que la última restauración reveló estructuras subterráneas coloniales inéditas, pozos de agua y antiguos sistemas cloacales. Lo que hay bajo tierra es tan fascinante, o más, que lo que se conserva en superficie.
Créditos: Argentina.gob.ar
Cada visita a la Manzana es distinta: una tarde tranquila de otoño, un domingo de feria de libros o, si la suerte acompaña, una noche de visitas guiadas con linternas donde la penumbra hace que los túneles parezcan, por fin, murmurar secretos al oído del visitante.
Este rincón escondido en el corazón de Buenos Aires la Manzana de las Luces invita a detenerse, mirar y recordar que, a veces, lo extraordinario está justo debajo de nuestros pies.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
Algún distraído va caminando por Avenida Santa Fe al 1600, entre Rodríguez Peña y Montevideo y al levantar la vista se encuentra con el cartel con el nombre que se mantiene fijo, uno que pareciera desde siempre. Mirar hacia adentro es como dejarse caer por el agujero negro de “Alicia”. La galería no será el país de las maravillas, pero resiste como un refugio que contrasta con la velocidad y rutina diarias que se dan afuera, en la calle, en la realidad cotidiana. La esencia de la galería: murales, graffiti y paredes intervenidas.
Los turistas hacen videos de sus recorridos cuando visitan la Galería Bond Street y comentan en foros y la mencionan en el sitio Tripadvisor como un lugar esencial para visitar por quien viaje a la Ciudad de Buenos Aires. “Un clásico de la Ciudad”, “Un paseo curioso de ver y agradable para mentes abiertas”, “Realmente bonito, único en el mundo”, son solo algunas de las opiniones que dejan en el portal turístico dándole una puntuación de 4,0 y en el puesto 247 de cosas para hacer en Buenos Aires.
Joaquín Amat -personaje clave en esta historia- en su canal de YouTube “Canal Cero” donde publica los videos que se filmaron en la galería en la época en que ésta empezaba a nacer, dice: “Quisimos construir un arca de Noé oculta en lo más profundo de Buenos Aires”.
En el comienzo: “Y la luz se hizo sobre la galería”
La Galería Bond Street fue un proyecto del estudio de arquitectura Aslan y Ezcurra, quienes también fueron responsables por la remodelación de las viejas Galerías Bon Marché -hoy Galerías Pacifico- y el estadio de River Plate en el barrio de Núñez; además de otras galerías comerciales de la Ciudad de Buenos Aires y proyectos industriales en todo el país.
La constructora Lanusse estuvo a cargo de la obra sobre terrenos que pertenecían a dos familias: los Azulay y los Vaisberg. Ubicada en Avenida Santa Fe al 1670 tiene acceso doble: por la Avenida o por Rodríguez Peña, donde también está la entrada del edificio de departamentos.
Fue inaugurada en 1963. La idea original era que fuera una galería comercial, algo así como la prehistoria de un shopping, un estilo de paseo de compras que era muy popular en esa época. Otra particularidad es que fue la primera galería en la que se instalaron escaleras mecánicas.
Créditos: Claudio Larrea – Brando
A raíz de la compleja situación económica de los años 70, una de las familias propietarias decidió vender su parte, por lo que no renovó los alquileres que estaban activos, y así varios locales se vaciaron. Esa venta no prosperó y con el tiempo la galería fue quedando desierta.
Los 80: la movida de la Bond Street
La historia cuenta que fue Alfredo Rosso en 1985 el primero en abrir un local en la galería casi desierta y lo hizo con la disquería “Tabú”, que luego pasaría a llamarse “Fénix” y estuvo abierta hasta 1994. Rodeados de locales vacíos y apenas algunos de reparaciones de electrodomésticos y calzado; también la artista Liliana Aisenstein inauguró su galería en uno de los locales.
En 1989, Amat y Jorge Pistocchi llegaron a la galería con la intención de llevar a cabo un nuevo proyecto. El primero es arquitecto y pionero en video documental y experimental. En ese momento se encontraba al frente de la fábrica “Amat”, una empresa familiar a la que convirtió en una cooperativa en un intento de sortear los vaivenes de la economía de la época. El segundo, un personaje destacado en el ámbito musical y de contracultura. Fallecido en 2023, fue el fundador de la legendaria revista El Expreso Imaginario y Pan Caliente, entre otras.
