El candidato a presidente por la agrupación “Volver A San Lorenzo” brindó una conferencia para los estudiantes de Primero en el marco de la materia Protagonistas del Deporte. “Vengo a defender los intereses del club”, aseguró.
César Francis, candidato a la presidencia del Ciclón por la agrupación “Volver A San Lorenzo” pasó por Eter para charlar con los estudiantes de Primer año de la carrera de Periodismo Deportivo en la materia Protagonistas del Deporte. Fue el primer invitado del año y habló de todo: desde los problemas económicos que atraviesa San Lorenzo hasta sus proyectos en caso de ganar la elección de mayo. En esta charla no solo vimos su costado político, sino también su pasión por la entidad de Boedo.
Francis criticó duramente a la dirigencia actual. No dudó un segundo en culparla por los problemas que atraviesa el club. “La dirigencia actual tomó medidas con mucha irresponsabilidad y liviandad, jugando a la ruleta rusa con el club. No hubo sentido de responsabilidad y por eso estamos como estamos”, señaló. También aseguró la necesidad de crear reuniones periódicas con los socios, al manifestar: “La falta de información es el prólogo para la corrupción. Como política de gestión y hasta como un antídoto a la propia gestión, rápidamente tenemos que encarnar y representar el exhibir todo”.
Uno de los temas a los que más importancia le dio, fue la necesidad de invertir en las divisiones juveniles, que -según él- son el pilar para reconstruir el club. “La base -dijo- es el fútbol infantil y después pasa al fútbol juvenil. No es un gasto y tenemos que invertir. Ahí está uno de los principales activos futbolísticos y económicos del club. Hay mucho para hacer y el horizonte de San Lorenzo se estira de la mano del fútbol juvenil”.
César Francis también sentenció: “Vengo a defender los intereses de San Lorenzo”, y habló sobre los temas económicos del club y la recuperación de la confianza del socio. Uno de los ejes principales de los cuales habló tiene que ver con la reconstrucción económica del club y su delicada situación: “San Lorenzo tiene una crisis económica profunda, estamos en una situación muy delicada en lo económico”, y declaró sobre la deuda del club: “Hay que separar la deuda legítima de la deuda ilegítima”. Con respecto a lo extra futbolístico, afirmó: “Si alguien cree que las actividades extra futbolísticas son el problema económico de San Lorenzo, no tiene ni idea de lo que está haciendo”. Por otro lado, se dirigió al socio sobre la pérdida de confianza hacia el arco político del club: “El hincha tuvo muchas malas experiencias con dirigentes anteriores, como es el caso de Lammens, Tinelli y hasta el propio Moretti prometiendo la vuelta a Boedo”.
Luego le pidió al socio que “revise el camino que transitamos”. Se le preguntó sobre la relación con la dirigencia de la AFA y explicó: “Con Tapia se tiene una relación como la que se tiene con un dirigente. Yo siempre voy a ir a la AFA a defender los intereses de San Lorenzo”. También considera que la gestión del fútbol argentino necesita cambios y más orden. “Nos debemos un debate en la AFA y Tapia es responsable”, sentenció.
La previa: De Obras al Monumental, un clima que hervía
La locura había empezado mucho antes del domingo. El viernes a la noche, la victoria de Boca en básquet frente al Flamengo en Obras Sanitarias fue lo que prendió la mecha. La Avenida del Libertador se tiñó de azul y oro en un banderazo improvisado que se sintió como una provocación en pleno territorio rival
La respuesta de River no se hizo esperar. El domingo, el Más Monumental reventaba con 85 mil hinchas y un recibimiento que explotó cabezas. Hubo 50 toneladas de papel picado y un estadio que desapareció bajo una lluvia blanca. Todo era una fiesta espectacular, hasta que el folclore casi termina en desastre cuando una butaca de la Sívori Alta se prendió fuego, obligando a los bomberos a apagar un incendio que por suerte quedó solo en un susto.
