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CULTURA

Cosquín empieza a cantar: un viaje por la historia y el presente del festival que marcó la identidad argentina

El folklore sigue vivo, mutando, creciendo. Entre enero y febrero se celebró la edición 66 con más de un millón de visitantes y más de 100 artistas en el escenario.

Créditos: Comunicación Tucumán

Cada enero, cuando el sol cae sobre las sierras cordobesas y la brisa suave acaricia la piel, Cosquín despierta. No lo hace de golpe sino con un murmullo que crece entre guitarras, bombos y voces al unísono. Son las nueve lunas que, desde hace más de seis décadas, convierten a la ciudad en el corazón palpitante del folklore argentino. 

Lo que empezó como una apuesta innovadora de un grupo de vecinos en 1961, hoy es un fenómeno cultural, turístico y económico sin equivalentes en Latinoamérica. Y mientras se aproximaba la edición número 66, programada del 24 de enero al 1° de febrero de 2026, el espíritu coscoíno volvía a encenderse con la misma fuerza de aquel primer escenario levantado en plena Ruta 38.

Armado del primer escenario en 1961. Créditos: Aquí Cosquín

El sueño que nació sobre el asfalto

El Festival Nacional de Folklore no nació entre oficinas ni grandes presupuestos sino en la improvisación creativa y en la convicción de que el pueblo podía construir algo trascendente. El 28 de septiembre de 1960, el entonces intendente Ángel Bergese reunió a instituciones locales para organizar la Semana de Cosquín. Allí surgió la idea fundacional: mudar la fiesta a enero y dedicarla completamente al folklore separando lo religioso de lo cultural y apostando a revitalizar una ciudad que, por años, había sido estigmatizada como “pueblo de enfermos” por su histórico vínculo con los tratamientos para la tuberculosis.

La subcomisión encargada, integrada por el Dr. Reynaldo H. Wisner, Gerardo Barrera y Alejandro Israelevich, comenzó una carrera contra el tiempo. Las reuniones se sucedieron, la comunidad se movilizó y el Dr. Wisner viajó a Buenos Aires para asegurar artistas. Volvió con cinco contratos que abrían el camino: Eduardo Falú, Jaime Dávalos, Horacio Guarany, Ismael Gómez y Los Chalchaleros

La apuesta ya estaba hecha pero faltaba lo principal: un escenario. Tras varias deliberaciones, el 16 de diciembre de 1960, se tomó una decisión arriesgada: instalarlo en plena Ruta 38 frente a la Plaza San Martín. El tránsito se desviaría, los vehículos deberían rodear el escenario y un enorme cartel anunciaría: “Primer Festival Nacional de Folklore”. La ciudad trabajó hasta el último minuto. 

El 21 de enero de 1961, bajo las estrellas, comenzaba la primera de las nueve lunas. En palabras de Juan Carlos Saravia, líder de Los Chalchaleros, aquel debut fue inolvidable: “Era gracioso porque el escenario estaba sobre la ruta. Los colectivos tenían que doblar una cuadra antes y los choferes pasaban e insultaban”.

Las lunas que hicieron historia

El primer festival fue un éxito inesperado. Se transmitió por LV2 de Córdoba y reunió delegaciones de todo el país. No había entradas ni plateas: cada vecino se encargaba de llevar las sillas desde su casa. En las calles, fogones, empanadas, locro y vino completaron una postal que hoy parece mítica. El impacto fue inmediato. 

Para la segunda edición, Radio Belgrano lo transmitió a todo el país. En 1963, el Poder Ejecutivo declaró la Semana Nacional del Folklore con Cosquín como sede oficial. El festival se mudó a la Plaza Próspero Molina, donde en 1972 se bautizaría al escenario mayor como Atahualpa Yupanqui.

Durante las décadas siguientes, Cosquín vivió su tiempo dorado: por el escenario pasaron grandes figuras como Yupanqui, Zitarrosa, Mercedes Sosa, Los Carabajal, Ariel Ramírez, Jorge Cafrune, entre tantos otros. En los años 70, la televisión llevó el festival a todos los hogares argentinos, incluso en tiempos de censura. El momento más recordado ocurrió cuando Cafrune rompió las prohibiciones e interpretó la vetada “Zamba de mi esperanza” por pedido del público. Ese gesto marcó un antes y un después en la memoria colectiva del festival.

Con la democracia volvió la expansión: en 1984 ATC (Argentina Televisora Color), hoy Televisión Pública Argentina (TPA), comenzó a transmitirlo en vivo. En los 90 llegó la “ola del folklore joven” que renovó el público y consagró a artistas como Soledad, Los Nocheros, Los Tekis, Luciano Pereyra y Abel Pintos. Cosquín volvía a reinventarse sin perder la esencia.

Cosquín en la actualidad: un corazón cultural que late 24 horas

El presente del festival confirma que el espíritu fundacional sigue intacto, aunque acompañado por una organización cada vez más compleja. El intendente de Rosario, Pablo Javkin, quien participó de la presentación oficial de la edición 66°, destacó el valor social y humano del festival. “El festival se organiza con una comisión de personas que gobiernan y con los vecinos. Cuesta hoy encontrar festivales tan genuinos. La cultura tiene un valor esencial”, afirmó y siguió: “Es lo que nos da identidad y nos hace imaginar y crear”.

Por su parte, el intendente de Cosquín, Raúl Cardinali, agregó en declaraciones recientes que el fenómeno excede a la Plaza Próspero Molina: “No solo es lo que pasa dentro de la plaza. Por fuera hay 90.000 personas más que por la noche caminan las calles de Cosquín”.

“Cosquín es un hecho cultural a cielo abierto, 24 horas”, señaló el intendente a la vez que destacó su impacto turístico. Hoy, el festival cordobés cuenta con miles de visitantes por jornada, hace que la economía regional incremente y fortalece las identidades culturales locales. Comercios, hoteles, balnearios, peñas y ferias viven su temporada más intensa del año.

Apertura del festival en enero de 2026. Créditos: Canal C

Un festival que crece y se transforma

La edición 2026 incorporó además una mirada ambiental inédita. La Secretaria de Prensa y Comunicación del festival, Emilse Romero Hillman, explicó que el evento daría un paso decisivo hacia la sostenibilidad, anunciando que la organización comenzaría a medir y reducir su huella de carbono. “Es un festival sostenible, inclusivo y comprometido. Celebramos nuestras tradiciones con responsabilidad ambiental y compromiso social”, según expresó en una entrevista marcando un cambio profundo en la planificación del evento.

También el Secretario de Cultura del festival, Jorge González, aportó su visión y aseguró que Cosquín se distingue por el amplio marco cultural que lo rodea: desde ferias artesanales con más de 120 artesanos hasta la Feria del Libro y el Congreso Federal de la Cultura. Y, además, resaltó que el objetivo de 2026 era reforzar su carácter latinoamericano. Para él, enero convierte a la ciudad en “una zona de oportunidades culturales y artísticas” que trasciende la música.

Aquel sueño que nació sobre la ruta, hoy abraza a generaciones enteras que siguen llegando a Cosquín para encontrarse con algo más profundo que un espectáculo. Cada edición confirma que este festival no es solo un evento: es un lugar de encuentro en donde la cultura popular se reconoce, se defiende y se proyecta hacia adelante. Y cuando en enero la primera luna se eleva sobre la Plaza Próspero Molina, ésta vuelve a recordarnos que el folklore argentino, como Cosquín mismo, sigue vivo, mutando, creciendo y llamando a todos a ser parte de su historia.


*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.

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