Amat lo recuerda a su amigo de la siguiente manera: “A fines del 89, con Pistocchi descubrimos los subsuelos abandonados de la galería Bond Street. Un espacio único, mágico, cargado de historias, locales vacíos, vidrieras rotas, donde podíamos empezar una nueva movida”.
Amat entonces alquiló 14 locales en el subsuelo de la galería a un muy bajo costo, ya que la administración buscaba poblar y darle vida. Esos locales se fueron repartiendo entre amigos y conocidos para ponerlos en funcionamiento: el primero fue el músico Ricardo Iorio que abrió “El perro de hierro”, un local de compra y venta de instrumentos musicales. “Semilla” Bucciarelli, bajista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, abrió un local donde exponía sus pinturas. De a poco el espacio se fue llenando de arte, música y diseño. Esa primera movida le dio el pulso que aún se siente.
El libro de la buena memoria: los orígenes de la Bond Street
Nora Destéfano fue parte también de esa movida y la recuerda con cariño. Ahora es instructora de yoga y bailarina, y actualmente vive en Capilla del Monte; pero conoció a Pistocchi en el recordado “Centro Cósmico La Paternal”. A través de él conoció a Krisha Bogdan, actriz, bailarina y coreógrafa, quien además de ser pareja de Miguel Abuelo, venía de hacer performances en Europa.
Bogdan convocó a Destéfano para participar en “La Víspera”, un espectáculo de danza y performance con música de Los Redonditos de Ricota. Al recordarlo, Nora asegura que fue lo mejor que hizo en su vida. Y esa amistad la llevó a que en 2017 publicara su libro Los orígenes de la Bond Street donde relata esos primeros momentos de la galería como espacio alternativo entrelazados con ficción a través de las experiencias de sus personajes.
El libro cuenta la historia de tres chicas que visitan la galería y observan intentando comprender un entramado de hechos y protagonistas, y a quienes su curiosidad lleva a cuestionar muchas cosas.
Además aparecen allí, como telón de fondo, hechos políticos, de corrupción y negociados que tuvieron lugar en la Argentina de finales de los 80 hasta 2016 en una forma de viaje en el tiempo, de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás. Como dice la canción “El tiempo no para” de Bersuit Vergarabat: “Yo veo el futuro repetir el pasado, veo un museo de grandes novedades y el tiempo no para”.
Sobre cómo era el día a día en la galería en esa época, Destéfano cuenta que ella trabajaba durante la mañana y por las tardes atendía en un local que funcionaba como galería de arte en el que se exhibían esculturas. A pesar de ser esa su función principal también ayudaba con lo que pudiera surgir. “Hasta comprar cinta scotch”, agrega con sonrisa.
Créditos: Usuario de Tripadvisor
Los registros en YouTube: el archivo casi laberíntico de Amat
Durante esa etapa de renovación de la galería y apertura de los locales, había cámaras filmadoras que iban pasando de mano en mano, según comparte Amat en su canal. La idea era que todos pudieran registrar lo que sucedía con su propia visión. Esos videos estuvieron guardados durante muchos años, hasta que Amat los digitalizó y subió a YouTube.
En ellos se puede ver a todos los participantes de esa movida: los que atendían sus locales, los visitantes y los shows de bandas que se organizaban en los pasillos. La galería se veía un poco distinta, casi en estado embrionario a lo que es hoy.
Si bien ese proyecto original de crear una comunidad artística autosustentable no prosperó a largo plazo, la galería se estableció como un espacio de resistencia alternativo en la ciudad. Algo de ese espíritu quedó y el lugar pasó a ser un refugio, un lugar de encuentro para jóvenes y distintas tribus urbanas.
Existe una cuenta Archivo General de la Bond, que hoy tiene más de 29.000 seguidores, que sube fotos y videos de chicas y chicos que se reunían en la galería y en la plaza del Palacio Pizzurno, entre 2007 y 2008 principalmente. Lo que se destaca es que la mayoría de los que visitaban el lugar eran de las tribus urbanas “emo” o “darks”.