Mientras tanto, el país se paralizaba. Desde Mónica Ayos festejando en redes hasta Fede Bal viéndolo en familia con camisetas divididas, nadie se quiso quedar afuera. En la cancha, el termómetro del hincha fue claro: ovación para Sebastián Driussi y un abrazo al alma para Trapito Barovero, en contraste con la lluvia de silbidos para Adam Bareiro (que se le rió en la cara a la tribuna) y para Leandro Paredes, el gran protagonista de la tarde.
Pizarras rotas y la hora de los pibes
Eduardo “Chacho” Coudet y Claudio “Sifón” Úbeda llegaron al clásico con un dolor de cabeza idéntico: ni Franco Armani ni Agustín Marchesín (recién operado de los cruzados) podían atajar. Era el momento de que Santiago Beltrán y Leandro Brey se hicieran gigantes en el arco.
Pero el destino tenía guardada otra carta pesada. A los 18 minutos, el Monumental enmudeció cuando Driussi picó y se rompió el isquiotibial. Afuera la carta de gol de River. Dos minutos después, Paredes sintió el mismo pinchazo. Pero acá cambió la historia, el 5 de Boca decidió quedarse. En una pierna, administrando el aire y jugando con la cabeza, Paredes se transformó en el dueño del partido.
El VAR, el penal y un Topo Gigio directo al corazón de Núñez
El primer tiempo era trabado, feo, de mucho roce y poco fútbol. La cancha no ayudaba y la pelota por el piso era complicada. Hasta que, a los 42 minutos, Paredes frotó la lámpara con un pelotazo frontal para Miguel Merentiel. La Bestia sacó el remate y Lautaro Rivero, en su afán de bloquear, metió la mano.
Darío Herrera dijo “siga, siga”, pero el VAR no perdonó. Después de unos minutos de pura taquicardia, el árbitro marcó el punto penal. Minuto 45+6. Leandro Paredes, rengueando, agarró la pelota. No le importaron los silbidos ni la presión. Cruzó el derechazo, engañó a Beltrán y firmó el 1-0.
Lo que vino después es póster. Paredes salió disparado al córner, se besó el escudo y, de cara a la tribuna repleta de River, clavó un Topo Gigio perfecto. Un homenaje a Román, un grito de rebeldía y una trompada anímica que River nunca pudo asimilar.
El “Sifonazo”: Cómo aguantar un clásico a puro oficio
River fue un equipo “livianito”. Tuvo la pelota, sí, pero nunca supo qué hacer con ella. Chocó una y otra vez contra una defensa grandísima liderada por Di Lollo y un mediocampo donde el Huevo Acuña terminaba a los empujones por pura impotencia. Atrás, Brey atajó con la tranquilidad de un veterano de 35 años, descolgando centros y congelando el partido. De hecho, las más claras del complemento fueron para Boca de contra, con Zeballos y Giménez exigiendo a fondo a Beltrán.
El final y la selfie de la conquista
Minuto 93. La jugada que va a aparecer en todos los programas de la semana. Pelotazo llovido al área de Boca, Lautaro Blanco carga por la espalda a Martínez Quarta y lo desestabiliza. Todo River se comió al árbitro pidiendo penal. Esta vez, el silencio del VAR fue ensordecedor. Herrera no compró, no la fue a revisar y el Monumental explotó de furia al grito de “Chiqui Tapia botón”.
Final. Mientras Coudet masticaba bronca (aunque después hizo una buena autocrítica sobre el flojo nivel de su equipo) y los jugadores de River le protestaban a la nada misma, en el círculo central se armaba la foto del año. Los once de Boca, los suplentes y el cuerpo técnico se juntaron, Paredes sacó el celular y sacó la selfie de la victoria en pleno campo enemigo. Un mensaje claro, subido al instante a las redes, sin texto más que un “CLUB ATLÉTICO BOCA JUNIORS” en mayúsculas.
