SOCIEDAD
¿Modernización o retroceso? El dilema de la Reforma Laboral 2026
La Dra. Eugenia Corbella analiza las zonas grises de una normativa que genera tanta expectativa como controversia
“Sin una cultura de cumplimiento, ninguna ley va a solucionar los problemas de fondo”. Con más de 17 años de trayectoria en los pasillos de los tribunales del fuero laboral, se ha consolidado como una voz de referencia ineludible en la defensa de los derechos de los trabajadores en Argentina.
En un contexto marcado por la implementación de la Reforma Laboral 2026, la cual ha introducido cambios drásticos en el período de prueba y las modalidades de contratación, la Dra. Eugenia Corbella, abogada laboral, analiza y advierte que esta reforma profundiza “la desprotección de la parte más débil de la relación laboral” y somete al mercado a un “estado de profunda incertidumbre jurídica que podría derivar en un aumento de la litigiosidad a largo plazo”.
-¿Está a favor o en contra de la nueva Reforma Laboral aprobada este año?
-No todo es blanco o negro en el derecho. Si me preguntás si era necesaria una modernización de las leyes laborales, la respuesta es un sí rotundo, pero definitivamente no de la forma en que se terminó gestando. Esta normativa es netamente regresiva en cuanto a los derechos del trabajador: observamos una merma significativa en la protección del empleado.
Si bien el argumento oficial es que se busca reducir costos operativos y flexibilizar las condiciones para fomentar el empleo, el resultado real es que el trabajador queda en una posición de absoluta vulnerabilidad frente al empleador, perdiendo garantías que costaron décadas conseguir.
-Se habla mucho de modernizar y de reformar. ¿Es solo una cuestión de palabras?
-No, hay una distinción de fondo. Si reformás la Ley laboral, el objetivo primordial debería ser modernizar para que se adapte a los tiempos actuales. La ley anterior fue diseñada bajo el paradigma de un trabajador que permanecía 30 años en un mismo lugar. Ese modelo hoy casi no existe.
El mercado cambia con una velocidad vertiginosa y la modernización es necesaria para contemplar nuevas realidades. Sin embargo, no debe confundirse modernidad con la quita directa de derechos básicos consagrados en nuestra Constitución Nacional.

-¿Cuáles son los cambios más importantes y puntuales que se aprobaron y que más le preocupan?
-Lo podemos dividir en dos ejes: lo cotidiano y lo judicial. En la cotidianidad, lo que más impacto genera es la modificación del período de prueba. Actualmente ya no existe la figura del preaviso obligatorio en este tramo; esto significa que te pueden despedir de un día para el otro sin obligación de abonar indemnización.
También es preocupante lo que sucede con la jornada parcial. Antes, si el empleado superaba las dos terceras partes de la jornada habitual, se le pagaba como jornada completa; hoy el pago es estrictamente proporcional, lo que implica una reducción de la remuneración real y un incentivo al subempleo.
-En cuanto a las vacaciones, la reforma prevé la posibilidad de fraccionarlas mediante acuerdo entre las partes. ¿Cómo afecta esto?
-Es un arma de doble filo. Puede favorecer a quien tiene mucha antigüedad para organizar mejor su descanso. Pero en los trabajadores nuevos, hay que tener cuidado. El empleador puede abusar otorgando días fragmentados que no cumplen con el objetivo biológico del descanso.
La ley dice que se puede negociar, pero el trabajador sigue siendo la parte débil. Ante un desacuerdo, el empleador tiene el poder de decisión y el trabajador suele ceder por miedo a perder su fuente de ingreso en un mercado inestable.
-El Gobierno sostiene que la ley anterior alimentaba la denominada “industria del juicio”. ¿Qué opina de este diagnóstico?
-Yo diría que es más bien una “industria del incumplimiento”. Si un empleador es cumplidor, registra al trabajador desde el primer día y paga lo que establece el convenio, no hay nada que el trabajador pueda reclamar con éxito.
El juicio suele aparecer porque el empleador no cumple con la ley básica. La informalidad en Argentina es producto de las crisis cíclicas, la alta presión fiscal y la falta de controles estatales que empujan al mercado hacia la informalidad o al uso abusivo del monotributo para ahorrar cargas sociales.
-¿Qué sucede con los casos de acoso laboral y accidentes de trabajo en este nuevo esquema?
-Son temas fundamentales. Ante una situación de acoso, el primer paso legal es plantearlo internamente ante Recursos Humanos para dejar constancia. El empleador tiene la obligación legal de preservar la salud de sus dependientes; si no actúa, el empleado puede darse por despedido e iniciar una demanda.
En cuanto a los accidentes, si la relación está registrada, interviene la ART. Pero si el trabajador está en negro, la situación es dramática: para reclamar asistencia tras un accidente, primero debe iniciar un litigio largo para demostrar que la relación laboral existía realmente.
-Muchos se preguntan qué ley rige hoy tras los fallos que suspendieron la reforma. ¿Estamos en un limbo legal?
-Exactamente. Estamos en una situación de extrema incertidumbre jurídica. Actualmente, la reforma está suspendida por un reclamo de la CGT y el caso terminará en la Corte Suprema. Mi consejo es la cautela extrema: no es recomendable tomar decisiones drásticas basándose únicamente en la nueva ley, porque no sabemos si la Corte la validará o la declarará inconstitucional. Personalmente, creo que la Corte terminará diciendo que la reforma rige, pero hasta que eso ocurra, la litigiosidad seguirá siendo enorme debido a este incumplimiento crónico.
-¿Cree que el conflicto laboral en Argentina es un problema de leyes o de cultura?
-Hay mucho trasfondo detrás de la ley. En el primer mundo existe una cultura de respeto a la norma que aquí nos falta desarrollar. El argentino, por las crisis constantes, a veces busca la “ventaja” para sobrevivir y eso incluye incumplir la ley laboral.
Compararnos con sociedades donde se respeta la fila o la limpieza es difícil si no entendemos que nuestro problema es estructural, educativo y, en última instancia, humano. Sin una cultura de cumplimiento, ninguna ley va a solucionar los problemas de fondo.
*Estudiante de la carrera de Periodismo y Producción de contenidos a distancia.
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