La nostalgia del recuerdo
Hoy se puede ver a “La Bond” más grafiteada que nunca con locales de tatuajes y piercings, ropa y algunos sobrevivientes que llevan décadas. Entre ellos, la librería “El Rayo Rojo” desde 1991, un local muy especial donde se pueden encontrar libros de arte, ocultismo, fotografía, y ediciones especiales de clásicos, entre otras cosas.
También se encuentra la zapatería “Koturno” que se mantiene y, recientemente, cumplió 30 años con sus diseños especiales de calzado de plataforma alta que se fabrican en el país. A pesar del contexto actual, no hay locales vacíos.
Créditos: Claudio Larrea – Archivo / La Nación
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Un chico camina rápido con sus amigos, se lo ve incómodo, y les dice que “se quiere ir”. “Este lugar es un asco”, insiste. Una chica lo oye y en voz baja dice al aire: “Sí, andate. Este lugar no es para vos”.
En uno de los grupos de Facebook dedicados a la galería alguien pregunta: “¿A quién veo el sábado en La Bond?”. Tal vez, ese alguien se encuentre con algún otro alguien medio perdido que anda buscando su arca de Noé en plena Ciudad de Buenos Aires.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
Cada enero, cuando el sol cae sobre las sierras cordobesas y la brisa suave acaricia la piel, Cosquín despierta. No lo hace de golpe sino con un murmullo que crece entre guitarras, bombos y voces al unísono. Son las nueve lunas que, desde hace más de seis décadas, convierten a la ciudad en el corazón palpitante del folklore argentino.
Lo que empezó como una apuesta innovadora de un grupo de vecinos en 1961, hoy es un fenómeno cultural, turístico y económico sin equivalentes en Latinoamérica. Y mientras se aproximaba la edición número 66, programada del 24 de enero al 1° de febrero de 2026, el espíritu coscoíno volvía a encenderse con la misma fuerza de aquel primer escenario levantado en plena Ruta 38.
Armado del primer escenario en 1961. Créditos: Aquí Cosquín
El sueño que nació sobre el asfalto
El Festival Nacional de Folklore no nació entre oficinas ni grandes presupuestos sino en la improvisación creativa y en la convicción de que el pueblo podía construir algo trascendente. El 28 de septiembre de 1960, el entonces intendente Ángel Bergese reunió a instituciones locales para organizar la Semana de Cosquín. Allí surgió la idea fundacional: mudar la fiesta a enero y dedicarla completamente al folklore separando lo religioso de lo cultural y apostando a revitalizar una ciudad que, por años, había sido estigmatizada como “pueblo de enfermos” por su histórico vínculo con los tratamientos para la tuberculosis.
La subcomisión encargada, integrada por el Dr. Reynaldo H. Wisner, Gerardo Barrera y Alejandro Israelevich, comenzó una carrera contra el tiempo. Las reuniones se sucedieron, la comunidad se movilizó y el Dr. Wisner viajó a Buenos Aires para asegurar artistas. Volvió con cinco contratos que abrían el camino: Eduardo Falú, Jaime Dávalos, Horacio Guarany, Ismael Gómez y Los Chalchaleros.
La apuesta ya estaba hecha pero faltaba lo principal: un escenario. Tras varias deliberaciones, el 16 de diciembre de 1960, se tomó una decisión arriesgada: instalarlo en plena Ruta 38 frente a la Plaza San Martín. El tránsito se desviaría, los vehículos deberían rodear el escenario y un enorme cartel anunciaría: “Primer Festival Nacional de Folklore”. La ciudad trabajó hasta el último minuto.
El 21 de enero de 1961, bajo las estrellas, comenzaba la primera de las nueve lunas. En palabras de Juan Carlos Saravia, líder de Los Chalchaleros, aquel debut fue inolvidable: “Era gracioso porque el escenario estaba sobre la ruta. Los colectivos tenían que doblar una cuadra antes y los choferes pasaban e insultaban”.
Las lunas que hicieron historia
El primer festival fue un éxito inesperado. Se transmitió por LV2 de Córdoba y reunió delegaciones de todo el país. No había entradas ni plateas: cada vecino se encargaba de llevar las sillas desde su casa. En las calles, fogones, empanadas, locro y vino completaron una postal que hoy parece mítica. El impacto fue inmediato.