La cumbia, Román y el invicto
Dentro del estadio, Riquelme esperaba uno por uno a sus jugadores para el abrazo sagrado. Adentro del vestuario, cumbia a todo volumen y una frase que ya es meme: “¿Qué pasa con los turros?”.
La semana soñada para Boca es total. El “Sifonazo” es tendencia en todo el país. Úbeda, ese técnico que “no estaba en los planes”, hizo historia ganando sus dos primeros Superclásicos, estiró el invicto a 13 partidos y mantuvo al equipo en lo más alto. Los hinchas deliran, llenan de elogios al español Ander Herrera por cómo entendió lo que es Boca, y ya se ilusionan con la Libertadores.
River, por su parte, se queda con un mar de dudas, sin su invicto, sin su mejor jugador por lesión y con la urgencia de rearmarse rápido.
El Superclásico volvió a dejar en claro que no es un partido por tres puntos. Es un estado de ánimo. Y hoy, ese estado de ánimo se pinta de azul y oro.
El fútbol argentino vuelve a detenerse ante el partido que paraliza al país. Este domingo, River y Boca se enfrentarán en una nueva edición del Superclásico, un duelo que excede cualquier contexto y se juega con una intensidad única; la historia pesa tanto como el presente.
En la previa, las voces de los protagonistas reflejan la magnitud del encuentro. Gonzalo Montiel dejó en claro la postura del equipo: “Trataremos de imponer nuestro estilo de juego y salir a ganar”. Además, remarcó el compromiso del grupo: “Cada uno tiene sus herramientas y nosotros vamos a dejar todo en la cancha”. El lateral también destacó el momento colectivo: “A los chicos los veo muy bien, con mucha confianza y los felicito por el presente”.
Del lado de Boca, Leandro Paredes se mostró confiado: “Venimos con mucha confianza, con una seguidilla de partidos muy buenos y una idea de juego clara”. Sin embargo, también marcó la ausencia del público visitante: “El hincha de Boca es un apoyo muy grande, los vamos a extrañar y ojalá le demos una alegría”.
Ambos coincidieron en el valor especial del partido. “Es uno de los más importantes que jugamos en nuestras carreras”, aseguró Paredes. Montiel, por su lado, lo describió desde lo emocional: “Mucha adrenalina tanto para mí como para todo jugador, no hay nada más lindo que jugar en nuestra cancha con nuestra gente”.
Más allá del presente, el defensor de River fue claro: “Hace siete partidos que no perdemos, pero el Superclásico es un partido aparte y no importa si jugás bien o mal”. Una frase que resume la lógica de un encuentro donde cualquier detalle puede definir la historia.
Paredes, por su parte, recordó su experiencia personal: “El Superclásico que más disfruté fue el último que jugué en la cancha de Boca”, y también mostró su madurez: “Ya no me importan las lesiones, me encuentran más maduro y solo quiero pensar en el Mundial”.
En la previa también estuvieron presentes los presidentes, Juan Román Riquelme, Claudio “Chiqui” Tapia y Stefano Di Carlo, junto al árbitro mundialista, Darío Herrera y juveniles como Dylan Gorosito y Santino Espíndola, de las respectivas reservas; y los jugadores de futsal, Francisco Taliercio y Lucas Leischner. “El superclásico es, en mi opinión, uno de los partidos más importantes”, concluyó el titular de AFA.
Estadio Don León Kolbowski, sábado 24 de mayo, Atlanta vs Gimnasia y Tiro de Salta disputan la fecha 16 del torneo de la Primera B Nacional. La gente inunda las calles, la marea azul y amarilla parece que baja del cielo y aterriza en territorio bohemio.
Un grupo de turistas estadounidenses entra por una puerta aparte. Los hinchas se saludan cual cena familiar con los de seguridad y, de fondo, la barra hace sonar la murga acompañada de estruendos.
La previa del partido se mezcla con la previa de los que aguardan un recital en Movistar Arena, pero el sol amarillo camufla todo. Ex futbolistas, dirigentes y personalidades son uno más entre tanta expectativa.
Mientras se aguarda para ingresar a la cancha, la progresión de gente avanza con pasión y pide volver a Primera. Adentro, la popular no afloja y se lee una bandera con la leyenda “Esta locura de amarte me impide ser normal”; desde la platea se contempla el espectáculo como un teatro; un nene con el conjunto completo y piluso se cae por la escalera; suena el silbato.
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El Club Atlético Atlanta no es un club chico más, es una institución que en sus 120 años de historia estuvo en quiebra, privatizado, cerrado, expropiado, sin cancha ni dirigentes, manejado por un síndico, gestionado por sus propios hinchas y al borde de desaparecer.
Tuvo que jugar tres partidos por semana durante 1992 con un plantel desmantelado para no descender a la cuarta categoría del fútbol argentino. Sus inferiores dejaron de existir; pasó de 20.000 socios a mil; su rol social se extinguió; y hace 40 años que no juega en la Primera División.
Esto no fue impedimento para ser uno de los 20 equipos argentinos con más partidos en Primera, ser el único campeón de la Copa Suecia en 1960, ser el primer equipo argentino en organizar una gira a Israel y ser el dueño de Villa Crespo.
Créditos: Club Atlético Atlanta
“Atlanta es un pueblo que tiene mucha resiliencia. ¡Tenés que ser hincha de un equipo que estuvo 40 años en el desierto! Solamente los que cruzaron el Mar Rojo con Moisés estuvieron 40 años en el desierto. Esperemos poder cruzar nuestro mar rojo y llegar hasta primera”, dice el activista social, Gustavo Vera.
Actualmente, el equipo en este momento se encuentra en el ecuador del campeonato en primera posición con tres puntos de diferencia del segundo y en la sede de la calle Humboldt 540 se respira una sensación eufórica que enorgullece la fortaleza de estos últimos 30 años.
“Ser hincha de un cuadro chico es más real, los logros se disfrutan mucho más y las tristezas son más profundas”, comparte el socio vitalicio y ex miembro de la Comisión Directiva, Ariel Kimelman y sigue: “Se consigue todo con más humildad y sacrificio, entonces lo disfrutás de otra manera. Espero que el gol que más grite sea este año”.
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El partido con el equipo salteño es muy luchado, pero Atlanta sabe de eso y lo recuerda en uno de sus trapos con el mensaje “Vamos a la lucha, vamos viejo Atlanta”. En cada tiro de esquina de Gimnasia, algunos hinchas bohemios desde la platea se acercan a la baranda para recordarle al jugador contrario sobre su madre o su hermana. De momento es un empate en cero cerrado y al promediar la mitad del primer tiempo empieza el canto unísono con la consigna “Vamo´, vamo´ los bohe´, hoy te vinimo´ a alentar, para ser campeón hoy hay que ganar”.
La popular que da con la Avenida Corrientes explota con cada ataque del local mientras que el ansiado repartidor de Coca Cola hace su aparición estrella sobre la platea que da a la calle Humboldt. “Gordo”, “sorete” y “deformado” son solo algunos de los adjetivos calificativos dedicados para la terna arbitral. El sol otoñal calcina las posibilidades de gol, pero la parcialidad bohemia se mantiene fiel y expectante. Termina la primera mitad y la canción para volver a Primera se hace notar.
Créditos: Club Atlético Atlanta
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Toda la vida fue un club socialmente fuerte hasta que fue decretada la quiebra un 25 de diciembre del año 1991. Una navidad que no trajo regalos, sino que vino con la clausura de sus instalaciones y la suspensión total de sus actividades. Atlanta tuvo que hacer de local en las canchas de Ferro, Platense y Deportivo Español. Recién para septiembre de 1994, el club logró levantarse de la quiebra pero su sede social fue vendida y estuvo a punto de descender a la C.