Para la segunda edición, Radio Belgrano lo transmitió a todo el país. En 1963, el Poder Ejecutivo declaró la Semana Nacional del Folklore con Cosquín como sede oficial. El festival se mudó a la Plaza Próspero Molina, donde en 1972 se bautizaría al escenario mayor como Atahualpa Yupanqui.
Durante las décadas siguientes, Cosquín vivió su tiempo dorado: por el escenario pasaron grandes figuras como Yupanqui, Zitarrosa, Mercedes Sosa, Los Carabajal, Ariel Ramírez, Jorge Cafrune, entre tantos otros. En los años 70, la televisión llevó el festival a todos los hogares argentinos, incluso en tiempos de censura. El momento más recordado ocurrió cuando Cafrune rompió las prohibiciones e interpretó la vetada “Zamba de mi esperanza” por pedido del público. Ese gesto marcó un antes y un después en la memoria colectiva del festival.
Con la democracia volvió la expansión: en 1984 ATC (Argentina Televisora Color), hoy Televisión Pública Argentina (TPA), comenzó a transmitirlo en vivo. En los 90 llegó la “ola del folklore joven” que renovó el público y consagró a artistas como Soledad, Los Nocheros, Los Tekis, Luciano Pereyra y Abel Pintos. Cosquín volvía a reinventarse sin perder la esencia.
Cosquín en la actualidad: un corazón cultural que late 24 horas
El presente del festival confirma que el espíritu fundacional sigue intacto, aunque acompañado por una organización cada vez más compleja. El intendente de Rosario, Pablo Javkin, quien participó de la presentación oficial de la edición 66°, destacó el valor social y humano del festival. “El festival se organiza con una comisión de personas que gobiernan y con los vecinos. Cuesta hoy encontrar festivales tan genuinos. La cultura tiene un valor esencial”, afirmó y siguió: “Es lo que nos da identidad y nos hace imaginar y crear”.
Por su parte, el intendente de Cosquín, Raúl Cardinali, agregó en declaraciones recientes que el fenómeno excede a la Plaza Próspero Molina: “No solo es lo que pasa dentro de la plaza. Por fuera hay 90.000 personas más que por la noche caminan las calles de Cosquín”.
“Cosquín es un hecho cultural a cielo abierto, 24 horas”, señaló el intendente a la vez que destacó su impacto turístico. Hoy, el festival cordobés cuenta con miles de visitantes por jornada, hace que la economía regional incremente y fortalece las identidades culturales locales. Comercios, hoteles, balnearios, peñas y ferias viven su temporada más intensa del año.
Apertura del festival en enero de 2026. Créditos: Canal C
Un festival que crece y se transforma
La edición 2026 incorporó además una mirada ambiental inédita. La Secretaria de Prensa y Comunicación del festival, Emilse Romero Hillman, explicó que el evento daría un paso decisivo hacia la sostenibilidad, anunciando que la organización comenzaría a medir y reducir su huella de carbono. “Es un festival sostenible, inclusivo y comprometido. Celebramos nuestras tradiciones con responsabilidad ambiental y compromiso social”, según expresó en una entrevista marcando un cambio profundo en la planificación del evento.
También el Secretario de Cultura del festival, Jorge González, aportó su visión y aseguró que Cosquín se distingue por el amplio marco cultural que lo rodea: desde ferias artesanales con más de 120 artesanos hasta la Feria del Libro y el Congreso Federal de la Cultura. Y, además, resaltó que el objetivo de 2026 era reforzar su carácter latinoamericano. Para él, enero convierte a la ciudad en “una zona de oportunidades culturales y artísticas” que trasciende la música.
Aquel sueño que nació sobre la ruta, hoy abraza a generaciones enteras que siguen llegando a Cosquín para encontrarse con algo más profundo que un espectáculo. Cada edición confirma que este festival no es solo un evento: es un lugar de encuentro en donde la cultura popular se reconoce, se defiende y se proyecta hacia adelante. Y cuando en enero la primera luna se eleva sobre la Plaza Próspero Molina, ésta vuelve a recordarnos que el folklore argentino, como Cosquín mismo, sigue vivo, mutando, creciendo y llamando a todos a ser parte de su historia.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.