Durante esos tres años turbulentos, el equipo atravesó las situaciones más desoladoras a nivel futbolístico: tener que jugar los partidos con suplentes o juveniles, poder incorporar pocos refuerzos y hasta contar con una sola persona que sea tanto director técnico como jugador al mismo tiempo.
La institución se mantuvo en el Nacional B de manera agitada, pero lastimosamente volvió a bajar de categoría en 1999 debido a la inhibición de compras y problemas económicos. Corría el nuevo milenio y Atlanta realizó su peor campaña en todo el profesionalismo, hecho que casi lo hace descender de vuelta a la C en 2003.
El 28 de diciembre de 2006 se recuperó la sede social gracias a la insistencia de los socios. Durante 12 años el club estuvo en un sube y baja angustiante entre dos categorías para recalar definitivamente en el Nacional B desde el año 2019. En los años posteriores, el equipo mantuvo campañas regulares aunque solo en el 2020 fue la oportunidad más cercana de ascender. Sin embargo, el destino y sus adversidades se impusieron una vez más en el ascenso bohemio con la llegada del coronavirus.
“El evento más loco que llegamos a hacer fue alquilar la cancha para el programa Pasión de Sábado sin tener idea de cómo organizar algo así. Nos dimos cuenta con los recitales de Los Piojos y La Renga que estos eran negocios medios chinos porque no eran muy rentables ya que los estadios son costosos de mantener. Hubo que volver a hacer el club de cero”, comenta Kimelman al recordar sus inicios como miembro de la Comisión Directiva durante el período más álgido del club.
Ariel es un hincha a pulmón, es un tipo que el mismo día que se casó también fue al club a cerrar un convenio con Lanús. Cuando era de la dirección del club se fue a ver el clásico contra Chacarita en San Martín y se rompió los ligamentos porque los funebreros los fueron a cagar a trompadas.
Bohemio de ley, durante un partido de local contra Los Andes le paró el carro a un hincha visitante por dichos antisemitas y se enfrentó a escupitajos contra toda la hinchada.
Hoy en día, siempre se ubica en el mismo lugar en la cancha y con la misma gente. “En mi casa se respira Atlanta y siempre espero el día que juega porque el club ocupa una parte importante de mi vida. Cuando salís de la cancha, salís de otra manera porque los pequeños logros te van conquistando”, confiesa el hincha de 52 años oriundo de Vicente López.
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Explota el estadio con el inicio del segundo tiempo y la hinchada bohemia vuelve a pedir por el campeonato. El cambio de lado vino acompañado de posibilidades de gol concretas para el local, pero el grito sagrado se hacía esperar.
Villa Crespo no es el único barrio presente ya que hay banderas de Palermo, Villa Lugano y Villa del Parque. El desfile de referencias populares cuenta con Messi, Maradona, El Gauchito Gil, La Renga y Los Redondos.
En menos de cinco metros sobre la platea hay bebés recién nacidos, señores de 80, jóvenes, adultos y chicos de la infantiles; no obstante, el espectador más privilegiado es el tren San Martín cuando desfila a través del puente.
Cuatro minutos fueron parte de esa efímera pero larga espera cuando el referí marcó penal para Atlanta. Lucas Ambrogio convirtió el gol y la alegría bohemia fue total. En el transcurso del partido, el dominio al equipo salteño fue casi completo con su arquero cómo figura tanto fuera como dentro de la cancha ya que se insultó con algunos hinchas.
Un impacto en el travesaño casi al final de la contienda vino acompañado por la hinchada con un cántico hacia el cannabis. “Ya vas a ver, a Primera vamos a volver”, fue el mantra que sonó apenas finalizó el partido. Atlanta 1- Gimnasia y Tiro de Salta 0.
Créditos: Club Atlético Atlanta
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La relación de Atlanta con los penales es inherente a su historia porque el club cuenta con el peculiar hecho de convertir el penal más largo del mundo. Todo se remonta al 5 de abril de 2003 cuando el bohemio jugaba un partido de visitante frente a Cambaceres para no descender a la C.
El encuentro mantuvo un clima hostil motivado por los cantos antisemitas que obligaron a suspender en dos ocasiones momentáneamente el partido, hasta que faltando seis minutos para el final el árbitro pitó penal al equipo de Villa Crespo. Por si fuera poco, esto devino en la gota que rebalsó el vaso y la parcialidad local enfurecida invadió la cancha. No hubo más remedio que suspender el partido.
El tiro desde los 12 pasos recién se reanudó el 29 de abril del mismo año, osea 24 días después. Lucas Ferreiro fue el encargado de transformarlo en gol y terminar con el penal más largo de la historia. Una vez más Atlanta sorteaba con hidalguía las injusticias y los dolores.
“Estamos en un momento bueno, pero largo. Uno alienta desde siempre. Este es el mejor momento de la historia de los últimos años, si alentábamos antes que jugábamos con cualquiera, ahora hay que estar con más facilidad”, explica el hincha Gabriel Matzkin.
Él está vestido por una camiseta, jogging y piluso del club son el outfit del hombre que nació en 1984, último año que el club de sus amores jugó en Primera División. “No pasa todo por ascender, uno lo quiere y lo añora, pero son procesos y todo llega. Todos quieren ascender. Es difícil, siempre hay que tener fe”, comenta mientras sostiene una lata de cerveza en una de sus manos.
Matzkin es un hincha que estuvo en los peores momentos, hecho que hace que viva este momento con la mayor de las alegrías. “Si vos me vés a mí cómo vivo los partidos es muy fuerte. Para mí, cada partido es una final. Pase lo que pase, yo voy a seguir apoyando a estos jugadores y a este plantel, como lo dije en ESPN cuando me entrevistaron para la primera fecha”, aclara mientras se saluda fugazmente con su ídolo, Lucas Ferreiro. ¿Qué otro club tiene tanta intimidad entre los jugadores y su gente durante un partido otoñal de mitad de tabla del campeonato?
— Club Atlético Atlanta (@atlantaoficial) July 4, 2015
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El partido oficial terminó pero afuera se arma un picadito en la calle entre varios hinchas sobre la puerta del estadio. La importancia es casi la misma porque hasta una ambulancia frena para que una nena simule patear un penal como el que había convertido Ambrogio hacía una hora aproximadamente.
Uno de los hinchas le pide a un coche que va a doblar por la calle Padilla que intervenga en la jugada como si fuese capaz de hacerlo. La casa de la esquina reluce el escudo bohemio en su fachada mientras la multitud se descomprime con algarabía y se despiden en tono familiar con un anticipado “Nos vemos la próxima de local”.
Sobre la Avenida Corrientes algunos discuten el partido, otros se detienen a comer un choripan en alguna parrilla y algunos aprovechan la Plaza Dorrego para contemplar lo sucedido y bajar las revoluciones.
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Atlanta y el pueblo judío van de la mano en muchas cosas por su historia y realidad: el destierro, momentos trágicos que pusieron en peligro su existencia, su errancia, su adaptación a distintas coyunturas adversas sin perder su identidad y su fidelidad y unión por un mismo sentimiento pase lo que pase.
La colectividad en el club es muy fuerte porque Villa Crespo tiene mucha presencia judía y el 90% de los hinchas son de ahí. El bohemio ha tenido 12 dirigentes judíos en sus 120 años de historia siendo uno de los más destacados León Kolbowski (cuyo estadio lleva su nombre en su honor).
Por otro lado, el club cuenta con varias peñas en Israel y hasta el propio embajador Eyal Sela presenció un partido en agosto de 2024. Lamentablemente, la gran presencia judía en el club es el principal factor por el cual sus dos clásicos son muy violentos (Chacarita y All Boys) ya que dirigen todo su odio y antisemitismo al club bohemio.
El hincha no judío, sin embargo no reniega de eso, cosa que acrecenta el sentimiento familiar y de pertenencia. En una época solía responder a los cánticos antisemitas con el mote “El ruso, el ruso te la puso” cada vez que se anotaba un gol.
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“En una carta que me escribí con el Papa Francisco me puso que si Atlanta ganaba y ascendía prometía poner sus colores de fondo en una sinagoga en Villa Crespo”, comenta Vera que, además de ser fundador de La Alameda, es docente y ex legislador del Partido Justicialista de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
El señor nacido en Floresta, pero criado en Basavilbaso, Entre Ríos, porta una boina y una campera de corderoy marrón. “El Papa me rompía las bolas un montón de veces con Atlanta. Nosotros nos mandábamos cartas todas las semanas, estamos hablando de unas 500 cartas aproximadamente, de las cuales en 15 él hacía alusión a Atlanta. A veces, me gastaba”, agrega.
Asimismo, el activista cuenta, entre risas, que cuando lo operaron de un carcinoma en la espalda y le tuvieron que poner 31 puntos y él le dijo: “¿Por qué no le pasás alguno a Atlanta así no se va a la promoción”. Gustavo asegura que Bergoglio estaba bastante familiarizado con el club y tiene la certeza de que ahora los está ayudando desde el cielo.
Y, al respecto, suma una anécdota: “Cuando viajaron dos hinchas de Chacarita porque el club había ascendido a Primera para conocerlo, le dijeron: ‘Bergoglio, nosotros somos de Chacarita’ y él les contestó: ‘¿Qué culpa tengo?’; “Pero ascendimos a Primera”, continuaron y él respondió: ‘Y ahora que ascienda Atlanta’”.
Gustavo Vera junto al Papa Francisco.
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En la actualidad, el Club Atlético Atlanta entrena para jugar el clásico del domingo 29 de junio contra All Boys en la hostil cancha de Floresta. El encuentro va a disputarse a las 14:45 y se espera que sea un partido muy trabado. El bohemio necesita ganar para recuperar la punta y esperar que San Martín de Tucumán pierda o empate.
El presente se asemeja al pasado cuando Atlanta tuvo una situación similar con el equipo tucumano, pero la pandemia del 2020 truncó el sueño y dejó sin efecto esa buena campaña. Cinco años después, el equipo y la institución están fuertes. Quedan 14 partidos y una hipotética final o un torneo reducido, pero algo distinto se respira en las calles de Villa Crespo. Lo comentan los de la vieja guardia, los creyentes, los no tanto y los pibes que nunca lo vieron en Primera.
Créditos: Club Atlético Atlanta
El equipo gusta, se entrega y el club está ordenado. “Mi idea es poner muchos ladrillos en este club. Hacer obras, darle al socio lo que el socio merece. Y el fútbol es la fuente fundamental de ingresos”, dijo alguna vez Kolbowski.
La ilusión está intacta con algo que se puede llegar a dar, nadie lo quiere decir y todos lo sueñan. La cancha se llena todos los partidos y en un futuro se va a llenar cada vez más pase lo que pase porque tiene un acuerdo con el Movistar Arena para construir la otra platea.
La realidad del club -hoy comparada con hace 25 años- está muchísimo mejor. Se están haciendo las cosas bien, con gente preparada y honesta. Se cimentan las bases para poder lograr el ansiado ascenso. “No es el mismo el estado anímico que uno tiene ahora, que si estaría peleando el ascenso o no estaría jugando por nada. Ustedes entreguen la investigación y a fin de año nos volvemos a juntar. Esperemos que esta película termine con un final feliz”, finalizó Kimelman.